La escritura encubierta

Jovino en el aula de Alas Clarín

Ricardo Labra escribe sobre el ascendente jovellanista en el pensamiento del autor de 'La Regenta': su abuelo había sido destacado alumno del Real Instituto fundado por el ilustrado.

/ La escritura encubierta / Ricardo Labra /

Parece clara la influencia del ideario krausista en el ámbito creativo y pedagógico de Leopoldo Alas Clarín, aunque puede que su liberalismo, así como su pasión por el conocimiento y su preocupación por la divulgación pública, bien a través de sus numerosos artículos o de su activo compromiso con la extensión universitaria, se encuentre en una raíz más profunda que nos remite al jovinismo de su abuelo paterno: Ramón García-Alas y González-Pola.

Sabemos con seguridad —gracias a las indagaciones de Inmaculada Urzainqui, que han disipado las dudas planteadas por Ramón Tolivar Faes— que el abuelo de Leopoldo Alas Clarín fue un destacado alumno del Real Instituto Asturiano fundado por Jovellanos; instituto pionero en su pragmático ideario formativo, y en el que tantas esperanzas depositó y tantos desvelos prodigó el egregio ilustrado gijonés con la intención de sacar de su inveterado atraso a nuestra región. Bien es cierto que Jovellanos nunca mencionó al abuelo de Alas Clarín como alumno del Instituto, debido probablemente —como señala Urzainqui— a que debió de comenzar sus estudios en el centro cuando las cosas comenzaron a ponérsele difíciles al ilustrado gijonés. Recuérdese que las fechas de formación de Ramón García Alas coinciden con las fechas del destierro del maestro en Mallorca: primero en Valldemosa y luego en el castillo de Bellver; lo que motiva que en su Diario sean «mucho más escasas las menciones a los alumnos que en las etapas anteriores».

Este abuelo ilustrado de Alas Clarín, matemático y escritor de obra perdida en las aguas del tiempo (solo se conserva su Dialogo político [en 1883] recogido por Fermín Canella en su reedición de las Poesías selectas en dialecto asturiano [1887] de José Caveda), tuvo una vida larga que le permitió convivir —y acaso transmitir sus arraigados ideales ilustrados— con su despierto nieto. La propia Urzainqui señala cautamente, sin atreverse a ir más allá en sus elucubraciones, que el abuelo estuvo siempre muy vinculado a Guimarán: «lugar en donde pasó buena parte de su infancia el pequeño Leopoldo, penúltimo hijo de Jenaro, que regresó con su familia a Asturias en 1859 cuando contaba apenas siete años. Hasta los catorce años, por tanto, pudo estar estrechamente vinculado con su abuelo» (Carlistas y liberales en el diálogo político [1833] de Ramón García-Alas, abuelo de Clarín). Relación que no parece arriesgado considerar fundamental —dado el sensible periodo en el que se produce: los últimos años de la niñez y los primeros de la adolescencia— para la formación de la personalidad clariniana y su ulterior deriva intelectual.

Los valores e ideales ilustrados se transparentaron siempre en el escritor, como demuestra la reconocida motivación que subyace detrás de la escritura de su obra cumbre: La Regenta. Su intención declarada era la de escribir una novela útil y beneficiosa para sus lectores y conciudadanos. una «sátira de malas costumbres», una novela moral desarrollada a partir del supuesto, defendido en su tesis doctoral, de que «la moralidad supone la intención del bien». Pero quizá donde mejor puede verse su influencia ilustrada es en la relación que establece con sus alumnos, tanto en el aula 8 de la Universidad de Oviedo como, cuando su enfermedad no se lo permitía, en el despacho de su domicilio particular de la calle Campomanes. En el emotivo discurso de apertura de curso académico 1891-1892 —recogido en sus Folletos literarios (el VII, Un discurso [1891])— se transparenta de manera inequívoca la silueta académica de Giner de los Ríos, pero también la alargada sombra de Jovellanos, como puede constatarse—al referirse conmovedoramente a la muerte de su dilecto alumno Evaristo García Paz— en el esbozo que Leopoldo Alas hace de los principales supuestos de su ideario pedagógico: «Partidario yo, como varios de mis queridos compañeros, de que nuestra enseñanza sea ante todo una amistad, un lazo espiritual, una corriente de ideas, y también de afectos, que vaya del profesor al discípulo y vuelva al profesor, y jamás se reduzca a un puro mecanismo, cuya única fuerza motriz sea la autoridad cayendo de lo alto, partidario más de sugerir hábitos de reflexión que de enseñar una ciencia».

Según señala Alas Clarín, Evaristo García Paz era un hábil taquígrafo y un alumno inteligente, capaz de transcribir y de reordenar sus disertaciones en unos apuntes que resultarían de gran utilidad para su asignatura. Pero la inesperada muerte de su dilecto alumno aplazó este deseable proyecto que culminaría cinco años después —curso 1896-1897— otro alumno de habilidades e inteligencia parejas a las de Evaristo García Paz.  Y es, precisamente, gracias al talento y a la minuciosidad del malogrado prosista y poeta José Acebal González —entonces un discreto y aplicado alumno— que cualquier lector pueda asistir hoy a las clases de Elementos de derecho natural de Leopoldo Alas Clarín; si bien hay que reconocer a otro alumno del curso 1899-1900, José Buylla Godino, el que también emprendiese esta dificultosa tarea, aunque con más exiguos resultados.

En su desempeño académico, Leopoldo Alas Clarín atesora los atributos e inquietudes de un ilustrado, como demuestra su afán divulgador de La lucha por el derecho de Jhering. El texto lo descubrió Adolfo Posada en la biblioteca de su tío Manuel Pedregal cuando estaba estudiando derecho en Madrid, pero sería en todo momento Alas Clarín quien le animase no solo a traducirlo sino también a publicarlo, como bien cuenta en sus Fragmentos de memoria el propio Posada: «me fui con el folleto a Fornos para enseñárselo a Alas. Este se lo llevo a su casa para leérselo. Le interesó muchísimo y al devolvérmelo me digo: «Tradúzcalo usted. Es oportunísimo. Yo le pondré un prólogo»». Años más tarde, en la edición de La lucha por el derecho de la colección Universal (1966), Posada comenta que «el prólogo a Jhering de Clarín, escrito casi de un tirón en Oviedo, estimábalo Giner como uno de los trabajos de más intensa profundidad y de más substancia de nuestra literatura filosófica-jurídica». Una valoración que no disuena con la que actualmente sostienen otros autores.

En los apuntes de Acebal puede comprobarse la inclinación de Alas Clarín por la filosofía del derecho y sobre todo su manifiesta preocupación por enseñar a razonar y reflexionar a sus alumnos, con la intención de dotarles de una herramienta crítica; aunque en sus dilucidaciones no llegue a sistematizar sus últimas intuiciones sobre el derecho natural. Para el profesor Leopoldo Alas, «[e]l bien aparece como una actividad que se refiere a la realización del objeto conforme su naturaleza exige» y, por lo tanto, «cuando decimos derecho natural, no decimos más que el derecho que se supone realizado o que ha de realizarse conforme a su esencia». Son estas reflexiones aforísticas las que llevan a algún historiador del derecho, como Carlos Petit, a considerar sus enseñanzas como «abstrusas», al no hablar «a favor de su actividad docente los horribles apuntes ahora publicados» (2010). Hay que tener en cuenta que los meritorios apuntes de Acebal no recogen en su totalidad el corpus teórico de Alas Clarín, y que lo que le importaba al comprometido catedrático —ya lo he comentado más arriba— era el dotar a sus alumnos de una herramienta crítica fundamentada en solventes fuentes filosóficas (más allá de los propios intereses de la materia del derecho natural) para que pudieran contrastar por ellos mismos las paradojas y aporías del derecho positivo.

Leopoldo Alas Clarín se muestra en sus clases, antes que como un krausista, como un ilustrado: de ahí la fascinación que siempre tuvo por Los héroes de Carlyle. Su máxima aspiración siempre fue la de formar una élite capaz de transformar a nuestro país. El sueño y el anhelo de cualquier ilustrado.


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Ricardo Labra, poeta, ensayista y crítico literario, doctor en Investigaciones Humanísticas y máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo; licenciado en Filología Hispánica y en Antropología Social y Cultural por la UNED, es autor de los estudios y ensayos literarios Ángel González en la poesía española contemporánea y El caso Alas Clarín: la memoria y el canon literario; y de diversas antologías poéticas, entre las que se encuentran Muestra, corregida y aumentada, de la poesía en Asturias, «Las horas contadas»: últimos veinte años de poesía española y La calle de los doradores; así como de los libros de relatos La llave y de aforismos Vientana y El poeta calvo. Ha publicado los siguientes libros de poesía: La danza rota, Último territorio, Código secreto, Aguatos, Tus piernas, Los ojos iluminados, El reino miserable, Hernán Cortés, nº 10 y La crisálida azul.


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1 comment on “Jovino en el aula de Alas Clarín

  1. Pily Vázquez

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