Cuadernos tragicómicos

Asturceltas emboscados (1.ª parte)

Prosigue la polémica sobre el celtismo asturiano iniciada por Iván Álvarez en esta revista, continuada después con una réplica de Cristobo de Milio. Álvarez responde aquí a algunas críticas vertidas contra su texto en las redes sociales.

[Artículos previos de los que la polémica vertebrada por ellos es éste continuación: «Asturceltas», de Iván Álvarez, y «El asturcelta contraataca», de Cristobo de Milio]

/ por Iván Álvarez /

El 16 de diciembre vio la luz en El Cuaderno el artículo titulado «Asturceltas». El artículo obviamente tiene su trasfondo ideológico, que nunca se esconde; pero no deja de ser un artículo parodia, una sátira y, por qué no decirlo, un pasatiempo del que escribe. Esta premisa inicial debe tenerse en cuenta, no pretende ser exhaustivo, ni hacer una radiografía clarividente o un análisis quirúrgico del asturianismo. De hecho, si bien se señala en el texto que lo satirizado se puede localizar en el asturianismo y que a título personal es ahí donde lo he enfrentado, rápidamente se define como marginal, y que el objetivo de la crítica es el imaginario popular, y no tanto un movimiento político concreto. Me remito al segundo párrafo. Esto es importante porque en muchas de las respuestas recibidas se me acusó de querer ridiculizar a todo un movimiento. Falso. El celtismo banal, por emular a Michael Billig, es lo que tenía en mi punto de mira; esas expresiones tan ambiguas y tontas como «tener que ver con uno de X» o el reducir el concepto de cultura a lo folk, que se asume a veces a críticamente como seña de identidad. En fin, mi artículo inicial no iba dirigido al asturianismo en su conjunto, pero esta sí es una réplica a los asturianistas que han dedicado no poco tiempo a enfurruñarse conmigo.

Como el que aquí escribe además de historiador es también guía, informador y asistente turístico (precioso ciclo de FP), y tiene formación en análisis sociocultural, es especialmente sensible al concepto de cultura y su uso necio, donde se convierte en un lugar común identitario y cerril. Detesto el cherry picking etnográfico, precisamente porque por mis estudios de turismo me he dado cuenta de que mucha gente habla de la cultura y cree que su cultura es prácticamente lo que se muestra en las tiendas de recuerdos. Advertencia, que veo que hace falta: esto último es una forma de hablar.

Les camisetes, hogar del verdadero fechu diferencial asturianu

Es por ello que en el artículo se mencionan elementos no aptos para esencialistas y no pocos nacionalistas de todo pelaje, incluidos los españoles, como el de hibridación y sincretismo cultural. Destaca también la mención al hecho de que todos participamos de diversas culturas, a diferentes escalas. Lo que Peter Burke llama diglosia cultural, aunque yo a título personal lo diversificaría todavía más. En otras publicaciones del menda, que se pueden encontrar en los números 2 y 3 de La Razón Comunista, se dan unas pinceladas —insuficientes y que yo mismo me discutiría a día de hoy— sobre por qué no considero correcto hablar de cultura española o cultura asturiana, más que para localizar geográficamente algunos elementos culturales de diverso tipo, pero que lo realmente correcto sería decir cultura (o culturas) de los españoles o de los asturianos. Por aquello de que hay españoles o asturianos diversos, de campo y de ciudad, pobres y ricos, politizados y no politizados, cristianos o musulmanes, euskaldunes o castellanohablantes, unos escuchan a Motörhead y otros escuchan a Melendi (no hay color, también te digo), etcétera. España es culturalmente diversa, y así también lo es Asturias.

Por ello es absurdo querer hablar de tantas culturas como prácticamente divisiones administrativas hay. Las culturas no son esferas bien delimitadas bajo las que nos cobijamos. Las fronteras cambian mucho más despacio que la configuración cultural de las comunidades humanas, que son quienes tienen cultura, no los pedazos de territorio. Parece que hay quien tiene muy claro hasta dónde llega una cultura y donde empieza otra. Permítanme el sacrilegio de dudar. Algunos tienen muy claro que del Deva p’allá cultura cántabra, y del Deva p’acá cultura asturiana. De los Pirineos p’allá cultura francesa (o la cultura regional que preste), de los Pirineos p’acá cultura española (ídem). Parece una tontería, pero la territorialidad es un buen elemento de discusión en esto de la cultura y los límites del concepto cuando se banaliza y se da por supuesto.

Esto no me lo saco de la chistera: Eric Hobsbawm comenta esto mismo en un artículo sobre la identidad nacional, ejemplificando en la frontera anglogalesa, él podría explicarse mejor. Entiendo que esto suene a locura o que estoy negando la mayor gratuitamente, pero eso se debe precisamente a esa banalización constante del concepto de cultura y su, digamos, gentilización, impostura sin duda heredada desde los inicios de la antropología como disciplina desarrollada al calor de los Estados-nación, como otras tantas ciencias sociales. Partiendo de ahí, pueden decirme misa del celtismo y apelarme a no-sé-qué conveniencia geopolítica de Asturias y la importancia de crear identidad y vender discos de Dixebra en Australia. Mi identidad asturiana no tiene ningún conflicto con ninguna otra y no necesito nutrirme de la potente sentimentalidad que me ofrece el celtismo para saber que soy asturiano y que mi sitio en el mundo es, a grandes rasgos, Asturias. La etnicidad asturiana, entendiendo etnicidad por aquellos elementos que se eligen para diferenciarse del resto, no tienen por qué pasar por el celtismo. Y sería tema de debate, muy extenso y poco pertinente ahora mismo, sobre por qué yo debiera distinguirme en tanto en cuanto asturiano.

Hay diferencias y similitudes culturales a diferentes rangos y escalas, cosa que también se menciona en el texto, dentro de la propia Asturias también. «No hay dos yerbas iguales», decía Cicerón. Es por ello que decir tengo más que ver con uno de X sitio o, por el contrario, soy diferente culturalmente a uno de X sitio, es tanto como decir absolutamente nada. ¿Soy yo, ovetense, diferente culturalmente a uno de Girona? Como diría Claudio a su primo Marlo en La Hora Chanante: «¡Efectivamente y no!» Tendré muchas cosas en común y otras tantas que no. Pero eso mismo me ocurriría con un ganadero somedano. Estas son mis premisas ideológicas: pueden estar equivocadas y seguramente lo estén, pero no usen el comodín del españolismo y todo eso tan fácilmente. Podríamos meternos en temario de antropología y sociología fácilmente, y podríamos seguir hablando del sexo de los ángeles, pero un texto satírico no era espacio para ello. Y este tampoco, aunque quería matizar algunas ideas. Pedirle más rigor a un texto que era básicamente humorístico, y que diera un punto de vista mucho más amplio y todo eso, es como pedirle a un monologuista que no se invente historias de su suegra. El texto tenía por intención, en resumidas cuentas, invitar a la reflexión sobre lo que Gustavo Bueno llamaba el mito de la cultura (calma, no se alteren muy rápido, luego se volverá a Gustavo Bueno el Maligno, icono de la Anti-Asturias). Se me puede achacar que no estuve del todo acertado, que el sarcasmo y el tono burlesco era innecesario o que no estuve gracioso, para gustos colores. Lo que no se puede hacer es que se me acuse en falso de varias cosas como se ha hecho.

Las reacciones: los friquillingüistas

Voy a tratar primero la respuesta general recibida a través de Internet, y después, en una segunda parte que se publicará más adelante, abordaré el artículo de Cristobo de Milio publicado también en El Cuaderno. Me comentan que mi artículo es de lo más leído del mes en El Cuaderno: quizás en el momento que se publique esto ya sea lo más leído. Al día siguiente de su publicación comenzaron a llegarme pantallazos de un grupo privado de Facebook que se llama «Friquillingüismu». En dicho grupo mi artículo suscitó una cifra nada despreciable de comentarios, algunos me constan que parcialmente favorables. A eso se suma unos cuantos más en el propio cuadro de comentarios de la web de El Cuaderno y el propio Twitter de la cuenta. En esta misma red social alcanza unas decenas de RTs y MGs en mi cuenta personal, nada especial, así como también muchas menciones particulares. Como era de esperar la mayoría de los comentarios de Facebook eran insultos, alguna reductio ad Armesillam et Buenismus y mofas diversas. Por lo general hasta aquí bien, yo me mofo, ellos se mofan, y qué bien nos lo pasamos todos. Entiendo que por lo general no hay maldad y que al cachondeo se responde con más cachondeo. Incluso hay conocidos personales, y algún amigo, en ese grupo. Siempre me ha gustado ese cachondeo hiriente, pero sin maldad, y espero que esta respuesta se interprete como tal. Sigamos.

«Sólo es un armesillo que quiere notoriedad a costa del asturianismo: pasando». Diez minutos después…

Seguro que los friquillingüistas están familiarizados con la frase aquella que dice: «si mi lengua sacude los cimientos de tu Estado blablabla». De la misma manera podríamos decir que si un artículo satírico, escrito del tirón por un pipiolo de 26 años en una madrugada antes de acostarse a dormir, te sacude tanto las pelotas es que tu asturianía es más frágil que un neumático de cristal. Tampoco sorprende sabiendo el nivel de rabieta que provocaba un simple catedrático de filosofía de la Universidad de Oviedo a todo un espectro político. Deberían meditar las decenas de asturianistas que comentaron el artículo, que me respondieron y que mostraron cierto grado de cabreo, sobre si tal vez se han expuesto un poquitín. Una miguita. Yo entendería que esa respuesta se diera si yo fuera Emilio Alarcos, por ejemplo. Pero resulta que, insisto, soy un estudiante medio anónimo que, sencillamente, escribe para matar el aburrimiento y reírse un poco. Les puedo asegurar que ha merecido la pena. Alguien por ahí me recriminó que criticaba al asturianismo (recuerden que no, ese no era el objeto) para ganar notoriedad. Honestamente, no esperaba que un sector del asturianismo fuera capaz de alcanzar tal nivel de ridículo llegando al punto de encabronarse así. No buscaba notoriedad sencillamente porque no esperaba que nadie fuera tan torpe de brindármela.

Espero que sean conscientes de a quién y por qué han dado tanta bola a un texto que, sin caérseme los anillos declaro, es una mierda. Un meme por allí y un sarcasmo por aquí, no hay mucho más. Y lo digo porque es evidente que en ningún momento el texto pretende ser algo más que una pequeña muestra que ironiza superficialmente con ciertos tópicos sobre cómo nos imaginamos a nosotros mismos cuando nos identificamos como pueblos, naciones, etcétera. Yo puedo meterme en un debate y perderlo, y ya anticipo que ante algunas respuestas no tengo más que hincar la rodilla, pero esta sobrerreacción la considero una goleada que no van a poder remontar ya, los tres puntos están en mi casillero. Ya ha quedado manifiesto que el asturianismo, o una parte del mismo, es un movimiento político emponzoñado de resignación y muy vulnerable, llegando al punto de montar un pequeño follón en Internet por un texto escrito en un par de horas. Y eso que, repito, mi artículo no iba dirigido contra ese movimiento en concreto. Solo faltó que la polémica saltara a la prensa escrita, era la guinda, aunque a alguna personalidad —por llamarlo de alguna manera— parece que le picó bastante. Que un reconocido historietista como Ruma Barbero haga coñas sobre mi vida sexual me parece incluso un motivo de orgullo. Pero hombre, es un poco ridículo que un señor que me dobla en edad, que tiene menos pelo en la cabeza que yo en los huevos, tenga que bajar el nivel así. No estoy presentándome como David contra Goliat, esto es más bien como un jugador de Tercera metiendo un gol en Copa a un equipín de Segunda B; notablemente más cutre por mi parte, pero especialmente por la de mis interlocutores. Enhorabuena, ni un pintor de la talla de Ignacio Suárez Llanos habría hecho un retrato mejor.

Pero bueno, estoy acostumbrado a que me insulten: por Twitter me han llamado progremita, filoetarra, nazbol, falangista vestido de rojo, comunista de La Razón Comunista preocupado por la oficialidad del asturiano [sic], etcétera. Me han insultado abertzales, gustavobuenistas, voxeadores, otros comunistas y ahora también tendré que cargar durante unos días con el estigma de la asturchalada. Alguno ha venido a decir directamente que soy facha y de estrema derecha. Cancelen a Iván que es prácticamente un nazi. Sí, soy uno de esos esnobs que combinan marxismo y buenismo, pero también tengo mis haters entre los propios buenistas. Como cuando jugaba al fútbol, soy versátil y polivalente: igual de malo en todas las posiciones del once. Para la política lo mismo, no me soporta ni el tato. Y creo que es bueno que así sea.

Lo que reconozco que no tolero muy bien, para que vean que estoy dispuesto a mostrar mis puntos flacos, es que se me asignen ideas que no tengo, o que en el texto defiendo cosas que no afirmo. Llegaron a mis ojos, como ya he comentado, menciones innecesarias a Gustavo Bueno y Santiago Armesilla, y de ahí se extrajeron ideas que no comparto, como que critico la reclamación de derechos lingüísticos de los asturfalantes. Sea como sea, si se quiere hablar de Gustavo Bueno y su antiasturianismo habría mucho que decir. En el primer borrador de este artículo se incluían varios párrafos relacionados con el filósofo riojano; pero por una cuestión de espacio, y para evitar dar mucho la lata, vamos a dejarlo en que cualquiera que conozca la trayectoria vital de Gustavo Bueno a lo largo de sus 56 años de vida en nuestra tierra sabe que estaba lejos de ser un antiasturiano. El nivel de patetismo que destilan algunos contra Gustavo Bueno es mayúsculo. Llegando a ser motivo de mofa que una nieta suya sea gaitera. Como si a Gustavo Bueno, melómano confeso, y más allá de la algazara de gaites en las orquestas, le molestara lo más mínimo que el talento de su nieta pasara por tocar un instrumento como la gaita. Deben de tener mucha impotencia contenida: sólo hay que ver ciertos comentarios cada 7 de agosto, aniversario de su muerte. Enhorabuena al asturianismo político por su más notable y tal vez único éxito histórico: que Gustavo Bueno ya no pueda encabronarles más. Sea como sea, deben superar el trauma.

Un asturianista haciendo un chiste de Bueno en el aniversario de su muerte

Dejando de lado a Gustavo Bueno, otra acusación es la referida a la oficialidad de la llingua asturiana. Como mi texto se interpretó como un ataque al asturianismo, por extensión se dedujo que tengo algún problema cola llingua. Tampoco es muy grave: a mí cuando me llevan la contraria también etiqueto a mi interlocutor; por ejemplo, cuando me dicen que todas las canciones de Little Richard son iguales sospecho que es del team Jerry Lee Lewis, y eso en una sociedad civilizada es intolerable. De todas formas, no sé cuántos de los que me han puesto pingando pueden presumir de tener un Premio Andrés Solar concedido por la Xunta pola Defensa de la Llingua Asturiana, pero yo sí puedo, porque soy el principal responsable de que el club de fútbol regional Stiaua d’Asturies fuera así premiado, en tanto en cuanto fui el responsable de sus redes sociales durante dos años —combinado con ser un central titánico y expeditivo—, con notable éxito, por cierto. Seguro que más de uno de los ofendidísimos asturianistas se han reído en el pasado con alguno de mis tuits o memes escritos en la cuenta del Stiaua. No parece que en mi artículo haya, más allá de las paranoias y traumas de cada uno, ninguna aversión por la llingua asturiana.

Otra cuestión que se abordó en algunas respuestas fue mi mención a la Feria de Abril, memes incluidos. En mi artículo no hay ninguna defensa de la Feria de Abril, es más, nunca he acudido a una porque la considero una ridiculización de lo flamenco y los andaluces. Mi artículo simplemente señalaba que hay una aculturación mucho más implacable y potente que la españolista, pero que lo común era denunciar únicamente la aculturación por parte del Estado. No se defiende la Feria de Abril, como insinuaron varias personas, sino que se critica el sesgo a la hora de elegir el qué se denuncia. Y se mencionaba que esos actos folk de cultura propia tampoco son inocentes ni espontáneos. Nada más, quién entendió que estaba sugiriendo que la Noche Celta es un invento, pero la Feria de Abril eran lazos culturales con el sur, sencillamente está tochu y tiene problemas severos de entendimiento. En resumen, y para acabar: revisen esas sensibilidades, se percibe en el ambiente como un poco de impotencia contenida de décadas y décadas triunfando en la nada. Al final del texto se dice que hay quien no está dispuesto a tener esa reflexión, y no se me pueda negar el acierto, visto lo visto. Ahora es de nuevo su turno: vuelvan a darme la importancia que evidentemente no tengo.

[EN PORTADA: Batalla romana del Festival Astur-Romano de Carabanzo, en Lena (Asturias)]


Iván Álvarez es historiador, licenciado por la Universidad de Oviedo.

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