La sima
Ramón Espinar escribe sobre «las dos ciudades de China Miéville pero habitadas por la misma persona, escindida entre una lógica y otra. Buena gente que ayuda a su vecina a subir la compra a casa, el chaval que se mata por cubrirte la espalda en el partidito de fútbol 7 cuando has esprintado en ataque, el enfermero del centro de salud o la del kiosko que te guarda los cromos para la peque, abren su cuenta anonimizada en cualquier red social y se desatan, comportándose de forma antagónica a como lo hacen en su día a día material, tangible».




