/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Podríamos hablar de habilidades o de capacidades, pero prefiero emplear el término dones para referirme a lo que sabemos hacer de forma sencilla en lugar de trasmitir la idea de que esa aparente facilidad que algunos tienen para resolver situaciones complejas es fruto de un severo entrenamiento y una profunda formación.
Me maravilla siempre la habilidad para el dibujo de muchos artistas, su capacidad para entender lo que ven, dotarlo de perspectiva y congelarlo en sus cuadernos de viaje, o la capacidad compositora de muchos músicos para poner orden en los sonidos que asaltan su imaginación, de la misma manera que envidio la sinceridad con que muchos de mis amigos creen en Dios o se comprometen con una u otra religión, haciendo fácil lo que de ninguna manera lo es.
Confieso al lector que yo no poseo ninguno de los dones anteriores, y si bien es cierto, como dice mi buen amigo Luis Franco, que pueden adquirirse o al menos entrenarse, el resultado nunca es el mismo.
Reconocer los dones naturales en los demás ayuda a identificar el genio, pero aún más importante es identificar en nosotros mismos ese tipo de habilidades innatas que surgen de forma espontánea, pues, desde mi punto de vista, esas son las tareas para las que estamos mejor predispuestos y de las que podemos obtener mayores beneficios con relativamente poco esfuerzo. La elección de una profesión acorde con los dones es la mejor garantía de que se ejercerá de forma apropiada y fácilmente permitirá obtener buenos resultados.
Nadie está exento de dones, y aunque un buen nivel de educación y de estudios puede ser de gran importancia para poner en valor las habilidades innatas, no debe creerse que por no haber tenido oportunidades de desarrollo alguien carece por completo de dones innatos. Que nadie se desanime ni infravalore su autoestima. El reto es conocerse a sí mismo y poner sus dones a trabajar en la dirección apropiada, sin descanso, pero también sin desánimo. En un mundo cada vez más competitivo es preciso encontrar el lugar adecuado para contribuir al desarrollo de la sociedad. No me canso de repetir a mis estudiantes que si haces lo que te gusta y para lo que estás dotado, seguro que lo harás bien y alguien pagará por tu esfuerzo.
Es difícil conocer las propias habilidades, puesto que eso implica un esfuerzo de introspección a veces doloroso, y también es difícil reconocer los dones en las otras personas, admitir que están mejor dotadas que nosotros y apoyarles en su cometido. Aquí no es solo cuestión de inteligencia para percibir la realidad: también lo es de generosidad.
Amo el arte y he empleado muchas horas de mi tiempo en disfrutar de exposiciones, museos y estudios de artista, pero debo admitir que mi don es apreciar la belleza que los artistas son capaces de crear, no la de hacer buenos dibujos, cuadros o esculturas. Lo mismo me ocurre con la literatura, puesto que mi don es el de lector y no el de autor.
Al margen de las artes, dones como las habilidades comerciales, las de comunicación y las teóricas, son importantes para encontrar el lugar propio en la sociedad y el secreto de la felicidad de cada uno es encontrar aquellas para las que está más dotado.
Dicen que el escritor Ramón Gómez de la Serna, cuando acabó sus estudios de derecho en Madrid, recibió una proposición para entrar en un bufete de abogados, a lo que contestó diciendo que lo que necesitaba era «balconeo, mucho balconeo, locura de miradas». No le faltaba inteligencia y desparpajo al personaje para hacer una buena carrera en los tribunales, pero prefirió dedicarse al balconeo y nos dejó una obra llena de miradas sobre la vida y las personas, muchas veces condensada en esas joyas literarias que son sus greguerías. Ya ven, nadie está exento de dones y lo importante es ser consciente de ellos, hacer lo que se sabe y hacerlo bien, que los resultados apoyarán el esfuerzo.

Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.
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