Arte

Dosis mínimas: el silencio del ama de casa frente al ruido del ocio ajeno

El Colectivo Offmothers estrena en el Museo Barjola de Gijón un proyecto multidisciplinar que persigue tomarle el pulso a las distintas maneras con que a la mujer se la obliga a ser una superwoman que amase los carismas de madre, cocinera, oficinista, limpiadora, educadora, emprendedora y siempre cuidadora y dispuesta a aplazar cualquier proyecto personal.

Dosis mínimas: una exposición del Colectivo Offmothers sobre el silencio del ama de casa y el ruido del ocio ajeno, la enfermedad que no tiene nombre y el grito de quien la denuncia, los malestares sociales tratados como patologías individuales y las catarsis sociales convertidas en patologías individuales

«Se trata una instalación site-specific en la que se reproduce una tienda de campaña familiar, de finales de los setenta, asentada sobre una parcela de camping. En la escena no hay sujetos sino solo objetos y sonidos que nos hablan de la presencia de una mujer a la que reconocemos por su trajinar en torno a la tienda. También hay sonidos de ocio, pero no corresponden a ella sino a quienes la rodean. La mujer sin voz, presente y ausente irá conquistando la palabra a lo largo de una narración que se desarrolla durante quince minutos que termina con una especie de catarsis de transvaloración de los valores». Así presentan sus autoras la exposición que, desde el 20 de diciembre de 2019, acoge el Museo Barjola de Gijón bajo el nombre de Dosis mínimas; un proyecto multidisciplinar que persigue tomarle el pulso a las distintas maneras con que a la mujer se la obliga a ser una superwoman que amase los carismas de madre, cocinera, oficinista, limpiadora, educadora, emprendedora y siempre cuidadora y dispuesta a aplazar cualquier proyecto personal.

Son el Colectivo Offmothers, que arrancó su andadura en 2014, cuando las componentes del mismo, Susana Carro, Natalia Pastor, Elena de la Puente, Roxana Popelka, Eugenia Tejón, Gema Ramos y Blanca Prendes se reunieron al amparo de una residencia artística organizada en el espacio de trabajo ParaisuRuralExtendido, y que continúa continúa a día de hoy animado por el ímpetu de convertirse en veta de resistencia contra los referentes tradicionales de la maternidad. Un proyecto nacido con vocación de permanecer y perseverar en la conciliación de ser madre y desarrollar un proyecto artístico. En este cuestionario, responden a preguntas sobre sus objetivos e ideas.

Su trabajo busca señalar las dificultades que enfrentan las mujeres —ahogadas por el trabajo doméstico y de cuidados y la abnegación que se exige socialmente que conlleve la crianza— para hacer arte; en suma, la falta pertinaz de una habitación propia como la que reclamaba Virginia Woolf. «El mito del amor materno como algo único e insustituible es el pilar ideológico que potencia la responsabilidad materna, exime a los varones de la misma y justifica que todo interés de crecimiento personal y artístico quede relegado», afirman. ¿Podrían ilustrar todo esto con ejemplos personales?

Huimos de ejemplos personales porque pensamos que la difícil conjugación entre maternidad y proyecto personal no es un problema de individualidades sino un problema político. Como problema político que es, tiene un perfil estandarizado que subyace a cualquiera de cada una de sus manifestaciones individuales y que sería el siguiente: las mujeres contemporáneas conquistan y acceden gustosas al mundo laboral pero, al mismo tiempo continúan con sus responsabilidades como amas de casa convirtiéndose en una especie de superwomen. No renunciar al ámbito laboral y no renunciar al ámbito familiar supone un nivel de autoexigencia tan impracticable que genera problemas de identidad. A esto hay que añadir que, en el terreno de lo público, las mujeres están peor pagadas que los hombres en el desempeño de ciertos trabajos y que tienen mas dificultades para acceder a ciertos puestos de relevancia y, en el terreno de lo privado, las estadísticas certifican que el reparto equitativo de las tareas domésticas solo se produce cuando los hombres no disponen de un  trabajo remunerado y las mujeres sí. La solución a esta cadena de problemas no pasa por respuestas individuales sino por un cambio radical de las instituciones públicas y privadas ancladas en una ideología patriarcal. Se trata pues de buscar respuestas políticas a problemas políticos.

En 2016 organizaron una instalación sonora titulada Acordamos un viaje perfecto con el objetivo de profundizar en la ambivalencia amor/odio en la experiencia de la maternidad. De esos nubarrones en el amor y satisfacción sin mácula que de la maternidad se nos dice que es, es muy difícil todavía hablar: cualquier expresión de incomodidad con respecto a la maternidad es fuertemente penalizada. Recuerdo en este sentido, por ejemplo, la polémica tremebunda que desataron hace unos años unas declaraciones de Samantha Villar en ese sentido. ¿Lo viven de ese modo?

Precisamente porque lo vivimos así y porque es vivencia común a muchas mujeres nos atrevemos a decirlo y denunciarlo. La maternidad es un extraño compromiso entre narcisismo, altruismo, sueños, sinceridad, rechazo y satisfacción, resignación y el entusiasmo. Frente a esta realidad vivida se ha construido un falso ideal de la maternidad en el que el amor se muestra como ejercicio de entrega sin mácula posible y, por tanto, único e insustituible. Es el mito del amor materno construido desde una perspectiva patriarcal e interesada ya que potencia la responsabilidad materna, exime a los varones de la misma y justifica que todo interés de crecimiento personal y artístico quede relegado.

Hoy han trasladado su campo de reflexión al hogar como construcción discursiva y denuncian «cómo mujeres y madres son domesticadas desde y por un hogar que dificulta el desarrollo de sus proyectos existenciales y barre los rasgos que las diferencian en tanto personas». ¿De qué maneras arrojan luz sobre esta cuestión?

La cuestión de la construcción cultural del hogar la comenzamos a trabajar en relación a la exposición Animales domésticos. En aquella ocasión consideramos oportuno recordar cómo ya en el siglo XVIII Rousseau introdujo la distinción entre el ámbito público y privado y, con ella, la asignación de roles por razón de género. Lo emocional quedaría recluido al ámbito de lo privado y las mujeres serían nombradas fieles guardianas de los sentimientos. En paralelo se produce la paulatina transformación de la casa como centro de producción, al hogar como cálido refugio para el marido, escuela de virtudes para el niño y de buenas maneras para la niña.

Del siglo XVIII a nuestros días las arquitecturas de la casa se han sucedido y evolucionado, auténticas revoluciones tecnológicas y cambios de paradigma estético frente a los cuales una constante se resiste: la mujer como parte inexcusable de la casa. Sin negar los avances conseguidos en materia de equidad, a día de hoy, son numerosas las situaciones en las que trascender el ámbito de lo doméstico es algo que, a las mujeres, se nos dificulta más que posibilita. Y esa obstaculización no hace sino construirse a partir de la identificación de la mujer con el hogar y la crianza; la mujer doméstica domesticada para mantener el orden familiar.

Consideran —dicen en el dossier— que «no sólo el resultado final de la obra tiene valor sino que el proceso mismo de debate y creación es un mecanismo de enriquecimiento que no ha de ser obviado». Se percibe en ello una reivindicación de lo colectivo; del arte como una experiencia colectiva, que recuerda a una cita de William Morris en ese mismo sentido. Escribía Morris en uno de sus artículos sobre cómo la obra colectivamente acometida expresa «a la vez la compenetración y el placer que han obtenido [sus autores] al realizarla: ninguna inteligencia, ni siquiera la más elemental, habrá sido anulada, sino que, al contrario, se habrá puesto a su servicio, de tal modo que nadie, desde el arquitecto hasta el más humilde obrero, podrá decir “Esta es mi obra” sino “Esta es nuestra obra”». ¿Es ése su objetivo, es ésa su sensación con respecto a su trabajo?

Efectivamente la colaboración es otra de las señas de identidad del Colectivo Offmothers y, lejos de ser sin más nuestra técnica de trabajo, es también una reacción política contra la categoría de genio. El genio ha estado tradicionalmente ligado al sexo masculino como si se tratara de un rasgo determinado biológicamente que excluye a las mujeres de cualquier pretensión artística. George Sand fue calificada por el mismo Renoir como una «ternera de cinco patas, un monstruo», y no porque el insigne pintor tuviera nada personal contra ella, sino porque, en términos generales, «la mujer artista es sencillamente ridícula» Podríamos recordar también la célebre sentencia de Goncourt «no hay mujeres geniales: las mujeres geniales son hombres» que resume a la perfección el modo de pensar más generalizado: la mujer-genio no es factible ya que se trata de una contradicción en los términos.

Frente a esta tradicional lectura de la historia del arte nosotras pasamos a la acción reivindicando un nuevo modo de trabajo: el llamado arte de colaboración. La colaboración artística es, a nuestro modo de ver, otro reflejo inmediato de la influencia del feminismo sobre el arte, pues se inspira en la noción radical de sororidad o hermandad de las mujeres frente a una experiencia común de opresión. Las mujeres del colectivo nos aliamos, nos hermanamos, para trabajar en un arte comprometido en la transformación social. Además, con esta técnica de arte en colaboración retomamos el igualitarismo y la antijerarquía; claves organizativas básicas en un colectivo en el que cada miembro aporta según sus aptitudes y circunstancias. No hay roles y las voces especializadas se diluyen dentro de un trabajo interdisciplinar que muta enormenete desde los proyectos originales llegando a síntesis de estéticas y perspectivas consensuadas mediante la discusión y el diálogo. Los procesos de trabajo son arduos, sometidos a constante debate pero siempre acaban con una solución para todas enriquecedora.

Curiosamente, es de aroma ilustrado una cosa que dicen con respecto a una charla que Susana Carro impartirá bajo el título «Amor de mala madre»: hablan de «atreverse a repensar» el amor materno, lo que trae a la memoria el sapere aude kantiano. ¿Hace falta una nueva Ilustración que corrija los errores de la primera?

Por supuesto, el pensamiento ilustrado fue el primero que habló de igualdad, pero también el primero en incumplirla o, al menos, no hacerla extensiva a nivel universal. A pesar de la presencia de las intelectuales francesas en los salones del siglo XVIII y a pesar de la presencia de las mujeres en las barricadas revolucionarias, los filósofos ilustrados cerraron las puertas de la ciudadanía a aquéllas que consideraban ineptas para la vida pública. Si bien es cierto que la Ilustración proclamó la autonomía del sujeto moral y estableció las bases para la democracia contemporánea, sin embargo, hubo algo en lo que se ancló al pasado y convino con el discurso teológico: el destino de la mujer es la crianza y el matrimonio. Ése es el gran atributo del patriarcado, que hace convenir discursos antagónicos consiguiendo que cierren filas en torno a la justificación de la subordinación de las mujeres.

Desde la perspectiva de género se ha repensado a Kant, a Rousseau y a todos los filósofos ilustrados intentando corregir sus errores y reconceptualizando categorías que habían sido construidas desde prejuicios patriarcales. El movimiento feminista es un movimiento igualitarista; somos, por tanto, hijas de la Ilustración. Pero hijas bastardas, pues hemos tenido que depurar esa razón ilustrada que había construido a una ficticia mujer ideal, que había dejado a las mujeres reales sin derechos, sin estatus y sin canales para ejercer su autonomía.

¿Qué artistas de cuantas en el mundo han tratado estos mismos temas les interesan o les han influenciado?

Martha Rosler, Judy Chicago, Eliane Radige, Jana Winderen, Barbara Kruger, Gertrude Stein, Itziar Okariz, Cristina de Pisan, Artemisia Gentileschi, Mary Wollstonecraft, Emily Dickinson, Georgia O’Keeffe. Diamantina Rodríguez, Socorro Noriega, Nori Redondo, María Luisa Díaz, María Rosa Quero, ‘La Pastorina’, Veneranda Fernández, Else Marie Pade, Norma Tanega, P.J. Harvey Patti Smith Suzanne Vega, Wanda Jackson, Poison Ivy, Las Cindy Sherman, Louise Bourgeois, Virginia Woolf, Susan B. Anthony y Georgia O’Keeffe…

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