Escuchar y no callar

Burocracia

Miguel de la Guardia escribe en demanda de «una gestión ágil y rápida de los asuntos públicos», frente al «impedimento para el acceso a los servicios y prestaciones de los ciudadanos» y el «freno al crecimiento econòmico» que considera que representa el actual exceso burocrático.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

La burocracia no es solo un impedimento para el acceso a los servicios y prestaciones de los ciudadanos y un freno al crecimiento económico. Estoy convencido de que la burocracia tiene principalmente dos efectos maléficos que contribuyen al sometimiento de los ciudadanos al poder político, puesto que sirve como pretexto para alimentar una casta parásita al servicio de quienes los nombraron y actúa como control omnipresente de la vida cotidiana. Ya sé que algún lector, profundamente ideologizado y polarizado, estará pensando que me alineo con el ultraliberalismo que propugna la eliminación de la intervención del Estado, pero se equivocan. Lo que sugiero es la remodelación del Estado para convertirlo en lo que debe ser: un sistema de prestación de servicios y una estructura que permita la distribución justa de las cargas y beneficios sociales. Para eso es imprescindible reducir al mínimo los gastos corrientes de la administración y eliminar la burocracia.

Necesitamos buenos gestores de los asuntos públicos y su tarea debe ser retribuida con proporcionalidad, pero también debe tener asociadas unas responsabilidades políticas y personales que eviten los abusos de poder y la corrupción. Lo contrario, una amplia élite política plagada de privilegios, aforada y exenta de responsabilidades y una numerosa legión de funcionarios sin vocación de servicio público, es lo que deteriora las instituciones y les aleja de los ciudadanos, contribuyendo a incrementar los votos de las formaciones antisistema de cualquier tendencia.

Si en la actualidad lamentamos el creciente descrédito de las instituciones europeas, ello se debe a la acumulación de privilegios de eurodiputados y eurofuncionarios y al abuso de la burocracia europea, que ha incorporado lo peor de cada uno de los países integrantes en lo que concierne a la complicación de procesos y reglamentaciones. No se trata de desregularizar ni de tolerar abusos, sino de simplificar los procesos  y poner a los ciudadanos en el centro de las decisiones, y no a los representantes y funcionarios.

La burocracia se convierte fácilmente en un sistema dictatorial que siempre exige del usuario informaciones y difícilmente le proporciona soluciones o respuestas. Además, las actividades burocráticas consumen una gran cantidad de tiempo y energía de los administrados, a los que, en ocasiones, se les hace entrar en bucles entre negociados o administraciones distintas. De ahí que algunos políticos oportunistas hayan encontrado en la burocracia el aliado ideal para disuadir a los ciudadanos de solicitar lo que les corresponde y dejar sin ejecutar parte del presupuesto prometido y sirvan como ejemplos de lo anterior las ayudas de las administraciones a los afectados por tragedias como el volcán de La Palma o la DANA de Valencia; en especial en lo que concierne a los trabajadores autónomos que perdieron sus negocios y a los que se sigue exigiendo sus cotizaciones por parte del ministerio de Hacienda, sediento de recaudar entre las clases medias y bajas, aunque hayan desaparecido los medios para realizar su trabajo.

Frente a la burocracia propongo una gestión ágil y rápida de los asuntos públicos y, en el caso de incumplimientos dolosos de las promesas de los gestores públicos, mecanismos para desenmascarar la mala fe de sus mensajes y sanciones a la administración desleal, que parece ser un concepto que se aplica a las empresas privadas pero del que nada se dice respecto de la gestión pública. En este sentido, ceo que ni el aforamiento ni el abuso de los servicios de la Abogacía del Estado deben contribuir a proteger a funcionarios y administradores corruptos y, al contrario, los representantes públicos deben responder con su propio patrimonio ante una administración negligente que dañe la correcta administración de los fondos públicos.


Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.


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2 comments on “Burocracia

  1. José Miguel

    Siempre que se habla de burocracia me viene a la mente la genial obra de Franz Kafka, el proceso. Me interesa el tema y por este motivo hace poco leí Los burócratas: una teoría crítica de Robert Merton. Es un enfoque sociológico que revisa los efectos reales de la burocracia en las organizaciones.
    Muchas gracias Miguel.

  2. Miguel de la Guardia

    Gracias por leerme, por tu comentario y la recomendación

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