Poéticas

En un día sencillo y hermoso, limpio de retóricas

Héctor Tarancón Royo se estrena como colaborador de EL CUADERNO reseñando 'Vino para los náufragos', XI Premio de Poesía «Antonio Gala», de José Alcaraz, que describe como un poemario «con una levedad vitalista, extrema y contradictoria, los versos difuminan la nostalgia, tan falsa y presente en el ideario social, y la alienación que gota a gota va derrotando la psique de cualquier persona».

En un día sencillo y hermoso, limpio de retóricas

/una reseña de Héctor Tarancón Royo/

José Alcaraz

Cuando se habla de la creación lenta, aquella que no está dentro del tiempo acelerado de la economía y los medios de comunicación, se suele imponer un tinte romántico que la difumina en el horizonte. Bien por la comparación con otras técnicas, como la pintura al óleo o la escultura en mármol, o por la alusión a siglos pasados, para nosotros siempre idílicos, se origina un gran vacío de significado. Parece noble y eficaz aludir también a nombres de grandes creadores (cuántas veces se han maltratado en entrevistas y críticas), pero lo único que acumula el creador son etiquetas que difícilmente eliminará. La banalidad entra en juego y, en el caso de la poesía, esto se intensifica al justificar esa actitud como una larga meditación. Se habla, entonces, de que el poeta ha elegido sus composiciones y versos con sumo cuidado, dejando que sea el tiempo quien hable hasta que haya algo que realmente valga la pena decir. Agarrados a él como si fuera nuestra única salvación, hemos impregnado de romanticismo nuestra visión del mundo y, sin saberlo, hemos condenado nuestro presente alejándolo y elevándolo sin un motivo real.

Vino para los náufragos, XI Premio de Poesía «Antonio Gala», de José Alcaraz, es un ansiolítico difícil de tragar. Sin estar precisamente en un psiquiátrico, aunque el mundo a menudo lo desmienta, los versos nos van obligando a asimilar lo que contienen. Sin agua, ni posible ayuda, hace que nos relajemos y aceptemos mejor la realidad, pero esta, en su persistencia, transforma la ansiedad por cumplir con las obligaciones en otra expandida, omnipresente, derivada de respirar y estar en el mundo. Con una levedad vitalista, extrema y contradictoria, los versos difuminan la nostalgia, tan falsa y presente en el ideario social, y la alienación que gota a gota va derrotando la psique de cualquier persona. Además, el humor sutil y aforístico, que muchas veces se desprende del mensaje, rompe con cualquier lamento o filosofía existencialista, además de considerables décadas de intensidad emocional y proclamas rápidas y superficiales. Si hubiera que resumirla, la poesía de Alcaraz sería la tristeza de un ser inmortal que se sabe invencible e imperecedero ante el mismísimo fin del mundo.

No obstante, no se trata de una tristeza absolutista y pesada. Alude, más bien, a una emoción sosegada, como la que permanece en nosotros a lo largo de nuestra vida, espesa y lacerante, pero salvable si la actitud resiste la inmediatez y la intensidad. Si la cita al comienzo de Manuel Altolaguirre, que da título al poemario, alude al ejercicio de resistencia, tan necesario en estos tiempos inciertos e ingenuos, el primer poema, «Waltz Whitman», es toda una declaración de intenciones, un manifiesto, de todo lo que va a venir después. Por él desfilan, tranquilamente, y sin demasiada importancia, el rechazo de la vanidad, sin duda uno de los males de la literatura, de las fronteras y la patria, por una compartida por todos, y de los lugares comunes, hablando vital y literariamente. También es un juego identitario (que se completa con el último poema, «Llamada») sobre la multiplicidad de voces, sensaciones y situaciones que pueden llegar a caracterizar a alguien. Precisamente, es ese mirarse desde afuera con total naturalidad, sabiéndose débil o fuerte según en qué aspectos, dejando a los objetos y los hechos hablar, el golpe de gracia estilístico del poeta y editor cartagenero.

A su vez, la construcción aparentemente sencilla de los versos, y de cada una de las partes, esconde una cuidada planificación, que abre y cierra a la perfección un periodo, un momento cotidiano, como el acto mismo de abrir una puerta. Con ese lenguaje asequible para todos los públicos, Alcaraz desmiente la validez de las metáforas elevadas, las composiciones retorcidas, los tecnicismos y las modas por complicar, innecesariamente, el discurso para elevarlo, esto es, el camino fácil. No son necesarias las grandes alusiones, ni la épica de los acontecimientos divinos, sino simplemente el transcurso ordinario de los días. A través del silencio, demuestra el poder evocador del lenguaje cuando se reduce a sus mínimos y, como consecuencia, crea un torrente lleno de ritmo que arrastra y, sobre todo, seduce el oído de sus lectores. ¿Deja esto espacio para la incertidumbre? Asentado en la duda, más que en el asombro, su poesía cuestiona y hace de su hogar una duda olímpica tan ardiente como enigmática.

Este Vino para los náufragos nos enfrenta a todo lo que somos y no queremos reconocer. Con el espejo delante, y sin opción de volvernos, el canto al fin de los valores, la impostura y la cursilería no es sino una certeza inexorable, mortal, y dulce. Desde 2007, con Usted está aquí, José Alcaraz ha construido con paciencia e intuición su trayectoria literaria desde la periferia, en Cartagena, sin redes sociales ni apenas entrevistas. Desechando la biografía, y el problemático ego del artista, se ha emplazado en un lugar que deja que la obra hable por sí sola, algo poco frecuente, pero que siempre es de agradecer. Por tanto, no pertenece ya al futuro de la poesía española, ni por su edad ni por su carrera literaria y editorial (junto a María del Pilar García), sino que está en su mismo presente, dentro de una sólida y profunda miríada de voces, esté su contemporaneidad inmediata atenta o no.


Selección de poemas

El pañuelo

De niños, en aquel juego agarrábamos
el pañuelo y corríamos huyendo
de una sombra que iba tras nosotros.
Qué terrible o qué hermoso comprender,
ahora, que el pañuelo era la vida,
que el juego era alejarse de la infancia.
Recordaréis que a veces, de tan rápidos,
tomábamos en falso aquella tela,
pero igual galopábamos sin más.
Decidme —todavía entre clamores,
aún entre jaleos y palmadas—,
decidme que no habéis dudado nunca,
Que no os miráis las manos como yo.

Libros

Para Adolfo Belmonte

—¿Y por qué los libros?
—Cuando te duele un punto del cuerpo, llevas tus manos
hasta ahí con alguna esperanza de alivio, ¿no es cierto?
—Así es.
—Y cuando te duele la vida, ¿adónde las llevas?
—No sabría decirlo.
—Por eso hay libros que forman parte de nosotros, para llevar
nuestras manos hasta ellos cuando la vida nos duele.

Deseo

Vecino de los sueños o de enfrente,
que la sonrisa sea cierta, que guarde alguna llama,
que no la sople de un suspiro, cerrándose,
la puerta de casa cuando entráis.

VI

Subrayo un libro de filosofía.
El lápiz recorre en línea sucesivos renglones.
El rumor de su paso por el papel me recuerda
al de las olas en la orilla de un mar tranquilo.
Olas trazadas bajo constantes horizontes.



Vino para los náufragos
José Alcaraz
Alhulía, 2018
86 páginas
10€


Héctor Tarancón Royo tiene la escritura, y la corrección de textos, como principal sustento vital y evoluciona cada día con la crítica cultural a través de artículos, entrevistas, exposiciones, libros, conferencias, textos de catálogo y guiones cinematográficos. Estos han sido difundidos en medios como A* Desk, Culturamas, El Coloquio de los Perros, Exit-Express, La Opinión de Murcia, Revista de Letras, Tebeosfera o Vísperas. Con especial atención a los discursos artificiales e ideológicos, se sitúa a contracorriente de la mediocridad y el conformismo. El resto consiste en mirar con desdén los obstáculos que nos presenta este viaje. Su contacto es hector.tarancon@outlook.es, y os espera impaciente.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

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