/ una reseña de Luis López /
En Cuervo está la naturaleza que Ted Hughes (1930-1998) amó siempre, como está el sustrato lingüístico de su Yorkshire natal, el arsenal erudito que le ofrecían sus estudios de antropología y ciertas formas de abordar el poema que provienen de su interés por la poesía primitiva.
Esto es, aquello que entrevió de niño al salir al alba de caza por los páramos con su hermano, y que ya adulto corroboró en la lectura de La diosa blanca (1948), de Robert Graves; Heroic poetry (1952) y Poesía y canto primitivo (1962), de Maurice Bowra; y —especialmente en el caso que nos ocupa— El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis (1951), de Mircea Eliade, y The trickster: a study in American Indian mythology (1956, pero primera edición, en alemán, de 1954), colaboración de Paul Radin, Karl Kerényi y Carl Gustav Jung que prestó a Ted Hughes un soporte teórico fundamental para abordar la escritura del ciclo mitopoético de Cuervo.
Intuiciones e intereses que en esos mismos años desarrollaban paralelamente Paul Zumthor en sus estudios sobre poesía oral y medieval, y poetas como Seamus Heaney (de quien Ted Hughes fue amigo) o Basil Bunting en sus indagaciones sobre los aspectos más idiosincráticamente fonéticos del idioma inglés.
Esto es, la revelación de que la naturaleza salvaje es un estado fronterizo donde nuestra realidad cotidiana puede atisbar, o tropezar, con lo numinoso; la convicción de que la poesía puede confirmar, utilizada de un cierto modo, esa experiencia —estoy tentado a decir que primigenia—; de que puede ofrecer una profundidad y una trascendencia (es decir, una verdad) a la que la literatura de su época parecía haber renunciado en aras de una enunciación anodinamente cotidiana.
Examination at the Womb-Door
Who owns those scrawny little feet? Death.
Who owns this bristly scorched-looking face? Death.
Who owns these still-working lungs? Death.
Who owns this utility coat of muscles? Death.
Who owns these unspeakable guts? Death.
Who owns these questionable brains? Death.
All this messy blood? Death.
These minimum-efficiency eyes? Death.
This wicked little tongue? Death.
This occasional wakefulness? Death.
Given, stolen, or held pending trial?
Held.
Who owns the whole rainy, stony earth? Death.
Who owns all of space? Death.
Who is stronger than hope? Death.
Who is stronger than the will? Death.
Stronger than love? Death.
Stronger than life? Death.
But who is stronger than Death?
Me, evidently.
Pass, Crow.
Interrogatorio a la puerta del útero
¿Quién posee estas patas pequeñas y esqueléticas? La muerte.
¿Quién posee esta cara hirsuta y chamuscada? La muerte.
¿Quién posee estos pulmones aún operativos? La muerte.
¿Quién posee esta pelliza de músculos utilitaria? La muerte.
¿Quién posee estas entrañas indescriptibles? La muerte.
¿Quién posee este cerebro cuestionable? La muerte.
¿Esta sangre pringosa? La muerte.
¿Estos ojos de bajo rendimiento? La muerte.
¿Esta pequeña lengua retorcida? La muerte.
¿Este desvelo ocasional? La muerte.
¿Dado, robado o retenido a la espera de juicio?
Retenido.
¿Quién posee la extensión lluviosa y pedregosa de la tierra? La muerte.
¿Quién posee todo el espacio? La muerte.
¿Quién es más fuerte que la esperanza? La muerte.
¿Quién es más fuerte que la voluntad? La muerte.
¿Más fuerte que el amor? La muerte.
¿Más fuerte que la vida? La muerte.
Pero ¿quién es más fuerte que la muerte?
Yo, por supuesto.
Pasa, Cuervo.
El responsable de traer al español la agreste y remota poesía de Ted Hughes con tanta fidelidad es Jordi Doce (Gijón, 1967), no siendo esta, por cierto, la primera vez que se enfrenta a Cuervo. Ya en 1999, para la editorial Hiperión, había traducido la edición inicial, sin los poemas en su momento rechazados por el autor e incorporados en 2003 a su poesía reunida.
Jordi Doce, además de traductor y excelente poeta, ha dedicado mucho tiempo al estudio de la poesía española (Valente, Ullán) e inglesa (los románticos, Eliot, Heaney, Hughes —obviamente—) y las conexiones entre ambas, de lo que ha resultado un libro notabilísimo, Imán y desafío: presencia del romanticismo inglés en la poesía española contemporánea (Península, 2005). Un largo bagaje que sin duda se aprecia no sólo en la calidad de su versión castellana de Hughes, sino en el muy interesante y documentado estudio introductorio y en las notas que acompañan esta edición del ciclo completo de Cuervo.
Robin Song
I am the hunted King
Of the Frost and big icicles
And the bogey cold
With its wind boots.
I am the uncrowned
Of the rainworld
Hunted by lightning and thunder
And rivers.
I am the lost child
Of the wind
Who goes through me looking for something else
Eho can’t recognize me though I cry.
I am the maker
Of the world
That rolls to crush
And silence my knowledge.
Canción del petirrojo
Soy el rey perseguido
de la escarcha y los grandes carámbanos
y el fantoche del frío
con sus botas de invierno.
Soy el rey sin corona
del mundo de la lluvia
perseguido por rayos y truenos
y por los ríos.
Soy el niño perdido
del viento
que me atraviesa buscando algo más
que no me reconoce aunque llore.
Soy el hacedor
del mundo
que rueda hasta aplastar
y silenciar mi ciencia.
El poeta Hughes, en palabras de Jordi Doce, «nació armado de los pies a la cabeza, con un estilo propio, inconfundible, que hundía sus raíces en la tradición aliterativa de la Edad Media y en las vetas más germánicas de la lengua inglesa». Desde El azor en la lluvia, su primer libro de 1957. Una fuerza a la que el lector castellanohablante puede ahora enfrentarse gracias a la ardua tarea del traductor y a la cuidada y pulcra (visualmente acertadísima, la portada) edición que nos ofrece Kriller71.

Ted Hughes
Kriller72, 2025
400 páginas
23,50 €
Luis López Suárez nació en Oviedo (1966). Entre sus intereses preferentes están la historia del arte, la música y el cine. Es autor de los poemarios No todo fue mentira (Madrid, 2008), Con paso incierto (2017) y Oficio de difuntos (2024) y la plaquette Ocho sonetos fúnebres (2020).
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