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Venezuela por el bien del Imperio: no en nuestro nombre

Manuel García Fonseca detecta similitudes entre la crisis venezolana y el clima que precedió a la devastadora invasión de Iraq.

Venezuela por el bien del Imperio: no en nuestro nombre

/por Manuel García Fonseca, el Polesu/

Por el bien del imperio: una historia del mundo desde 1945 es el título de una de las obras póstumas de Josep Fontana, reconocido como uno de los historiadores españoles de mayor prestigio. En 977 páginsa de información y otras doscientas de bibliografía y documentación, Fontana recorre sucesos y situaciones de las diferentes partes del mundo relacionándolos con el interés de los Estados Unidos de América; con lo que ese país acometió en ellas por el bien del imperio. Estados Unidos se convirtió después de la segunda guerra mundial en el Estado más rico y poderoso del mundo, con el mayor gasto en armamento y con bases militares distribuidas por todo el mundo, en especial rodeando las zonas de mayores recursos naturales y a los países potencialmente competidores: Rusia, China, Sudeste asiático, Medio Oriente… Es difícil señalar cualquier guerra o conflicto de cualquier parte del mundo en el siglo XX en la que este imperio no buscara su bien. La lista de dictaduras patrocinadas por Estados Unidos a lo largo de la última centuria es interminable: desde Brasil, Chile, Argentina, pasando más tarde por Haití o Guatemala, hasta, actualmente, Honduras.

¿Tiene algo que ver ese interés imperial con lo que está sucediendo en Venezuela? Parece que sí. Que Estados Unidos —es decir, las grandes empresas norteamericanas— tienen mucho interés en el petróleo de Venezuela es explícitamente reconocido por altos mandatarios norteamericanos. Y Donald Trump, presidente actual de Estados Unidos, dice estar dispuesto a promover, e incluso a dirigir, una guerra contra Venezuela.

Conozco técnicos, sociólogos y religiosos que viven en Venezuela desde hace décadas; pero no voy a entrar a opinar sobre la situación de la Venezuela actual salvo para decir que las opiniones y valoraciones que nos inundan desde hace años sobre las políticas bolivarianas comenzadas por el presidente Chávez me recuerdan a la campaña sobre las armas de destrucción masiva que pretendían justificar la guerra y la invasión de Iraq. Aporto solamente lo que escribe el historiador Fontana en el libro citado: «En el caso de Venezuela hay que tomar en cuenta que durante los años de gobierno de Hugo Chávez ha disminuido la amplitud de la pobreza y se ha producido una mejora considerable del índice de desarrollo humano».

No es emitir una opinión categórica sobre la situación venezolana lo que pretendo con este artículo. Sólo aportar algunos datos que —creo— pueden tener algún interés expliativo, y que sin embargo los grandes medios no suelen difundir: el de que China ha prestado cinco mil millones de dólares al Gobierno venezolano para modernizar las instalaciones petroleras —estatales— del país y el de que Rusia también mantiene negociaciones con el Gobierno venezolano para la posible instalación de una base militar rusa, como hace Estados Unidos en los países (Europa incluida) que rodean a Rusia. También traer a la memoria la invasión y la guerra de Iraq, de la que es imposible no acordarse estos días en que se justifica un golpe de Estado contra un gobierno recién reelegido en unas elecciones que nadie impugnó y que fueron consideradas como válidas por Naciones Unidas. ¿Se puede llamar de otro modo la autoproclamación como presidente del señor Guaidó en una manifestación de las miles que, diversas y variopintas, se suceden en Venezuela? ¿Cómo puede apoyarse esto y considerar ilegítimo al actual Gobierno?

El trío de la derecha española PP-Ciudadanos-Vox, que no condena explícitamente —algunos la apoyan— la sangrienta dictadura franquista de casi medio siglo en España, añora la Venezuela anterior, la de Carlos Andrés Pérez, prófugo de la justicia anterior por corrupción; y es partidario frenético de ocupar Venezuela. También la invasión de Iraq fue apoyada por el entonces presidente del Gobierno español, José María Aznar. Y es bueno recordar qué significó aquello. Dos periodistas españoles, reporteros sin fronteras en todas las últimas guerras fuera de Europa, escribieron un libro cuyo título expresa el fondo terrible de estas guerras por la democracia libradas por el Imperio y sus aliados: La semilla del odio: desde la invasión de Irak hasta el surgimiento de ISIS. Es de estremecedora lectura. Todos los países invadidos cuyos Estados han sido destruidos se han convertido en un infierno en el que el sufrimiento y la maldad humanos que las guerras provocan no se puede imaginar. En Iraq, millones de niños hambrientos compiten con los perros en descuartizar cadáveres por robar o para matar el hambre mientras todos son enemigos de todos y matar y torturar son acciones normales (y lo decimos suavizando un tanto la descripción de los periodistas…). ¿Es este bien del imperio que también se buscó en Afganistán, Siria, Libia, etcétera, lo que ahora se pretende para Venezuela?

Muchos ciudadanos volvemos a gritar hoy, como entonces: «¡No en nuestro nombre!».


Manuel García Fonseca, conocido como el Polesu (Pola de Siero [Asturias], 1939) es un histórico militante comunista asturiano. Estudió filosofía y teología y se licenció en sociología por el Instituto de Ciencias Sociales de París y por la Universidad Complutense de Madrid. Fue cura, pero abandonó el sacerdocio a finales de los sesenta, en la misma época en la que comenzó a militar en el clandestino PCE tras una primera implicación política en la Juventud Obrera Católica. Trabajó algunos años como sociólogo de Cáritas y posteriormente como profesor de secundaria de filosofía. Fue viceconsejero de Transporte en el primer ente preautonómico asturiano, el primer director de la Universidad Popular de Gijón, diputado autonómico por el PCE entre 1983 y 1986, nacional por Izquierda Unida entre 1986 y 1995 y posteriormente de nuevo diputado autonómico. Entre 2003 y 2007 se implicó en la Consejería de Bienestar Social del Principado de Asturias, dirigida por Laura González. Actualmente, sigue implicado en diversas causas políticas y sociales.

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