/ una reseña de Vicent Yusà /
Los profesores de filosofía Enrique Herreras y Ana Noguera acaban de publicar Ilustración o delirio: la democracia en tiempos de la cólera populista, en la editorial Tirant Humanidades. Asistí a la première en la librería Tirant Lo Blanc de València, una presentación que, a pesar de las prisas en su convocatoria y de las fechas veraniegas, contó con una masiva y entregada asistencia. Me interesó la presentación a cargo de los autores, sin entrevistador ni glosador. Dos personalidades diferentes que remiten a la cuestión de cómo se escribe un libro a dúo —no es el primero; le precede uno anterior de 2017, Las contradicciones culturales del capitalismo—. Los libros colectivos son habituales, tanto en el ámbito científico como en el de las humanidades, pero cada autor suele responsabilizarse y firmar uno o varios capítulos. Aquí la integración de ambas voces funciona, y el lector no percibe bruscos cambios de estilo. Aunque si tiene cierta información sobre los autores, de sus intereses y personalidades, podrá intuir que las reiteradas referencias a las tragedias griegas o a obras teatrales (Beckett, Brecht, Ionesco) son cosecha de Herreras, y que algunos pasajes más combativos y políticos han salido de la pluma de Noguera, mucho más pegada a la actualidad política y sociológica.
Sin duda, no estamos ante un libro de filosofía política en estricto sentido académico. El ensayo incorpora una miscelánea de enfoques que transitan por la sociología, el periodismo, la actualidad política, apuntes de historia (feminismo) y, por supuesto, filosofía política, aunque de manera más limitada. Tiene tanta voluntad divulgativa como totalizadora. Tal vez ese exceso de temas tratados (no olvidan ni la astropolítica ni el boom de los tatuajes en la juventud) comporta necesariamente un paso demasiado rápido, un recorrido panorámico por muchos temas, que sacrifica en ocasiones la precisión, la profundidad y los detalles a la visión de conjunto. Y con algunos pasajes en exceso ligados a la coyuntura política, siempre móvil y cambiante.
Se trata de un ensayo de revisión bibliográfica más que el desarrollo de conceptos o ideas genuinas. Las doscientas treinta y seis referencias bibliográficas lo confirman. De ahí que una de las originalidades y virtudes del libro sea la capacidad para organizar de manera armónica tal cantidad de información y de temas, y que mantenga en todo momento una exposición clara y ágil.
Los autores reflexionan desde posiciones bien definidas: lealtad a los valores de la Ilustración (libertad, igualdad, solidaridad); compromiso con la justicia social; unas posiciones filosóficas ancladas en Kant, Habermas, Rawls, Adela Cortina; defensa de la socialdemocracia y del Estado de Justicia frente a las desigualdades sociales.
En cierto modo el ensayo puede asimilarse a un manifiesto: el manifiesto Herrera-Noguera. Comienza con una declaración de pesimismo sobre el estado del mundo en este inicio del siglo XXI. Los autores se muestran «perplejos y preocupados» ante la «crisis permanente» en la que estamos instalados, una de cuyas consecuencias —la analizada en el libro— puede ser la desaparición de la democracia en los países en los que todavía permanece como forma de gobierno.
¿Qué lleva a los autores a manifestar este temor? Por supuesto, el conjunto de síntomas que han detectado en el cuerpo del enfermo, y que detallan en lo que podría considerarse como un extenso catálogo de las principales patologías de la democracia. Esos peligros tóxicos anidan con facilidad en el sistema democrático debido, según los autores, a algunas de las características de esta etapa histórica, entre ellas: la complejidad, que multiplica los desafíos (revolución tecnológica, diversidad, ciberseguridad, posverdad…); una incertidumbre provocada por la aceleración social que genera miedo y riesgo permanente; la desconfianza en las instituciones y en la ciencia y el conocimiento o el desmedido incremento de la desigualdad. Herreras y Noguera consideran que esta última característica, la desigualdad, es la «mayor amenaza de la democracia», ya que no se pueden garantizar los derechos políticos de los ciudadanos cuando los desequilibrios sociales son muy fuertes o se producen interferencias de los megarricos en las decisiones de los gobiernos democráticos.
Este es el terreno abonado para el avance de los autoritarismos y de las democracias iliberales (gobiernos elegidos que tratan de erosionar los derechos individuales, la separación de poderes y el control de la información, como la etapa de Víktor Orbán en Hungría), que están claramente alimentados, señalan los autores, entre otros, por los virus de la polarización, el populismo y la posverdad.
El libro también aborda otros factores que claramente están afectando a la estabilidad de las democracias, como son la inmigración, la xenofobia, la aporofobia y la globalización. Los autores son conscientes de que en su afán por identificar los múltiples factores que amenazan a las democracias contemporáneas, la reflexión podría adquirir un tono excesivamente sombrío, capaz de instalar al lector en un pesimismo paralizante, y por lo tanto se requería una cierta llamada a la acción. No pretenden, sin embargo, ofrecer un programa político de reformas ni un recetario de soluciones. Más bien señalan, a modo de télos, de brújula, la dirección hacia una democracia deliberativa o ilustrada que fortalezca y profundice la actual democracia liberal-social. Ello exige entender la democracia no solo como una forma de gobierno, sino como un modo de vida sustentado en una cultura democrática sólida y en una firme ética cívica.
En el capítulo dedicado a las redes sociales y a la inteligencia artificial, Herreras y Noguera no se alinean con posiciones tecnoapocalípticas o tecnoalarmistas, si bien sostienen que «estamos para analizar sus déficits, para corregir errores, para reflexionar sobre su impacto. Conocemos lo bueno, pero queremos como filósofos analizar su influencia sobre el ser humano». Esta actitud resultará reconfortante para un lector poco dado a las posiciones filosóficas que descubren amenazas existenciales en cada nueva tecnología. Sin embargo, ello no les impide señalar la existencia de «riesgos filosóficos», entre ellos la confusión que se introduce entre verdad, veracidad y verosimilitud, así como la pérdida de privacidad e intimidad, que favorecen la manipulación y la erosión de la libertad —«privacidad es poder», como reza el título de un reciente ensayo de Carissa Vélez)—. Y todo ello apuntando hacia lo que se ha venido en denominar la democracia algorítmica, concebida aquí como un posible futuro poco deseable.
Hay un aspecto al que quizá no han prestado demasiada atención, aunque no lo han olvidado. Últimamente proliferan los libros que nos alertan de los peligros para la democracia que suponen el auge de la extrema derecha, la polarización, la desigualdad, etcétera. Son análisis necesarios, como también lo son las propuestas o las orientaciones para superar esta delicada situación. Sin embargo, es muy importante reconocer y reivindicar todos y cada uno de los logros de las democracias, defender las instituciones a pesar de sus déficits, respaldar las políticas democráticas y los consensos sociales logrados. Las sociedades no funcionan mejor sin democracia, y como señalan los autores, se precisa por parte de la ciudadanía de un «espíritu más hegeliano» (elogiar los logros históricos, comprender que las contradicciones forman parte del progreso, apreciar los avances de nuestras sociedades) en un mundo dominado por el «quejismo».
¿Para quién es este libro? En un comentario sobre Contra la democracia, de Jason Brennan, se explica que el autor estadounidense clasifica a los ciudadanos según su forma de relacionarse con la información política, distinguiendo tres tipos: hobbits, hooligans y vulcanianos. Los primeros, los hobbits —la mayoría—, se caracterizan por la apatía política hacia los asuntos públicos. Este libro, desde luego, suscitará escaso interés entre ese sector de la población. El segundo grupo es el de los hooligans; siempre votan y lo hacen de forma ciega y emocional. Sin duda, este libro resulta de interés para el sector de hooligans más escorados hacia posiciones progresistas. El tercer grupo son los vulcanianos, que se interesan por la información veraz y votan racionalmente. No cabe duda de que el mayor número de los lectores potenciales de Ilustración o delirio se encuentra en este grupo.
Estamos frente a un ensayo oportuno, ambicioso y estimulante. No pretende ofrecer respuestas definitivas ni un recetario de soluciones, sino ayudar al lector (hooligan o vulcaniano) a comprender mejor los desafíos que afrontan las democracias liberales-sociales y a reflexionar sobre las condiciones que hacen posible su supervivencia. En un tiempo dominado por la simplificación, la polarización y el ruido, un libro que invita a pensar antes que a alinearse ya merece ser leído. Quien se acerque a estas páginas encontrará un amplio mapa de los riesgos que amenazan a nuestras democracias y, sobre todo, una defensa razonada de la Ilustración como horizonte político y moral.

Enrique Herreras y Ana Noguera
Tirant Humanidades, 2026
308 páginas
25 €

Vicent Yusà es doctor en química, investigador en las áreas de seguridad alimentaria y ambiental, y profesor asociado en la Facultad de Química de la Universidad de Valencia. Ha dirigido los laboratorios de salud pública de la Generalitat Valenciana y ha participado en diferentes proyectos nacionales e internacionales. Tiene estudios de filosofía. Además de múltiples publicaciones científicas en revistas de alto impacto, es autor del ensayo Ascenso a la Torre: apuntes para una filosofía de proximidad y de las novelas: Otro fin del amor es posible, Obra abierta, El común desorden del amor y Lo que no se escribe.
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