Mirar al retrovisor

Cuando las cloacas revientan, la porquería sale a la luz

Joan Santacana escribe sobre la decepción que siguió a la creencia ilusa de mucha gente de que, tras la Transición, se entraba en una nueva era en la que la corrupción y las cloacas del Estado desaparecerían.

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

Cuando el estado necesita cloacas, es que sus bases están podridas. Ya sé que, desde Maquiavelo, el poder del Estado suele justificarse siempre, y pocos países quedan al margen de la podredumbre. También sé que procesos tales como el protagonizado por Bismarck en Alemania o Cavour en Italia en el siglo XIX tuvieron en la base acciones reprobables, conjuras criminales y acciones deleznables que se escondieron a los ojos y oídos de sus respectivos conciudadanos. Pero, después de la segunda guerra mundial, la opinión pública en Europa parecía que ya no toleraba fácilmente ni la diplomacia secreta, ni las acciones mafiosas de los gobiernos, ni la corrupción de los responsables policiales, políticos o económicos, ni de las más altas magistraturas de un país. Sabíamos, por la experiencia histórica incontestable, que todos los sistemas políticos tienen zonas vulnerables a la corrupción; zonas blandas en donde se puede filtrar y las democracias no son una excepción. Pero nadie puede creer que en un sistema democrático la corrupción sea genérica, porque, en este caso, el principio sobre el que se asienta este Estado sería falso.

En España, desde la transición política, mucha gente creyó que se entraba en una nueva era, en la cual los casos de corrupción y las cloacas del Estado ya no serían necesarias. Además, mucha gente estaba convencida que cuando subieran al poder gobiernos socialdemócratas o de izquierda, el Estado depuraría esta basura, pero, desgraciadamente, no fue así. Yo he de confesar que ingenuamente lo creí. Pensé que la carga ideológica del socialismo histórico del antiguo PSOE o del PCE se reducía por puro pragmatismo político, pero que las esencias éticas se mantenían. Pero tampoco esto fue cierto, como recuerda mi amigo el profesor Javier Paniagua en un libro terriblemente sincero sobre el tema (El socialismo, de la socialdemocracia al PSOE y viceversa). Hay que recordar los primeros casos que saltaron a la luz pública, como el del hermano de Alfonso Guerra y su centro de tráfico de influencias instalado en la misma delegación del gobierno en Andalucía, y que le obligó a dimitir en 1991; el caso de Luis Roldán, director general de la Guardia Civil que se convirtió en un auténtico símbolo de la corrupción y la mentira; los más de 25 atentados de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) contra supuestos militantes de ETA y que siempre se sospechó que estaban financiados por las cloacas del Estado, con el caso sangrante de Segundo Marey, ciudadano francés considerado por error un terrorista y secuestrado; la identificación en 1995 de los cuerpos de dos jóvenes asesinados, Lasa y Zabala, supuestos etarras; la incógnita de si detrás de la famosa X que identificaba al jefe se escondía el mismo presidente del gobierno Felipe González; el caso de las escuchas ilegales del CESID a personalidades políticas, jamás aclaradas; la complicidad del director del Banco de España, Mariano Rubio, con los trapicheos de Manuel de la Concha, antiguo síndico de la bolsa madrileña, que ocultaba información a la Comisión Nacional del Mercado de Valores; el caso FILESA, que salpicaba a diversos cargos del partido socialista, y todo ello en los años de los primeros gobiernos socialistas.

Naturalmente, el Partido Popular no perdió el tren de la corrupción y los casos documentados llenan páginas de las hemerotecas hasta culminar con la sentencia de la llamada trama Gürtel, que ha salpicado también a Mariano Rajoy y a su ejecutivo. Previamente hubo casos bien conocidos como los de las Baleares, Murcia, Burgos, Castellón de la Plana —con el inefable Carlos Fabra—, Operación Púnica, Ayuntamiento de Valencia, etcétera. En todos estos episodios de corrupción el PSOE y el PP no fueron los únicos: hay los casos de Convergència i Unió, que no fueron menores. Pero no quisiera hacer una lista exhaustiva de casos, que sería algo tedioso e impropio de un texto de la naturaleza de este. Lo que quisiera aquí poner de manifiesto es que a estas alturas del año 2022 las cloacas del Estado rebosan ya de mierda, literalmente. La alianza de policías corruptos y corruptores con las más altas magistraturas del estado, en connivencia con mal llamados periodistas dedicados a intoxicar a una opinión publica cada vez más desorientada y escéptica, ha tocado fondo. Jueces que prevarican a sabiendas; inocentes que son señalados y su reputación atacada y que, en consecuencia, tienen que defenderse mal de unas acusaciones graves que se basan en mentiras organizadas desde el propio aparato del Estado, y todo ello ante la pasividad de una parte importante de la opinión pública, es una mala señal, ya que implica que la corrupción ha llegado ya a tan alto grado que está insensibilizando a una masa importante de ciudadanos. ¿Qué nos está pasando? ¿Cómo toleramos a este tipo de jueces? ¿Cómo es posible que tengan audiencia pseudoperiodistas corruptos? ¿Cómo es posible que no haya reacción contra políticos que tuvieron en sus manos los hilos de las cloacas del Estado y las ocultaron? ¿Quién ampara a los que mienten, manipulan y falsifican la información en detrimento de la honestidad? ¿Habrá que admitir que estamos ante un caso genérico de corrupción? Porque si esto fuere verdad, todo el sistema es falso.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

1 comment on “Cuando las cloacas revientan, la porquería sale a la luz

  1. Núria Rajadell

    Més clar impossible…. i disortadament cada vegada va en augmenrt, i no passa res !!. Ens hem de plantar enmig del carrer i no parar fins aturar-ho !!!. Alguns anem fent la «nostra petita guerra», però esdevé insuficient !!. Mai més ben dit: quina merda de país ! quina merda de món !!

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