06 Crítica

Émile Zola

Los cuatro cuentos de la antología comparten una misma filiación temática en torno al amor pasional, y es a través de la exploración de los matices y situaciones a las que dan lugar estas tramas de índole amorosa como Zola nos muestra tanto su inmensa y aguda capacidad de observación del mundo en que vive, como su dominio de las técnicas narrativas sea cual sea la situación inicial planteada en la historia

La pasión de un naturalista

portada
Émile Zola, Por una noche de amor (y otras historias) / Traducción y postfacio de Gonzalo Gómez Montoro y Rubén Pujante Corbalán / Funambulista, 2016 / 264 pp., 16.00€

Es probable que, cuando a muchos nos pregunten por Émile Zola, únicamente podamos aportar su condición de fundador del naturalismo y su prolija producción novelística, la mayor parte de ella en torno a ese hipotético linaje de los Rougon-Macquart que sintetiza la vida en la Francia del Segundo Imperio. Lo que muchos desconocíamos es que Zola cultivó también la narrativa breve al mismo nivel de maestría que sus novelas. Los editores y traductores de este libro, Gonzalo Gómez Montoro y Rubén Pujante Corbalán, han sabido verlo y nos presentan en una edición tan amena como rigurosa un conjunto de cuentos o novelas breves del autor francés. Los criterios de selección de estas obras no son arbitrarios, sino que tienen en cuenta el elemento común de haber sido escritos todas ellas para la revista rusa El mensajero de Europa, con la que Zola colaboró entre 1875 y 1880, y que presentan unos elementos literarios comunes al estar dirigidas al lector ruso; de ahí el objetivo de mostrar de la manera más detallada y didáctica posible los personajes y escenarios que caracterizaban a la sociedad francesa del momento. Además, y según afirman los editores en el postfacio, «el estilo de los relatos de Zola también experimentaría una manifiesta evolución desde 1875, marcando una distancia cualitativa con respecto a los cuentos anteriores», e impregnándose del estilo naturalista propugnado por el autor (p. 235).

Los cuatro cuentos de la antología comparten, además, una misma filiación temática en torno al amor pasional, y es a través de la exploración de los matices y situaciones a las que dan lugar estas tramas de índole amorosa como Zola nos muestra tanto su inmensa y aguda capacidad de observación del mundo en que vive, como su dominio de las técnicas narrativas sea cual sea la situación inicial planteada en la historia: desde el amor entre clases sociales hasta las sutilidades de la vida conyugal, pasando por la iniciación amorosa de un joven de provincias en la capital y el drama sentimental al más puro estilo romántico.

Naïs Micoulin, nombre de la protagonista del cuento, nos narra la pasión veraniega entre Frédéric Rostand, señorito de Aix en Provence, y la hija del aparcero de la familia, con el agreste escenario de L’Estaque y sus acantilados de fondo. Lo ardoroso de la época estival y el paisaje indómito personifican a la manera romántica la tensión y virulencia tanto del amor entre Naïs y Frédéric, como de la animadversión de Micoulin, patriarca déspota y autoritario, al descubrirlos. La tensión provocada por la imposibilidad de que los amantes solventen felizmente el romance, así como por los instintos homicidas de Micoulin, cuyas intenciones de acabar con Frédéric son magistralmente transmitidas por Zola a través de detalles anticipatorios y alusiones veladas, se dosifica sabiamente a lo largo de la trama. Admirable es también el esbozo que Zola realiza de la protagonista, impetuosa y visceral, cuyo odio por su padre parece retroalimentar su amor por Frédéric, y cómo la intensidad de sus sentimientos la hacen muy superior a su taimado amante que, haciendo gala de la hipocresía propia de su clase, pronto pierde interés por la exótica joven, a la que considera un mero entretenimiento veraniego. Como se prevé desde el principio, la historia de amor está condenada al fracaso y, siguiendo los principios naturalistas del dominio de las circunstancias socioeconómicas, no son los sentimientos más puros los que triunfan, sino el cinismo y el inmovilismo social, expresados magníficamente por Frédéric al enterarse de la boda de Naïs con el jorobado Toine, tiempo después de haberla abandonado, y de calificar a la muchacha como un «bocado exquisito».

La señora Neigeon, cuento de la antología que llevaba más tiempo sin ser traducido, sigue la estructura de la Bildungsroman en primera persona para narrar las andanzas de Georges de Vaugelade, joven normando de la nobleza que se traslada a París, donde muy pronto comprobará cómo la pasión y los intereses políticos van de la mano en la alta sociedad. Desde un punto de vista autodidacta que no excluye el humor, Georges nos transmite sus escarceos amorosos con Louise Neigeon, esposa de un destacado ministro, a quien cree estar conquistando, a la vez que muestra su sorpresa por la aparente liberalidad de las parisinas, que parecen tener por costumbre el intercambio de favores políticos por escarceos amorosos. Sin embargo, no todo concluye como esperaba el joven Vaugelade y, si bien obtiene éxito en el plano político, la señora Neigeon le dará una lección en lo referente a la ligereza de cascos que se achaca a las damas de la capital. Zola desarrolla la trama como medio, asimismo, de mostrarnos los ambientes de la nobleza parisina, mostrándonos una vez más su agudeza en captar aquellos detalles que definen los ambientes y situaciones que tan vívidamente sabe situar ante nuestros ojos.

Por una noche de amor, título que da nombre a la antología, parte de una supuesta influencia de las Memorias de Casanova y de la estética heredada del romanticismo, para narrar el amor puro e idealizado que el poco agraciado Julien siente por Thérèse Marsanne, misteriosa dama que habita en un palacio cercano, y a quien Julien dedica largas serenatas de flauta con la esperanza de que ella las oiga. Sin embargo, Thérèse no resulta ser la joven angelical que parecía sino que, al más puro estilo femme fatale, utiliza a Julien para que le ayude a deshacerse del cadáver de su amante Colombel, ser mezquino y que hace objeto al protagonista de continuas vejaciones. Dentro de los cánones románticos puede inscribirse el desgraciado final de Julien, que no puede soportar la culpa de ser cómplice del homicidio, así como el ambiente lúgubre y nocturno de los interiores del palacio en el que se desarrollan los pasajes principales y la atmósfera trágica. Además, Zola intercala intensos momentos de violencia y erotismo, tanto en las escenas de la acción presente como en el extenso flashback de la historia de la turbia relación entre Thérèse y Colombel, haciendo que amor y muerte vayan, como en tantas otras ocasiones, de la mano. A pesar de su naturaleza diabólica, Thérèse triunfa y celebra su matrimonio sin que nadie pueda atisbar su oscuro pasado ni su verdadera esencia, en un nuevo triunfo de las circunstancias socioeconómicas privilegiadas sobre la moral o los sentimientos amorosos.

Sin embargo, es La señora Sourdis, el último de los relatos de esta antología, el ejemplo más claro, en mi opinión, del talento narrativo de Zola. En él, las disquisiciones artísticas y los entresijos de la vida matrimonial se dan la mano magistralmente para mostrarnos la peculiar pareja formada por Ferdinand Sourdis, joven promesa de la pintura, y Adèle Morand, modesta acuarelista que, tras lograr el matrimonio con Sourdis a cambio de su soporte económico para trasladarse a París, demuestra una fortaleza moral y personal muy superior a su disoluto marido, cuyo talento se desvanece entre su inconstancia y los excesos de la vida bohemia. Usando los estilos pictóricos de ambos como eficaz medio para representar los sutiles matices de caracteres, y cómo la solvencia técnica y el espíritu práctico y tenaz de Madame Sourdis se acaban imponiendo, en el lienzo y en la vida real, sobre los fogonazos de genialidad de su marido, cada vez más escasos. La agudeza que demuestra Zola para captar hasta los más nimios matices de la relación de pareja, sustentada en la ambición artística y los intereses económicos, así como para reflejar el contraste entre la vida de artistas y burgueses en el tranquilo pueblo de Mercoeur frente a la vorágine parisina es absoluta; no sobra ni falta una palabra en esta maravillosa composición, que tiene además como trasfondo el apoyo del autor a la nouvelle arte desarrollada en aquellos años por nombres como Cézanne, Manet, Pisarro, Renoir o Degas.

emile-zola
Émile Zola (1840-1902)

Como se comentaba al principio de la reseña, con el postfacio Émile Zola, maestro de la narración breve, Gonzalo Gómez Montoro y Rubén Pujante Corbalán han conseguido el difícil objetivo de elaborar un complemento a esta lectura conciso y ameno, sin por ello renunciar al rigor y a una sólida base bibliográfica y documental. En dicho postfacio se nos dan con claridad las pinceladas necesarias para que valoremos los relatos en el contexto en que surgen y los criterios de edición de la antología, sin añadidos que densifiquen la lectura. Asimismo, los editores aportan un breve análisis de cada cuento, en el que se incluyen aquellas claves narrativas, estilísticas y estructurales más relevantes y, en el caso de Anaïs Micoulin, su repercusión artística en España. A través de ellas podemos reparar en aspectos que pueden habérsenos escapado durante la lectura, y completar así nuestra comprensión de los relatos. Los mismos criterios rigen una traducción que nos muestra la vigencia de estos cuentos, sin renunciar al rigor de la misma ni al contexto del lenguaje de la época.

En resumen, la calidad literaria y lo cuidado de la edición hacen este volumen absolutamente recomendable, tanto si se acude al mismo con intención de ampliar conocimientos sobre uno de los autores más relevantes para las bases de la narrativa moderna, como si únicamente se busca disfrutar del placer de una lectura cuyas claves de análisis e interpretación son transmitidas por los editores sin interferir en ningún momento en la relación entre lector y texto, superando de esta manera con éxito la principal dificultad de su tarea. Compartiendo este mismo espíritu, la editorial Funambulista nos presenta la antología en un volumen de presentación muy cuidada, en la que belleza y comodidad de lectura van de la mano.


 

 

 

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