Escuchar y no callar

Puntualidad

Un artículo de Miguel de la Guardia sobre esa «cortesía de los príncipes» que es llegar en hora a los sitios.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Decía mi padre que la puntualidad era la cortesía de los príncipes y yo diría más. La puntualidad no solo es una cuestión de cortesía y consideración hacia los otros: es algo que afecta a la organización del trabajo de todas las personas involucradas en una cita y sería inteligente, por respeto a los demás y a uno mismo, ser puntual.

Todos tratamos de organizar nuestro día de la forma más productiva y en eso la responsabilidad de nuestros actos solo nos incumbe a nosotros mismos. Los problemas surgen cuando tenemos que contar con otras personas y, para ello, son necesarias reuniones y citas.

Tanto en mi vida familiar como profesional siempre trato de ser puntual y, para ello, lo más importante es tener en cuenta la duración de los desplazamientos, incluido el tiempo necesario para encontrar un parking si el desplazamiento se hace con el propio coche.

Ser puntual es también no consumir un exceso de tiempo en actividades profesionales que pueden resolverse, siempre, en cuestión de minutos o, a lo máximo, en un par de horas. En la puntualidad, desde mi perspectiva, se incluye también el final de una actividad. Mal podemos organizar nuestro día y peor le irá a la agenda de nuestros amigos y colaboradores si acumulamos retrasos en nuestras actividades diarias y, aquí, la cuestión es estimar correctamente el tiempo que puede durar la resolución de un problema o cualquier entrevista.

Espero no estar trasmitiendo al lector la impresión de la vida concebida como una loca y acelerada carrera en la que todo segundo cuenta, aunque sí: todo momento cuenta para tener una vida plena, y en esto no solo incluyo las actividades profesionales, puesto que cuando hablo de productividad no hablo de dinero, sino de tiempo disfrutado, y también en este caso la puntualidad es necesaria.

Si a nivel personal la puntualidad es una cuestión de cortesía y de mutuo interés, en el caso de la administración y los organismos públicos y privados debería ser una exigencia institucional para con los ciudadanos que, no lo olvidemos, son quienes pagan los servicios con sus impuestos. Mucho se ha escrito sobre la calidad de la sanidad pública en España y no hay duda de que, a pesar de la pésima gestión de los últimos años, continúa siendo uno de los mejores elementos del Estado del bienestar en España. A pesar de eso, la puntualidad, que no la calidad asistencial, es el talón de Aquiles de nuestra sanidad pública; puesto que una mala gestión administrativa de los servicios y la sobrecarga de tareas administrativas a los facultativos es lo que provoca que la visita médica suponga en muchos casos una lamentable pérdida de tiempo. Esto, unido a las listas de espera, evidencia que estamos frente a un problema presupuestario, de falta de médicos, pero también a una deficiente programación que en tiempos del auge de la inteligencia artificial no tiene ninguna justificación. Lo peor es que la falta de puntualidad también se está contagiando a las compañías privadas, debido al incremento de pólizas, que no ha ido acompañado de un aumento de plantillas y racionalización de las mismas. En cualquier caso, sirva de disculpa para la impuntualidad de la asistencia médica el hecho de que la Medicina trabaja con un gran número de variables y todos estaremos de acuerdo en la dificultad de estimar la duración de un acto médico con precisión puesto que depende del paciente y también de la dolencia de que se trate. En cualquier caso, los retrasos podrían minimizarse intentando dejar un tiempo razonable de respiro para los facultativos entre visita y visita que pudieran amortiguar los posibles retrasos.

En cuanto a las gestiones administrativas, la falta de puntualidad de compañías privadas y de las administraciones no tienen ninguna justificación y hay que achacarlas a falta de organización o de profesionalidad.

En resumen, respetemos el tiempo de los otros y el nuestro propio, evitando que la impuntualidad dé al traste con nuestro día.

Y no dejen que les convenzan de que la puntualidad está sobrevalorada en el transporte público, puesto que esa es una prueba de que nuestros servicios son capaces de superar los daños de la corrupción y la incompetencia de algunos de sus gestores.


Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.


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1 comment on “Puntualidad

  1. Miguel, como tú soy un forofo de la puntualidad como comportamiento personal. Algo que es una virtud no debidamente valorada.
    Pero cada vez aprecio más las salas de espera, si estás cómodamente sentado, tienes un buen libro, y los que te rodean son silenciosos y no utilizan el móvil.
    Son lugares donde el tiempo se detiene. Aprender a estar en paz en una sala de espera es una práctica que recomiendo.
    Saludos

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