Poéticas

‘Vibración de sombras’, de Sergio Arlandis

Carlos Alcorta reseña una antología de poesía amorosa en la que el lector no encontrará «nada de amor platónico, ni de amor inalcanzable», sino sólo «amor espiritual pero también físico en el que el deseo es una parte sustancial, imprescindible».

Vibración de sombras, de Sergio Arlandis

/una reseña de Carlos Alcorta/

Sergio Arlandis

Estoy seguro de que a Sergio Arlandis (Valencia, 1976) no le ha resultado fácil preparar esta antología de su poesía amorosa, porque toda su obra poética —me atrevo a decir que incluso su obra ensayística— está recorrida, de un modo más o menos evidente, por un impulso amoroso, aunque este se pueda dividir en, al menos, dos corrientes, pero corrientes permeables que muestran muchas relaciones entre ambas. Una de ellas, la predominante, tiene que ver con el amor a la persona con la que comparte su vida, a la familia, al ser humano en general; y otra, que no es difícil entresacar de sus versos, tiene que ver con su amor al lenguaje, a la palabra poética: de ahí que me atreva a especular sobre el grado de dificultad que conlleva elegir y desechar, en su caso, unos poemas u otros. Además, como Jaime Siles afirma el magnífico prólogo que precede a los poemas, «la poesía amorosa tal vez sea la más fácil de hacer pero también la más difícil de escribir» y aquí es donde interviene esa combinación exacta de intensidad y emoción que hace que un poema sea memorable. Siguiendo de nuevo a Siles, «ello se debe a que entre sentimiento y poema, hay una distancia que solo la consciencia, la voluntad artística y el conocimiento de la técnica pueden salvar». Creo que esto se puede resumir en el amor por el lenguaje poético al que me he referido más arriba, sin dejar de mencionar esa necesidad vital de dar amor y de sentirse amado. De esta convicción partimos, pues, a la hora de comentar esta selección de poemas que está estructurada de un modo especial, un tanto arbitraria para el lector, pero con un argumento emocional que lo sustenta: «Así, visto con perspectiva —escribe Arlandis en la “Nota del autor”— podría entender que existen tras grandes focos de atención temática en estos poemas amorosos, con otras tres estancias de transición, de cambio, que he querido resaltar ya desde su estructura». Estos tres grandes focos están integrados en libros como Cuando solo queda el silencio (1999), Caso perdido (2009), Contexturas (2013), Desorden (2015) e (In)verso (2017), más algunos poemas publicados en revistas.

El libro esta dividido en seis secciones, la primera «Tu pronombre vibrando en mi boca», que comienza con un poema muy definitorio, «Anunciación de la carne», y es que la parte carnal es de suma importancia en la relación amorosa que defiende Arandis. Nada de amor platónico, ni de amor inalcanzable: amor espiritual pero también físico en el que el deseo es una parte sustancial, imprescindible, en ese concepto de amor como absoluto (más en la estela de Propercio que en la de Ovidio, para entedernos): «Esta extraña avidez de entrar/ en la erguida llanura de tu piel,/ y hundir la boca/ sobre tu carne,/ como la luz entra en los vastos/ ramajes de adelfas en flor».

La segunda sección se titula «Las máscaras) y se concibe como una suite. Y está compuesta por un largo poema, «El diálogo del vals», dividido a su vez en nueve estancias. La segunda comienza con estos versos suficientemente testimoniales: «El vals, sí, este vals es otra máscara/ para clamar esa constante lágrima/ que quiere arder pero no sabe dónde». La influencia alexandriana está deliberadamente a la vista (el poema es, en palabras de Siles, «un diálogo con el poema “El vals” de Vicente Aleixandre: un diálogo monológico, en la que la voz del poeta del 27 y la de valenciano se entrecruzan, se anudan, se responden», como no podía ser de otra forma, pues para Aleixandre el amor era la más alta expresión del ser humano.

«Percusión de sombras» es la tercera sección; una sección en la que el deseo se erige como leitmotiv del agrupamiento. Así nos consta desde su primer poema, «Atuendo de incertezas»: «Qué amor viste los cuerpos,/ cuando nos desnudamos/ para zurcir sombras?// Mas cuando ya dormimos/ y se visten los cuerpos,/ en sombras ¿qué se cuentan?». Un deseo capaz de vencer todas las dificultades cotidianas inherentes a la propia convivencia, como leemos en el poema de evocador título, «Resistencia»: «Y lo sé porque acercas/ tus ascuas al desnudo, con el tono/ de tierra de tus ojos,/ resistiendo la opacidad del tiempo,/ y mi tristeza/ junto a la tuya/ crean su propia alegría».

La cuarta sección, otra suite, la integran poemas escritos en dos años, 1998 y 1999. Son primeros poemas en los que adivinamos el impulso posterior que toma la poesía de Arlandis, quizá en agraz aún y con un lenguaje excesivamente deudor de las servidumbres del corazón, del apasionamiento, pero en los que no resulta difícil adivinar el sesgo posterior, domeñado ese vulcanismo inicial, que tomará su poesía. El libro termina —si descontamos los aforismos finales— con la sección «La línea de las manos», en la que el tacto asume el protagonismo en el conocimiento mutuo.

La particular ordenación de los poemas de Vibración de sombras que ha realizado Arlandis permite un ir y venir por las distintas fases del amor, por los distintos episodios del enamoramiento —desde las tentativas iniciales hasta la fase de ascenso a la plenitud, pero también al posterior declive— , pero hurta a la narración una cronología que permita establecer un orden comprensible. Con esta articular técnica, Arlandis consigue algo de enorme importancia —y que, creo, es una de las razones de una antología como esta—: que cada poema se lea como una entidad autónoma, sin supeditarse al resto de poemas. Cada poema es una historia, una secuencia impermeable al devenir de la existencia, por eso augura un largo eco en la memoria.


Selección de poemas

Invocación concreta

(Caso perdido, 2009)

Todo tendrá sentido:
los brazos serán templos oscuros,
altares para la ofrenda del cuerpo.
Cinco dedos buscarán tu respuesta.
Te invocaré,
con los ritmos de mi sangre y sus vítores.

Ahora solo falta que esta noche aparezcas
y cerremos el círculo.

(In)verso, III

([In]verso, 2017)

No se puede medir
el vacío, pero tiene su exacta
forma, y la rigidez de una costilla
y el tacto del barro
o el sabor de un fruto con la tersura
estéril de su destino, una vez
pasa por el arco de tu boca.
El vacío es la conca de las manos
que no te acogen.

El diálogo del vals, I

([In]verso, 2017)

A Rafael Soler

Año mil novecientos treinta y uno,
en un lugar cualquiera del salón
y creyéndome vivo aún hoy, oh sí, como el vals
agrietado del viejo cuadro de época. Vivo,
a través de los ojos
de un poeta no tan joven,
y quiero imaginarme como voz invasora,
cuerpo invasor, nacido
del invadido cuerpo, como sombra
que abraza las paredes de las casas en ruinas.
Así: la espalda arqueada, y clavando
sus dedos sobre las cuadradas letras
de alabastro. Y son —mas no lo sabe—
afilados buriles que tallan la incerteza
que da el aliento propio sobre aquellas
palabras que le son impropias
¿Su vida? ¿Quién disfruta de la vida
contada por uno mismo? Hay más libertad
en la piel de otra mano que escribe sobre ti,
y es libre quien no debe rendir cuentas al río
que no regresará nunca a los árboles,
aunque sus copas vuelen bajas
y al aire besen, como los libros deshojados.
Ser el otro también divide deseos
y realidades a partes iguales:
¿Y no es la vida la gran quimera de los panes
y los peces? Entonces es quizá
el amor otra máscara si solo se siente
danzando sobre la tensada piel,
y es música que nos rompe en el fondo.
¿Qué te sorprende si ya lo has sentido?

Cárcel de sombra

(Caso perdido, 2009)

Siempre del centro de la luz emana
la oscuridad adversa.
Aunque sea una zarza ardiente
en un mundo de sombras:
es el dolor de todos los reversos.
Mas no digáis que, a pesar de acatarlo,
no es hiriente para los ojos
como para la mano esperanzada,
saber que hasta el propio hecho de amar
lleva consigo
la triste cárcel de sus sombras.


Vibración de sombras: antología de poesía amorosa (1998-2018)
Sergio Arlandis
Takara, 2019
117 páginas
12€


Carlos Alcorta (Torrelavega [Cantabria], 1959) es poeta y crítico. Ha publicado, entre otros, los libros Condiciones de vida (1992), Cuestiones personales (1997), Compás de espera (2001), Trama (2003), Corriente subterránea (2003), Sutura (2007), Sol de resurrección (2009), Vistas y panoramas (2013) y la antología Ejes cardinales: poemas escogidos, 1997-2012 (2014). Ha sido galardonado con premios como el Ángel González o Hermanos Argensola, así como el accésit del premio Fray Luis de León o el del premio Ciudad de Salamanca. Ejerce la crítica literaria y artística en diferentes revistas, como ClarínArte y ParteTuriaParaíso o Vallejo&Co. Ha colaborado con textos para catálogos de artistas como Juan Manuel PuenteMarcelo FuentesRafael Cidoncha o Chema Madoz. Actualmente es corresponsable de las actividades del Aula Poética José Luis Hidalgo y de las Veladas Poéticas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Mantiene un blog de traducción y crítica: carlosalcorta.wordpress.com.

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