Éticas del medioambiente

Por qué es obligatorio ser vegetariano

Vicent Yusà dedica una nueva entrega de su serie sobre «Éticas del medio ambiente» a los razonamientos en defensa del abandono del consumo de carne.

/ Éticas del medio ambiente / Vicent Yusá /

I

Una de las consecuencias prácticas de las éticas del medio ambiente y especialmente del movimiento animalista es el vegetarianismo. A pesar de las diferencias teóricas entre los dos autores de referencia del movimiento animalista, Peter Singer (Melbourne, 1946; liberación animal) y Tom Regan (Pittsburg, 1938-2017; derechos de los animales), ambos coinciden en su respuesta a la pregunta «¿qué podemos hacer?»: dejar de comer animales.

Es cierto que, si bien algunos han optado por ser vegetarianos por motivos éticos, otros han apreciado los argumentos dietéticos. Parece claramente establecido que un consumo abundante o excesivo de carne roja, carne procesada y grasas animales saturadas, en combinación con otros factores de riesgo como la falta de ejercicio físico, incrementa la posibilidad de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer de colon. Estas malas prácticas nutricionales están específicamente desaconsejadas por dietistas y cardiólogos. Sin embargo, una dieta equilibrada siguiendo las pautas que recomiendan los organismos públicos nacionales e internacionales, con sus correspondientes raciones de proteína animal, es perfectamente saludable; como lo es una dieta vegetariana equilibrada (con el complemento de la vitamina B12). Ambos tipos de dietas, siguiendo las recomendaciones basadas en la ciencia, cumplen su función de preservar y promover la salud.

Por lo tanto, al margen de las decisiones individuales, no parece que el argumento dietético puede resultar decisivo para optar por el vegetarianismo. Sin embargo, no es baladí el uso abusivo de antibióticos en la ganadería intensiva, no para tratar las enfermedades de los animales, sino con finalidades preventivas y como promotores del crecimiento, lo que constituye un problema de salud pública de primera magnitud, dado el impacto que tiene en la proliferación de bacterias patógenes resistentes a los antibióticos. No es conveniente olvidar que España es el país europeo con mayor abuso de antibióticos en la ganadería.

El otro grupo de argumentos en favor de dejar de comer animales es de tipo moral, y especialmente los vinculados a la ética medioambiental y animalista.  Los gases de efecto invernadero procedentes de la ganadería (dióxido de carbono principalmente, pero también metano y óxido nitroso) suponen alrededor del 17 % de las emisiones de la Unión Europea, comparable a las emisiones de todos los coches, barcos y aviones. El consumo de recurso por la ganadería, especialmente tierra y agua, son manifiestamente insostenibles. Como ejemplo, baste señalar que producir un kilo de carne de ternera requiere 15.000 litros de agua, mientras que solo se necesitan 1300 litros para un kilo de trigo. Como señala Aitor Sánchez, citado por Marta Tafalla, «la carne de ternera (proteína animal) requiere 18 veces más superficie de tierra, diez veces más agua, nueve veces más combustible, doce veces más fertilizante y diez veces más pesticidas que las legumbres (proteína vegetal)».

Junto a las razones de índole ambiental, los motivos animalistas se centran en la necesidad de evitar el sufrimiento y la injusticia que se causa a los animales en la ganadería industrial y comercial, como seres sintientes (Singer) o «sujetos de una vida» con valor intrínseco y derechos directos (Regan).

Teniendo en cuenta estas justificaciones, sintéticamente esbozadas, muchos consideran que hay suficientes motivos para hacerse vegetariano. Sin embargo, son pocos los que estiman que sea una obligación moral, como no mentir, pagar impuestos o respetar las normas de tráfico.

Señala Singer que «si nos tomamos en serio los problemas de la moral, debemos eliminar las prácticas especistas de nuestras vidas y oponernos a ellas dondequiera que nos encontremos». Esa necesidad de ser consecuentes con unos principios éticos, específicamente con el principio de minimizar el sufrimiento, es para el filósofo australiano la razón última de por qué es una obligación moral ser vegetariano. Asimismo, en defensa de considerar al vegetarianismo como una obligación moral, Tom Regan proporciona una seria de sólidos argumentos dirigidos a cuestionar la moralidad de la actividad de la producción comercial de animales y su consumo. Veamos en qué consisten.


II

En defensa de la ganadería, se aducen distintos motivos o principios. El principio de libertad es uno de los más potentes para defender tanto la cría de animales para la alimentación humana como su consumo. El daño a los animales de granja podría justificarse apelando al principio de libertad, cuya prohibición implicaría renunciar a los placeres del paladar o soportar los dolores de la abstinencia. Contra estos motivos, Tom Regan asegura que «nadie tiene derecho a comer algo solo porque sucede que lo encuentra sabroso, o solo porque le provoca satisfacción cocinarlo bien. […]; del hecho de que a alguien le encante el sabor de los niños… difícilmente se sigue que tiene derecho a cocinarlos». Abstenerse de comer carne es una renuncia nimia (placer del paladar, abstinencia para los muy carnívoros) en comparación con los daños que se evitan a los animales en la ganadería comercial.

Por otro lado, tratar a los animales de granja como recursos renovables es no respetar su valor inherente, su derecho a un trato justo, y en ese sentido el consumidor que compra carne no está ejerciendo sus derechos en uso de su libertad, sino que perpetua una práctica injusta, moralmente excede sus derechos.

Las consideraciones económicas es otro de los motivos alegados para abogar por la continuidad del consumo de carne. Causaríamos daño a los granjeros si los consumidores se volvieran vegetarianos. No podemos, moralmente, poner a los granjeros en peor situación: tenemos deberes con los granjeros. A esto replica Regan que cuando se emprende una actividad empresarial se corre el riesgo de no ganar, y además «ni el competidor empresario ni el consumidor tienen el deber de comprar nuestros productos y servicios, y nadie puede reclamar que es merecedor de esa compra».

Se alega, además, que esos animales no existirían si no existiese un interés económico por parte el granjero en criarlos, y consecuentemente es el interés económico el que debe prevalecer a efectos de cómo tratarlos. Regan responde que, si fuese correcto el principio de que el agente responsable de la existencia de un individuo es soberano sobre el mismo, aplicado al caso de los padres e hijos sería sencillamente aberrante, ya que los padres tendrían derechos sobre los hijos sin restricciones morales y tampoco los hijos merecerían un trato justo de acuerdo con su valor inherente.

Junto al principio de libertad y a los argumentos económicos, se acude al derecho de propiedad: los granjeros son dueños de los animales. Frente a este argumento, el pensador americano señala que el derecho de propiedad no es absoluto y que lo que pueda hacer con mi propiedad no es un asunto exclusivamente mío si lo que hago tiene un efecto adverso sobre otros. Asimismo, objeta la consideración de los animales como propiedad legal y si bien en la actualidad ésto puede resultar sorprendente o inimaginable, históricamente también resultaba impensable considerar a los esclavos personas legales y no meras propiedades.

Tanto el utilitarismo de Peter Singer como el enfoque de los derechos de Tom Regan abogan por considerar el vegetarianismo como una obligación moral. En el primer caso, y partiendo de los animales como seres sintientes, se realiza un cálculo agregado de las consecuencias de comer carne, en el sentido de que cuantas más personas dejen de consumir animales, mayor será el bienestar general ya que disminuirá el daño y el sufrimiento causado. 

Para el enfoque de los derechos, y en palabras de Regan, «el individuo está en lo correcto al no comprar productos de una industria que viola los derechos de otros […] el vegetarianismo es moralmente obligatorio, por lo que no deberíamos quedar satisfechos con nada menos que la disolución total de la producción animal comercial como la conocemos».


Vicent Yusá es doctor en química, investigador en las áreas de seguridad alimentaria y ambiental, y profesor asociado en la Facultad de Química de la Universidad de Valencia. Ha dirigido los laboratorios de salud publica de la Generalitat Valenciana y ha participado en diferentes proyectos nacionales e internacionales. Tiene un gran número de publicaciones científicas en revistas de alto impacto. Actualmente realiza estudios de filosofía.


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8 comments on “Por qué es obligatorio ser vegetariano

  1. No hace falta ser vegetariano para respetar, cuidar y tener cariño a los animales. A los que les gusta prohibir comer carne, testar medicamentos en animales, etc tendrían que mirar las estadísticas de los censos de animales ( en España hasta los sesenta), la explotación humana que suponen los medicamentos provados directamente humanos, etc. Ni hace falta ser animalista para estar contra las macrogranjas, piensos con antibioticos, espacios reducidos de los animales, etc.
    Cuando encuentre una civilización con una dieta para humanos completa sin «suplementos» químicos
    nos avisa. Será un gran hallazgo

    • Vicent Yusà

      Gracias Pau por tus comentarios.
      El animalismo, en sus distintas vertientes, pretende superar el antropocentrismo y el especismo ético. Incluir a los animales en el círculo de la ética en razón de q son seres sintientes y con derechos directos. Eso tiene unas consecuencias prácticas, entre ellas el vegetarianismo. El amor a los animales o la compasión son otras opciones éticas compatibles con el antropocentrismo.
      La prohibición a la que se alude es moral, autoimpuesta, no legal. La diferencia entre moral ( autonóma)
      y derecho (heterónomo)

  2. Agustín Villalba

    Se puede, como es mi caso, optar por una opción intermedia: sólo comer carne de pollo (de granja) y sólo una vez por semana.

    • Vicent Yusà

      Gracias Agustín por tus comentarios
      Creo que es una buena opción en la dirección correcta.
      Naturalmente la opción ética de Regan es muy radical, pero no por eso incorrecta, pero su aplicación individual es un proceso con decisiones puntuales posibilistas.
      Saludos

  3. Miguel de la Guardia

    Muchas gracias, Vicent, por el trabajo de divulgación que haces de los filósofos ambientalistas. Casi, casi, comulgo con la mayoría de tus argumentos. Lo único que no puedo suscribir es lo de la obligación, que yo mudaría en conveniencia, y, desde luego, no renuncio a mi naturaleza omnívora.

    • Vicent Yusà

      Gracias Miguel. Lo de la “obligación” es la posición moral de Regan, que por otra parte es un corolario de sus posiciones. Sus argumentos son muy sólidos, y en el debate ético es necesario rebatir con otros argumentos igual o más convincentes. La palabra “obligación” no nos gusta, pero de hecho la asumimos en muchos ámbitos de nuestra moralidad.
      Saludos

  4. Elio Coreli

    Vicent hablas de carne, pero qué pasa con los peces o insectos, ¿es moral comerlos, si ello no daña al medio ambiente?

  5. Vicent Yusà

    Gracias Elio por tus comentarios.
    Respecto a los peces, por distintas razones que no puedo detallar aquí, pero ligadas a que son seres sintientes y que su pesca esquilma el medio ambiente marino, Regan señala : « deberíamos dejar de comer pescado. Es cierto que los que continúan comiendo pescado, negándose sin embargo a comer otros animales, han dado un gran paso para alejarse del especismo; pero los que rechazan ambas cosas han dado un paso más.».
    Respecto al consumo de insectos es necesario conocer si disponen o no de un sistema nervioso con capacidad para sentir dolor. Pero estos autores señalan que siempre es mejor aplicar el principio de prudencia y evitar su consumo.
    Saludos

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