Crónicas ausetanas

La desaparición de la cultura judía en Europa

Escribe Xavier Tornafoch que hoy en día, visitar los antiguos barios judíos de Europa es pasearse por lugares sin ninguna personalidad, donde los antiguos barrios hebreos, como Josefov en Praga o Kasimierz en Cracovia, han sido transformados en lugares cool, repletos de bares de copas y tiendas de moda.

Crónicas ausetanas

La desaparición de la cultura judía en Europa

/por Xavier Tornafoch/

La desesperación que llevó al suicidio a Stefan Zweig, el escritor austriaco que acabó con su propia vida en 1942 en la ciudad brasileña de Petropolis, estaba relacionada con su situación personal: el exilio lo ahogaba, pero sufría especialmente la crisis europea que había arrasado el mundo que él conocía, ahora dominado por la intolerancia, el racismo y los nacionalismos. La Europa de preguerra, en la que Zweig había sido un escritor famoso y reconocido, ya no existía. El Imperio austrohúngaro, del que fue un orgulloso ciudadano, fue un Estado plurinacional, multirreligioso y plurilingüístico, en el que era posible transitar sin pasaportes y sin fronteras y donde el mundo judío, al que pertenecía, podía desarrollarse con cierta comodidad, después de siglos de persecuciones. Cuando los nazis llegaron al poder, proyectaron una imagen absolutamente distorsionada de los judíos europeos, los cuales fueron presentados bien como oligarcas insensibles bien como fanáticos religiosos, cuando, en realidad, la mayoría de ellos, especialmente en la Europa occidental, eran personas de clase media, u obreros, que no practicaban la religión tradicional y que se sentían leales ciudadanos de los estados en los que vivían.

La epidemia de nacionalismo que invadió el continente con el estallido de la Gran Guerra (1916-1918) destruyó en pocos años esa realidad social. El avance del fascismo y el nazismo significaron el certificado de defunción de la Europa que Zweig había amado. Se llevaron a cabo actos antijudíos en muchos países europeos, que culminaron con las infames leyes de Núremberg (1935) que retiraban la nacionalidad alemana a toda la población judía e impedían su participación activa en la vida social del país. Después de estas normas vinieron las persecuciones y el posterior exterminio de casi seis millones de personas. Ciudades como Praga, Vilnius, Viena o Łódź, con importantes contingentes de población de origen judío, perdieron a casi todos sus vecinos no cristianos. Bellísimas sinagogas, algunas de más de trescientos años de antigüedad, como la de Lviv (Ucrania), fueron destruidas y abandonadas. La Europa continental perdía unos de sus elementos culturales y religiosos constitutivos. Durante centenares de años, los judíos habían formado parte de la historia europea, pero en aquel momento fueron exterminados. Europa ya no sería lo mismo. Este vacío fue lo que, a la postre, acabó con la vida de Zweig, imposibilitado de recuperar un mundo que había dejado de existir.

Hoy en día, visitar alguna de esas ciudades vaciadas de su original población judía es pasearse por lugares sin ninguna personalidad, donde los antiguos barrios hebreos, como Josefov en Praga o Kasimierz en Cracovia, han sido transformados en lugares cool, repletos de bares de copas y tiendas de moda. Los judíos europeos eran ante todo europeos; su desaparición dejó huérfana a la cultura continental de uno de los elementos que habían formado su tránsito hacia la modernidad. En poco tiempo, escritores, filósofos, banqueros, líderes sindicales y políticos, científicos, médicos y técnicos de todas clases murieron en los campos de concentración o abandonaron el continente en dirección a América o a Palestina, asqueados por el tormento al que habían sido sometidos. En Oriente Medio constituyeron el Estado de Israel, en conflicto abierto con los palestinos, a los que han arrinconado en unos pocos territorios, originando otra sangrante diáspora. Algunas de las cifras de la persecución judía son escalofriantes y la forma en que fue ejecutada, en lugares tan tristemente famosos como Auschwitz (Polonia) o Mauthausen (Austria), está íntimamente relacionada con la civilización industrial, tal y como evidenció Hannah Arendt, la filósofa norteamericana de origen germanojudío que siguió el juicio contra Adolf Eichmann en Jerusalén, lo cual hizo que esa barbarie no fuera percibida como tal por muchos de los que participaron en ella, ya que sólo se veían como engranajes de una máquina de la que ellos, al fin y al cabo, no eran responsables. Sea como fuere, la Europa de la primera mitad del seglo XX renunció a una parte muy importante de su idiosincrasia en aras de una pureza racial y cultural que, en realidad, sólo existía en las mentes de los nazis y fascistas que llevaron a cabo tales atrocidades, pero que carecía de bases históricas que las sustentaran.

En España, esta amputación cultural, por motivos raciales y religiosos, se había producido muchos años antes, en 1492. Igual que en la Europa central u oriental después de la segunda guerra mundial, algunas ciudades perdieron a buena parte de su población, como es el caso de Toledo, y todo un mundo se derrumbó, ya que, junto a los artesanos y mercaderes, salieron de la península filósofos y pensadores, muchos de los cuales fueron a parar a los Balcanes, conservando el castellano tardomedieval como una seña de identidad del judaísmo sefardí. Es por eso que una de las lápidas que recuerdan a las personas que fueron asesinadas en Auschwitz está escrita en ese español antiguo: «Ke este lugar, ande los nazis eksterminaron un milyon i medio de ombres, de mujeres i de kriaturas, la mas parte djudyos de varios payzes de la Europa, sea para siempre, para la umanidad, un grito de dezespero i unas syniales». Es un recuerdo emocionado a los miles de judíos sefarditas que vivían en Salónica (Grecia), cuyo idioma materno era el castellano, y que fueron deportados a ese campo de concentración, donde la mayoría fallecieron.


Xavier Tornafoch i Yuste (Gironella [Cataluña], 1965) es historiador y profesor de la Universidad de Vic. Se doctoró en la Universidad Autónoma de Barcelona en 2003 con una tesis dirigida por el doctor Jordi Figuerola: Política, eleccions i caciquisme a Vic (1900-1931) Es autor de diversos trabajos sobre historia política e historia de la educacción y biografías, así como de diversos artículos publicados en revistas de ámbito internacional, nacional y comarcal como History of Education and Children’s LiteratureRevista de Historia ActualHistoria Actual On LineL’AvençAusaDovellaL’Erol o El Vilatà. También ha publicado novelas y libros de cuentos. Además, milita en Iniciativa de Catalunya-Verds desde 1989 y fue edil del Ayuntamiento de Vic entre 2003 y 2015.

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