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Informe de ninguna parte

Santiago Sanz reseña 'Informe de ninguna parte', de Clive Wilmer, en edición y traducción de Misael Ruiz Albarracín: una antología que abre la puerta del taller y convierte el diálogo entre poeta y traductor en un ejercicio de amor y contención lírica.

/ una reseña de Santiago Sanz /

Un libro como este es una verdadera rareza. Una rareza que hay que celebrar. Tejido en torno a una serie de poemas de Clive Wilmer, es algo más que una antología poética, pues en su transcurso va desvelando un diálogo intimista, hondo, sobre el quehacer poético y sus entresijos, pero también sobre la traducción de poesía como labor autónoma y, sin duda, creativa. Los poemas de Wilmer, recientemente fallecido, y la traducción de Misael Ruiz Albarracín, podrían hablar por sí solos —y de hecho lo hacen—, sin necesidad de glosa alguna. Pero hay algo de lujoso en este libro que no tiene que ver tanto con la necesidad como con el placer o la curiosidad. Poeta y traductor nos regalan su juego entre bambalinas, sostenido a lo largo de varios años, con los poemas y su traducción como cañamazo. Nos abren la puerta del taller. Lo más habitual en un libro de poesía es el producto acabado. Aquí tenemos, junto al fruto, el disfrute de su génesis, de su cultivo, de su llegar a ser.

Es, pues, un libro de amor, no ya solo por el que se adivina, abundante y soterrado al tiempo, en la poesía de Clive Wilmer, sino también por el que destila, discretamente, un trabajo que convoca a todas las potencias del alma. Porque a lo largo de estas páginas, poeta y traductor se fajan en un encuentro en el que apenas nada se desdeña y todo converge en el poema: el peso —tornado ingravidez— de la tradición, la elección del metro, los matices sutilísimos de tal o cual palabra, la distinción primordial entre lo que es personal y lo que no lo es y su indistinción —simultaneidad— dentro del poema, la tensión entre emoción y cultura, resuelta en ocasiones con un ejercicio artesanal de la poesía similar al que Balthus reclamaba para la pintura…

Como bien se ocupa de recordar Ruiz Albarracín en su esclarecedor prólogo, pensado y sentido a la vez, la poesía de Wilmer trata, con modesta firmeza, de preservar algo que amar —que amarrar— en medio de las ruinas. Si el amor no fuera la fuerza primordial subyacente en estos poemas, la emoción resultante de su lectura no sería la misma. Hay aquí poemas que duelen. Por no hablar de las cosas que el propio Wilmer, respondiendo a la invitación de Misael Ruiz Albarracín, dice sobre sus poemas. La mayor parte son una delicia; una delicia triste, porque evidencian una delicadeza y una ternura para con la propia obra que se dirían de un tiempo ya extinto. Uno no puede sino lamentar que en la antología no figure el poema «Estigmas», del que Wilmer dice unas cosas tan hermosas.

Hay dos conceptos en este libro que merecen especial atención. Ambos surgen como al desgaire, sin pretensión alguna. El primero, mencionado casi como de pasada por Misael Ruiz en el prólogo, es el de «contención lírica». Los mejores poemas de esta antología están escritos bajo el signo de esa contención, presente no solo en la traducción sino en la más que estimable obra poética de Misael Ruiz Albarracín. El segundo concepto —la distinción entre «tipo sanguíneo» y «tipo verbal» para referirse a los poetas— no es de Wilmer, pero recurre a él en la parte final del libro («Fragmentos de una conversación») para declararse hermano de sangre de poetas como Dante, George Herbert o William Wordsworth. Se podría escribir una historia del arte o de la poesía atendiendo a esa doble filiación, la de la sangre y la de la palabra. Ocurre que a veces la sangre no deja hablar. Robert Frost decía que un poema empieza con un nudo en la garganta. Si la poesía fuera el desenlace de ese nudo, el arte de deshacerlo sin cortarlo, habría que decir entonces que la de Clive Wilmer se tensa, al intentarlo, entre la frialdad y la emoción.

El traductor y editor de esta antología sigue paso a paso a Wilmer en su ceñida traducción, de cuya excelencia da testimonio el propio Wilmer. La fidelidad al original es aún más admirable en poemas tan exigentes como «In Memoriam de Graham Davies», pero a estas alturas se hace evidente que poeta y traductor han alcanzado un «acuerdo en la locura» sin el cual este libro no existiría.

Mención aparte merece, por último, la mise en page elegida. La forma en que se ofrecen a la vista poema, traducción y comentario remite a un concepto de libro que evoca los largos y no tan oscuros siglos de la Edad Media, cuando en las páginas manuscritas de los códices los textos se abrazaban o repelían, enroscados unos en otros como la serpiente en torno al árbol de la Ciencia o los seres fantásticos de los bestiarios… o, también, por qué no, como esos amantes lúbricos tan a menudo relegados a la riqueza de los márgenes.


Informe de ninguna parte
Clive Wilmer
Animal Sospechoso, 2026
135 páginas
19 €


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