Poéticas

Subir al origen

"Subir al origen" (Trea, 2018), antología comentada de poesía no hispánica (1800 - 1941).

Poética rareza

/por Álvaro Valverde/

Subir al origen. Antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800-1941), del poeta, crítico y profesor José María Castrillón (Avilés, 1966) es mucho más que un mero florilegio. Es el libro, ante todo, de un consumado lector que nos presenta una selección de poemas significativos de un puñado de poetas que fundaron la Modernidad al final del Romanticismo. Todos nacieron antes de 1900. Por apuntar dos ideas que subraya Castrillón en su prólogo, son poetas que consagran lo subjetivo y que se apoyan, sobre todo, en el lenguaje. Entre ellos (son veintidós), anoto a mis preferidos en orden de aparición: Wordsworth, Novalis, Keats, Baudelaire, Dickinson, Rilke, Yeats, Cavafis, Pessoa, Eliot, Perse, Stevens, Montale y Ajmátova.

Tras una semblanza previa, tan personal como todo lo que concierne a esta obra, se muestran algunos poemas de cada autor que son previamente comentados. Tanto estos como las semblanzas están llenos de iluminaciones, de sutilezas, ya se dijo, propias de un lector que sabe bien de lo que habla. Al que no le importa introducir es esos textos la ficción narrativa, algo que aporta todavía más interés a este singular proyecto, aquilatado, piensa uno, a lo largo de los años.

La mayor parte de las veces, esos versos se han traducido expresamente para esta edición. De lenguas como el inglés, el francés, el ruso, el italiano y el alemán. Por personas tan solventes como Jordi Doce, Mario Domínguez Parra, Juan Andrés García Román, Tomás Sánchez Santiago o Juan Carlos Mestre. El propio Castrillón interviene en no pocas de las versiones.

Otras veces echa mano de otras ya publicadas, como las de Stevens de Sánchez Robayna y Jiménez Heffernan, por ejemplo, o las de la flamante directora general del Libro, Olvido García Valdés, en el caso de la citada poeta de San Petersburgo.

Pero no acaba la cosa ahí. Después de los poemas de cada poeta se añade uno bajo el rótulo “Homenaje de la poesía hispánica”. Se trata de un poema escrito por un contemporáneo, ya sea español o hispanoamericano, que recrea, digamos, la poética de aquél, lo que no deja de constituir una antología dentro de la otra antología. A ésta habría que sumar una tercera, la que Castrillón denomina precisamente “Otra antología” donde incluye semblanzas bibiobibliográficas de poetas que en muchos casos podrían haber formado parte de la primera y que, por lo demás, también están en el origen de la poética moderna occidental: Hölderlin, Williams, Frost, Ungaretti

Una página web, titulada como el libro (tomado de un verso de Jovellanos), amplía la información del volumen y da noticia de los poetas elegidos, de los mencionados traductores o de las respectivas obras del conjunto. Al final, se condensa una práctica bibliografía básica.

No hace falta decir que hay un componente didáctico en este logrado empeño que busca “lectores no especializados”. Para alumnos de Bachillerato o Filología, sí, pero también para poetas jóvenes que no se contenten con ser vulgares parapoetas. Y, en fin, para cualquier lector de poesía, conozca o no a estos autores y a sus obras. Cómo he disfrutado con los inteligentes comentarios del editor y cuánto de los versos de estos maestros perennes e indiscutibles a los que uno nunca se cansa de volver.


Constantinos Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863 – 1933)

Constantinos Cavafis

(Alejandría, Egipto, 1863 — 1933)

 /por José María Castrillón/

Ved al funcionario que cada día desde hace años recorre a pie el breve camino entre su casa del barrio griego de Alejandría y la triste oficina del Ministerio Egipcio de Obras Públicas. Esta mañana, bien temprano, ha cambiado su paso lento y elegante por un caminar más acelerado. Tiene prisa por llegar a la estación. La pequeña maleta de viaje se balancea bajo su brazo y se adivina recién comprada, usada quizá por vez primera. El sol, aún tibio, hace de la ciudad un lugar agradable donde se oye hablar árabe, inglés, griego…, y las calles lucen en sus placas el nombre en francés: rue de…  De alguna manera, la ciudad es Cavafis y él es la ciudad. Habla inglés a la perfección, pues pasó parte de su niñez en Inglaterra, lee francés y, naturalmente, su lengua es el griego, que escribe en una variedad elegante pero tan poco común y natural como su forma de andar. ¿Dónde va Mr. Cavafis, kyrios Cavafis? Es cierto que ha vivido en Inglaterra y en Constantinopla pero Monsieur Cavafis apenas sale del barrio griego, y aún menos de Alejandría.

Sube al tren. Cuando llegue a El Cairo, el sol ya estará alto. Estará anocheciendo cuando salga del hotel para pasear por la gran ciudad. Porque es la noche la que permite mayor discreción al hombre que desea a otro hombre. (Pocos años antes, en Inglaterra, el célebre Oscar Wilde ha sido condenado a dos años de cárcel acusado de sodomía.) Recorrerá cafés y tabernas, y compartiendo cigarrillos y bebidas, terminará, como otras noches de su natal Alejandría, encontrando la juventud de otros varones: «líneas del cuerpo. Labios rojos. Voluptuosos miembros. (…) / Rostros del amor; como los quería mi poesía (…) / en las noches de mi juventud, / en mis noches, en secreto, encontrados». Es diciembre de 1902. Tiene treinta y nueve años. Constantinos aún siente cercana la juventud. Pero sabe bien de la muerte: ha enterrado ya a sus padres y a tres de sus hermanos, del fallecimiento del último pronto se cumplirá un año. Conoce, pues, el placer y su brevedad. Toda su poesía pone luz al tiempo. Su más fecundo territorio de reflexión será la historia griega, no tanto la época clásica como la posterior a Alejandro Magno, en especial su prolongación en Bizancio. Se trata de una cultura de profundas raíces griegas pero, como su Alejandría, cruce de culturas: romanos, judíos, más tarde cristianos, turcos y árabes.  Sus personajes y escenas, históricas o ficticias, hacen hablar a los fantasmas de una Historia entreverada de traiciones, de fracasos, de amores secretos y perdidos, de la ambición, de la intolerancia de unas culturas con otras. En definitiva, del presente y, por desgracia, del futuro.

Extrae de la maleta unas hojas. (Escribe siempre en cuartillas y a la luz de velas, porque detesta la luz eléctrica en las casas.) Inicia un poema: «Quien desee confortar su espíritu / debe escapar del respeto y sumisión». No prosigue. Es receloso y exigente con su escritura. De todos los centenares de poemas solo dará por buenos 154. Escribe de nuevo, ahora en prosa: «Esta noche me pasó por la mente escribir mi amor. No obstante, no voy a hacerlo. ¡Qué fuertes son los prejuicios!  Yo, por mi parte, me he liberado, pero pienso en quienes todavía están atados a ellos y bajo cuyos ojos podría caer esta página. Me contengo. ¡Qué cobardía!». Apoya la cabeza en el asiento. Antes de adormecerse, le alcanzan los perfumes que los viajeros prestan al vagón. Piensa en los cafés, en la proximidad de lociones y colonias, de aroma a tabacos de todo el mundo; imagina el olor de los cuerpos, y desea estar ya en la ciudad.

Constantinos Petros Cavafis falleció de un cáncer de garganta a los setenta años. Llevó su enfermedad con discreción y entereza. Tan solo en una ocasión se le vio llorar. Antes de ingresar en el hospital del que no saldría ya vivo, le pidieron que guardase algo de ropa en una pequeña y vieja cartera. Lloró durante unos instantes. Como ya no podía hablar, tomó un papel en el que escribió unas líneas: «Este bolso de viaje lo compré con prisas, una tarde hace treinta años, para ir a El Cairo a divertirme. Entonces tenía salud, era joven y agraciado».

La poesía de Cavafis es uno de los polos de influencia más importantes en la poesía española a partir de los años sesenta. Jaime Gil de Biedma fue lector habitual del poeta y José Ángel Valente tradujo varios textos. Especial predilección mostraron los llamados Novísimos, y en especial, los poetas José María Álvarez, traductor igualmente del poeta alejandrino, y Luis Antonio de Villena, quien escribió un ensayo sobre su figura (Carne y tiempo). En la bautizada como “poesía de la experiencia” de los ochenta y noventa se aprecia igualmente su lectura. El narrador cubano Guillermo Cabrera Infante fue lector devoto del poeta alejandrino.


Poemas

Dos emocionantes poemas de carácter íntimo. El primero, más visual y escénico, se sitúa inicialmente en un ambiente sórdido del que el poeta subraya la pasión erótica; el segundo, desprendido de anécdota circunstancial, brota de la memoria que aúna mente y cuerpo.

Una noche

La habitación era pobre y sórdida,
oculta sobre la taberna sospechosa.
Por la ventana se veía la calleja,
sucia y estrecha. Desde abajo
llegaban las voces de obreros
que jugaban a las cartas y festejaban.

Y allí, en la cama vulgar, humilde
poseí el cuerpo de la pasión, poseí los labios
sensuales y rosáceos de la ebriedad.
Rosáceos por tal ebriedad que incluso ahora
que escribo (¡después de tantos años!)
en mi casa yerma, vuelvo a embriagarme.

 Vuelve

Regresa con frecuencia y tómame;
amada impresión, regresa y tómame,
cuando despierte la memoria del cuerpo
y un antiguo deseo vuelva a transitar la sangre;
cuando los labios y la piel se evoquen
y sientan como si las manos otra vez palpasen.

Regresa con frecuencia y de noche tómame,
cuando los labios y la piel se evoquen…

 

Cavafis ha dado a la modernidad poética alguno de los poemas más conocidos, así «Esperando a los bárbaros» o «El dios abandona a Antonio». Pero «Ítaca» es una de las composiciones más célebres de la literatura occidental. Basado, obviamente, en el relato homérico, ofrece una visión de la vida como un viaje. Rompe con la expectativa de la tradición que lo inspira deseando que el viaje se prolongue. El descubrimiento, la belleza de lo que nos rodea, la armonía interior, la pasión inacabada por otro nuevo presente resultan absolutamente conmovedoras.

 

Ítaca

Cuando salgas en ruta hacia Ítaca,
ansía que el camino sea largo,
repleto de aventuras, repleto de saberes.
A los lestrigones y a los cíclopes
al iracundo Poseidón no temas,
tales entes en tu camino nunca hallarás
si tu desvelo sigue siendo noble, si una selecta
emoción palpa tu espíritu y tu cuerpo.
Con los lestrigones y los cíclopes,
con el brutal Poseidón no te encontrarás
si no los transportas en tu alma,
si tu alma no los erige frente a ti.

Ansía que sea largo el camino.
Que haya muchas noches estivales
en que con placer y alegría
atraques en puertos vistos por vez primera;
haz escalas en mercados fenicios
para conseguir buen género:
nácares y corales, ámbares y ébanos,
y perfumes sensuales de todo tipo,
los perfumes sensuales más copiosos, mientras puedas;
ve a muchas ciudades egipcias,
para aprender una y otra vez de los cultos.

Siempre ten en mente a Ítaca.
Llegar allá es tu objetivo.
Pero no apresures en absoluto tu viaje.
Mejor que dure muchos años;
y que ya anciano fondees en la isla,
rico por todo lo que ganaste en el camino,
sin esperar que Ítaca te dé riquezas.

Ítaca te dio el hermoso periplo.
Sin ella no habrías salido al camino.
Pero ya nada tiene que darte.

Y si incluso pobre la hallases, Ítaca no te engañará.
Por la erudición que adquiriste, con tanta experiencia,
ya entenderías lo que las Ítacas significan.

[Versiones de Mario Domínguez Parra para esta edición]

 

Homenaje en la poesía hispánica

La revista Litoral publicó en 1999 un homenaje al poeta alejandrino en el que participan poetas hispanoamericanos y españoles (desde Rafael Pérez Estrada hasta Aurora Luque) con una serie de poemas inspirados en la figura y los temas de Cavafis. En este caso, subrayamos la intensa relación del poeta con su ciudad, relación que surge en obras maestras como El cuarteto de Alejandría de Lawrance Durrel; y, así, el poeta colombiano José Manuel Arango (19372002) enfrenta la visión de su ciudad en un poema de Montañas (1995) a partir de la relación del poeta griego con Alejandría.

 

Ciudad

Y salí al balcón, melancólicamente,

                para cambiar de pensamientos, mirando al menos

                un poco de la ciudad que amo…

  1. Kavafis

 

1

Como si se desprendiera de las montañas,
de sus flancos que a esta hora
son de un violeta muy terso,

la sombra comienza a descender sobre la ciudad,
rueda por los tejados, cae
en las calles.

Es como un derrumbamiento.
Las montañas rodean,
hoscas,
erizadas de puntas.

Así llevamos en el corazón el peso de estos montes.

Que ahora caen sobre
la ciudad,
hechos de tiniebla, deshechos
en tiniebla.

2

Esta es una ciudad amurallada
entre montañas. Uno mira en torno,
alzando la cabeza, y ve sólo
la línea azul de los montes, lejos,
sus picos.

Es el borde de una copa
quebrada.

Y en el fondo de la copa está la ciudad,
ensimismada, dura.

3

Hablo de la ciudad que amo,
de la ciudad que aborrezco.

Mientras anochece sobre los búcaros,
en las laderas,
en la boca del perro, en sus dientes.

Mientras anochece en el hueso
seco del corazón.

En La sien en el puño. Antología, Eolas, 2017.

 [Extracto de Volver al origen, Trea, 2018]


 

Subir al origen
Antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800 – 1941)
José María Castrillón

Trea, 2018
372 páginas; 22.00 €

José María Castrillón (Avilés, 1966) es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo. Ha publicado los textos poéticos La sonrisa de un delfín (Heracles y Nosotros, 1991), Animal de compañía (Nómadas, 1998), Aún por recorrer (Magua, 2004), La vieja munición (Idea, 2005), el círculo y la piedra (Trea, 2006) y gramos (Trea, 2010). Perteneció al consejo de redacción de la colección literaria Nómadas y de la revista Solaria. Codirigió el monográfico de la revista Ínsula dedicado a Antonio Gamoneda. Es profesor y crítico literario.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con el universal, tanto hispánico como de otras culturas. Un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

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