Cuentinos tristes

La frágil memoria de Acilina

Un nuevo 'cuentín triste' de Juana Mari San Millán.

Cuentinos tristes

La frágil memoria de Acilina

/por Juana Mari San Millán/

Todo lo confundo, lo tergiverso, lo trabuco: las geografías, las fechas, el presente y el pasado (el futuro no cuenta para mí ni pita para vosotros, me temo), los personajes, los cánticos, las historias, los juegos… Todo.

La memoria se me muestra escurridiza, retozona, traviesa y, las más de las veces, amarga. Creo tener una memoria auditiva más que visual. Recuerdo con dificultad las imágenes, las escenas de las películas, pero retengo con nitidez las músicas, los sonidos que cuelgan de la radio o de la tele, o estallan desde las pantallas gigantes de los cines. Identifico a la gente por la voz, que no por los rasgos de la cara, el color del pelo o la vestimenta. Me enamoraba por el oído, por la palabra, por las caricias de un susurro, que no por las apariencias físicas o las emociones que exudan desde la piel. De moza, en el baile no me conquistaba el mejor danzarín o el más bizarro galán, sino aquel que me galanteaba con cuentos melosos, aquel que esforzaba sus mañas seductoras con convincentes alardes lisonjeros, con apasionadas declaraciones de amor al oído.

En los surcos de mi memoria se incrustan los lloriqueos nítidos en que prorrumpieron mis hijos al nacer. José Manuel se deslizó hasta la vida con un llanto pausado, tranquilo, como de bolero que se baila a lo agarrado, como a mí me gustaba bailar, que el baile a lo suelto pareciome siempre propio de infieles, de tribus sin civilizar. Que suele repetir Sagrario, la hija de Maturina, que los mejores bailarines de Santibáñez eran mi hermano Luis y el Fotos, pero no estoy de acuerdo, que el mi Corsino atesoraba el ritmo interior de un querubín que te llevaba a la encantación, que yo creo que fue eso lo que me cautivó: sus movimientos reposados, acompañados por una voz melodiosa que tejía enredaderas en mis orejas. Begoñita, al asomarse al mundo, lanzó unos lloros continuados e interminables, de esos que parece que no acaban nunca, que te pueden dejar sin respiración, que provocaban tal angustia que apetecía zarandearla, agitarla, lanzarla al aire para cortar de cuajo la llantina por miedo a que se quedase, como digo, sin respirar. Luis Alfredo irrumpió con un lloriquear tajante, rabioso, como si sufriera ataques de hipo, como si naciera con un cabreo monumental. Rosa, nada más brotar, dibujó infinidad de pucheros, una colección de morritos cambiantes, de fociquinos graciosos que pronosticaban, anticipaban efusiones entrecortadas de un llanto más tenue que fuerte, más de sentimiento que de rabieta.

Ya digo que dispongo de una memoria poco fiable, como aquella que oye campanas sin saber de dónde provienen los tañidos. Y poco ordenada. Saco al final los nacimientos de mis hijos cuando debiera haberlos relatado al comienzo. No tengo remedio. En todo caso, sí que estoy en condiciones de afirmar, desde este limbo neutro que tengo asignado, desde este misterioso terrado, este escondido mirador incoloro, inodoro e insípido, sin chicha ni limoná, según dejé anotado en otro cuento —una vaporosa demarcación semejante a aquella a la que van a parar las almas antes de alcanzar el uso de razón, o sea, los niños que fenecen niños, como la niña Ester, la de la párvula boca moribunda, o las criaturas inocentes como Estelita—, decía que estoy en condiciones de demostrar que esto de la vida, la muerte y lo demás no deja de ser un juego de niños fiero y embarullado, una canción infantil extravagante, trastornada, más triste que jubilosa, más acorde con el sabor de una naranja agria que con el de una pera en dulce, ya digo.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

1 comment on “La frágil memoria de Acilina

  1. •~…qué bueno está… me lo disfrute y me identifique en muchas cosas con lo que se cuenta. Gracias por compartirlo!~•

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