Arte

José Fuentes y sus «inquietantes» universos digitales

María Jesús Soler reseña una exposición de José Fuentes, un creador en quien se da un acercamiento operativo entre la filosofía y las artes plásticas; entre sus inquietudes y la incesante curiosidad respecto al entorno, además de una investigación discursiva sobre lo que trabaja y hacia lo que focaliza su mirada con un ojo experto, personal y agudamente crítico, dirigido no sólo a lo artístico, sino a la vida en general.

José Fuentes y sus «inquietantes» universos digitales

/por María Jesús Soler/

Hablar de José Fuentes (Torrellano [Alicante], 1951) no deja de tener su complejidad por tratarse de un artista y personaje poliédrico, término fácil y muy utilizado en la actualidad para significar las variadas facetas que se dan en algunas personas. Pienso, sin embargo, que, en este sentido, todos tenemos algo de poliédricos; pero en el caso de José Fuentes el término es un universo expandido con sutiles fronteras en los territorios que va construyendo, mediados por el juego de la sincronía y la diacronía que en sus creaciones aparecen.

Estamos ante un artista, un creador, en quien se da un acercamiento operativo entre la filosofía y las artes plásticas; entre sus inquietudes y la incesante curiosidad respecto al entorno, además de una investigación discursiva sobre lo que trabaja y hacia lo que focaliza su mirada con ese ojo experto, tan personal y agudamente crítico, dirigido no sólo a lo artístico, sino a la vida en general.

El pasado 19 de octubre, Fuentes inauguró en el Museo de Arte Contemporáneo de Elche (MACE) la Exposición Universos digitales, a la que tuve el honor y el placer de asistir desplazándome a propósito desde Valencia. Ver de primera mano al maestro José Fuentes, escuchar sus explicaciones mereció la pena. Esta muestra concluyó el 6 de enero y el 2 de febrero se volvió a inaugurar en el Museo del Mar del castillo fortaleza de Santa Pola (Alicante): merecida itinerancia en dos espacios muy diferentes; lo que no supone un problema toda vez que la obra posee una idiosincrasia especial que hace que no pierda un ápice de su semántica ni de su sentido en contextos distintos.

José Fuentes presenta su exposición afirmando su procedencia como artista del mundo del grabado; pero con la novedad de que la muestra, además de ser el resultado de un proceso,

es una incursión en el mundo de la imagen digital. Por un lado, esto es un aspecto innovador, porque lo digital se ha asociado a la fotografía y a la reproducción, pero lo que se va a ver en esta exposición no tiene nada que ver con lo fotográfico y en cambio sí con el desarrollo de unas posibilidades creativas y técnicas sorprendentes, porque se ha llevado lo digital al territorio de la creación de la imagen del grabado […] la aguada digital parte de los mismos principios que la aguada tradicional en aspectos como la mancha, pero su aportación esencial es que estamos ante un nuevo lenguaje de representación de una riqueza y complejidad diferente.

Toda la obra reciente de este artista tiene una implicación social, es decir, parte de problemas que nos rodean y son propios de nuestra contemporaneidad. Los temas elegidos se originan en problemas que nos rodean, se tratan con una impronta que realmente sorprende al espectador y se presentan en forma de series; series inspiradas en acontecimientos que nos rodean siendo exploraciones lúdico-críticas de dichos acontecimientos, punto de partida de sus propuestas que proporcionan al espectador una mirada nueva no sólo por el enfoque temático, sino también por el técnico.

Se pueden ver tres proyectos elegidos como los más significativos de este nuevo periodo y que muestran parte de tres series: Cuerpo a cuerpo, Desacralizados y Tauromaquia.

Como aclaró José Fuentes, la primera de ellas, Cuerpo a cuerpo, parte por un lado de unas peleas entre mujeres que se están dando en Estados Unidos y que tienen un tinte erótico, aunque no es ése el aspecto que José Fuentes ha buscado, sino el encuentro. En la lucha entre los cuerpos se producen instantes en los que las dos figuras se fusionan; se transforman en casi un solo cuerpo. Hay unos momentos fugaces en que las peleas producen unos instantes que aquí están transformados en imágenes. La imagen digital, cuando aspira a comprender una serie de transparencias, produce una iconografía con una riqueza tonal, de valores, de grises y texturas que genera unas imágenes más ricas que el propio dibujo tradicional al que siguen aferrados.

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En la segunda planta de la exposición aparece el color. Ante nosotros surgen 18 obras que dan nombre a la Serie Desacralizados. En ella las imágenes están hechas fundamentalmente en dos tonos o tres tonos a lo sumo, pero, ¿por qué? A veces, la simplicidad es más potente que la exuberancia. Esta serie, además, está envuelta en un cierto surrealismo con aspectos oníricos que en ocasiones evoca el misterio que seduce al espectador ante una obra de Magritte, por ejemplo, y le hace detenerse en un querer interpretar o buscar una unidad de sentido que es trascendida por la obra misma e inasequible. Entramos en un mundo de sensaciones mezcladas con iconos culturales que hemos construido, y eso es la parte inquietante: el no poder prescindir del sentido religioso que está en nuestra mente como producto cultural.

Pero, ¿por qué Desacralizados? Todos estamos viendo cómo espacios religiosos son desacralizados. Se están convirtiendo en espacios públicos (tiendas de ropa, cafeterías) o privados, perdiendo esa identidad religiosa que ha sido su seña de identidad, valga la redundancia. Ante este hecho, Fuentes parte de esa idea aplicándola a un símbolo de nuestra cultura: la cruz; pero en su trabajo pierde todo su significado religioso para convertirse en una estructura formal abierta, que permite aplicar una hermenéutica a su contenido.

Según el artista, para realizar la serie Desacralizados se inspiró en dibujos de Watteau del siglo XVIII, usando colores muy sencillos: blancos, sepias y negros que producen imágenes que cromáticamente e incluso temáticamente constituyen una unidad. Son dieciocho imágenes de cruces que, lejos de llevar a una cierta monotonía temática, convierten la muestra en algo apasionante. La cruz es utilizada simbólicamente como una imagen formal en torno a la cual suceden cosas y que al espectador le va a sugerir distintas escenas, emociones y reacciones.

De ahí la expresión inquietante: no acaba de desaparecer el simbolismo de la cruz en el espectador; y nos invade el asombro al ver cómo la repetición de las cruces en unas tonalidades similares no llevar nuestra mirada a una especie de huida por la repetición, pues cada imagen tiene un discurso semántico diferente, según el cual hay un sinfín de interpretaciones posibles: una multiplicidad de relatos. Digo esto porque, curiosamente, en esta sala había un constante ir y venir de una obra a otra.

Ello hace que el espectador se detenga; se pregunte: «¿Por qué?». O: «¿Qué significa esto?». Y vuelta a empezar. Es esta polisemia de interpretaciones y miradas la que completa la propia intención del autor: generar incertidumbres en un mundo aparentemente lleno de certezas. José Fuentes, con su ojo atento y mano lúcida, genera una muestra que en su presentación es como una sinfonía producida por el gradiente de tonos en el que están dispuestas las series.

Pienso que todo ello se produce porque no se prescinde emotiva y culturalmente del significado de esas cruces que José Fuentes desacraliza simbólicamente. El resultado de ello es más que cómodo, inquietante, ya que la contemplación deja de ser una mirada a algo reconfortante para pasar al ámbito de una perpleja inquietud, ya que en ocasiones, inconscientemente, no se prescinde de la cruz como parte integrante de nuestra cultura occidental, lo cual va a producir en el espectador reacciones diferentes: desde la perplejidad a la crítica o al deslumbramiento que produce ese choque de ver la cruz llena de hormigas, o atravesada por un barco o…

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Finalmente aparece una tercera serie; una explosión de color: Tauromaquia (2015); una serie de registros tonales y compositivos maravillosos. Surgió en un momento en el que la cuestión de los toros estaba convirtiéndose socialmente en una gran preocupación, Contemplando esta serie, se advierte que José Fuentes no ha pretendido ensalzar el toro, el torero o la fiesta taurina, sino

plantear, revisar el mundo taurino, creando, reflejando esa situación también inquietante de esa parte cultural que pertenece a nuestra historia y que no debe desaparecer, sino hacer unos retoques que impidan que desaparezca una parte tan importante de nuestra cultura. Es como deconstruir la Fiesta Taurina para construir otra versión. Con todo, no debe sacrificarse algo de una complejidad tan grande como es el mundo taurino.

En esta tercera serie aparece el color en toda su dimensión y con una intensidad que es difícil encontrar en otros medios. Podemos ver cómo estas tonalidades, usando el medio de la imagen digital, proporcionan una intensidad de color sorprendente, además de transparencias, superposiciones, sombreados, etcétera de una gran riqueza, tonal y compositiva en una obra de gesto en general organicista, lo que en modo alguno deja indiferente ante el savoir faire del maestro José Fuente.

La aguada digital parte de principios similares a la aguada tradicional en efectos producidos por la mancha; pero su aportación esencial, según Fuentes, es que estamos ante un nuevo proceso de representación de una riqueza y y complejidad diferente; un nuevo lenguaje que le ha abierto un camino repleto de innovación y riqueza gráfica, sin olvidar el acento crítico de una obra que todavía tiene muchas cosas que decir en forma de serie o discurso narrativo en el que cada obra adquiere sentido propio al unirse tanto la sincronía por los elementos que la conforman como la diacronía por la cantidad de discursos o relatos posibles que promueve en el espectador.

En la serie Tauromaquia se cambian códigos; se introducen piedras junto a sutiles trazos; se genera un lenguaje que por oposición de elementos genera visiones inciertas de lo que pueda ser la fiesta taurina. Si en la serie Desacralizados la perplejidad es resultado de la potente acción del inconsciente con elementos surreales o antagónicos a lo que culturalmente la cruz designa, siendo dicha cruz el eje que se repite y sobre la cual se interviene, sin embargo en Tauromaquia nos encontramos ante un universo, a veces goyesco, en el que no hay prevalencias. No se enfatiza el toro o el torero. Es la fiesta la que se hace presente por el propio uso del color y se manifiesta en sugerentes écfrasis o elementos aparentemente descontextulizados.

Dice el catálogo de la exposición:

Asimismo, la fiesta taurina se enfrenta a los sueños perturbadores de una nueva época en la que se cuestiona su sentido y continuidad. José Fuentes plantea un proyecto llamado Tauromaquia en el que trata de reflejar estos momentos a través de imágenes con una gran carga simbólica. Partiendo de las escenas taurinas tradicionales del toreo, Fuentes introduce en ellas elementos nuevos como son las piedras, representaciones, con agua, sombras o huellas. La presencia de estos elementos en las escenas del toreo crea la misma incertidumbre y desconcierto que la que se está dando en el mundo taurino actualmente. La irrupción de las piedras en la escena tradicional de toro/ torero transforma su sentido e introducen nuevos significados que posibilitan interpretaciones distintas sobre algo establecido que tiene un código cerrado, inamovible, como es la liturgia del toreo. Del tradicional diálogo entre el toro y el torero se ha pasado a un coloquio entre toro, torero y piedras y el resultado es una lectura más rica, compleja e inquietante que se abre a genera nuevas miradas sobre la fiesta taurina.

De este modo, el proyecto responde a uno de los retos esenciales del arte: cuestionar los acontecimientos que nos rodean para aportar una nueva visión sobre los mismos. En definitiva, transformar lo conocido, lo establecido, lo dogmático y crear incertidumbre en un mundo pretendidamente lleno de certezas.

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Pienso que esta muestra de José Fuentes integra su pasión investigadora, su creatividad y su amor a lo que hace; su gran vocación docente en la explicación de sus procesos y el mostrar que el arte, con la creatividad que conlleva, es una fuente inspiradora de nuevas perspectivas de experimentación y reflexión.

Podemos seguir contemplando la exposición Universos digitales hasta el 23 de marzo en el Museo del Mar del castillo fortaleza de Santa Pola; un espacio totalmente diferente al del MACE, pero con un inevitable atractivo, lo que no quiero dejar de plasmar aquí. Es un castillo en pleno centro de la ciudad y que dispone de una magnífica sala de exposiciones, además de la sala de El Baluarte, en donde se suele hacer la presentación de las mismas. Su directora, María José Cerdá, tiene un gusto exquisito para la presentación de las mismas y cuenta con un equipo excelente.

Me he permitido la licencia de hacer referencia al currículum de José Fuentes, extraído del catálogo de la exposición, al final de este artículo, haciendo hincapié en las líneas maestras de su trabajo.


Currículum de José Fuentes

José Fuentes nace en 1951 en Torrellano, Elche. Alicante. Cursó la carrera de bellas artes en las universidades de Valencia y Barcelona. Posteriormente se trasladó a Bilbao, donde inició su actividad como artista plástico y como docente.

El campo de creación de este artista se sitúa en el grabado y la imagen múltiple. Desde el año 1975, Fuentes desarrolla paralelamente tres actividades dentro del campo artístico: como artista plástico, como investigador en el campo de la obra gráfica y como docente en la enseñanza artística.

Su actividad artística se ve reflejada a través de numerosas exposiciones individuales y colectivas en el ámbito nacional e internacional. La mayoría de sus exposiciones individuales se han realizado en museos y centros culturales. Entre las exposiciones individuales destacan las realizadas en la el Museo San Pío V (Valencia), Museo de Bellas Artes de Asturias, Palacio de los Serrano (Ávila) o el Museo de Arte Contemporáneo de Salamanca DA2. En las exposiciones colectivas internacionales, ha representado la gráfica española en numerosas ocasiones.

Su actividad investigadora se ha desarrollado en el campo de la imagen múltiple, aportando numerosos procesos entre los que tiene dos patentados. Entre los procesos más difundidos están el cerograbado, el oleograbado, el alcograbado, el grabado en barro, la arenografía y los diversos procesos de imagen creada con pulpa de papel a través de moldes. Sus más recientes investigaciones se han centrado en la imagen digital.

Su actividad docente se ha desarrollado en la Universidad del País Vasco y en la de Salamanca, donde actualmente ejerce como catedrático de dibujo y grabado. En este campo, en la enseñanza universitaria ha introducido numerosos programas inéditos con contenidos extraídos de sus investigaciones y adaptadas al contexto docente. En este mismo campo ha llevado a cabo numerosos cursos extra-universitarios impartidos en las más prestigiosas instituciones nacionales como la Fundación Miró, la Calcografía Nacional, la Fundación Goya de Fuendetodos o la Fundación Caja de Ávila. Estos cursos se han caracterizado por impartir contenidos inéditos como resultado de investigaciones realizadas especialmente para ellos.

Fuentes ha dirigido tres proyectos de investigación artística internacionales. En ellos han participado artistas de distintos contextos artísticos internacionales y se ha mostrado en lugares como Colombia, México o Italia y en España en instituciones de distintas ciudades, como Valencia, Alicante, Albacete, Madrid o Salamanca. Los títulos de los proyectos son: «Gliptodonte. Una mirada a través del arte», «Arte Cisoria» y «Argentina. Arte y Paleontología». Actualmente dirige la parte de gráfica del Simposio Internacional de Arte de Guarda (Portugal), la propuesta de Cursos Extra-universitarios de la galería-taller La Calcografía de Salamanca y el proyecto de transformación artística de la ciudad de Santa Marta, siendo director del Instituto Universitario de Investigación en Arte y Tecnología de la Animación de la Universidad de Salamanca.

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