Historieta Quid novi ex Africa

De inmigrantes e invasores

Alison Posey reseña la novela gráfica 'El invasor', de José Antonio Pérez Ledo y Alex Orbe, que explora la inesperada convivencia, y posterior amistad, que surge durante la pandemia de covid-19 entre un joven inmigrante marroquí y una bilbaína de clase media.

/ por Alison Posey /

Últimamente se habla mucho de invasores. Donald Trump ha adoptado medidas drásticas para frenar la supuesta amenaza que representan los inmigrantes en las fronteras estadounidenses. Desde su segunda investidura el 20 de enero de 2025, el presidente ha cerrado tajantemente la frontera con México, ha prohibido el asilo a los recién llegados y ha intentado suprimir la ciudadanía por derecho de nacimiento. Sin embargo, lo ocurrido en Estados Unidos no es un caso aislado.

En España, una encuesta del año 2024 reveló que el 57,4% de los ciudadanos consideraba que había demasiados inmigrantes en el país. En Italia, la primera ministra Giorgia Meloni logró deportar a inmigrantes a Albania tras varios intentos fallidos de implementar este controvertido programa de deportaciones en caliente. Y en Francia, el nuevo ministro del Interior, Bruno Retailleau, endureció de un plumazo los requisitos de residencia legal para los migrantes indocumentados.

Tanto en Europa como en Estados Unidos, en 2025, la figura del invasor —inquietante, siniestra e incluso violenta— acapara nuestra atención. Pero ¿quién es, en realidad, este invasor? ¿Qué es lo que lo convierte en una amenaza tan temida? En este momento álgido de xenofobia, parece difícil resistir el temor que esta quimera inspira, tanto en nosotros como en nuestros políticos.

Es en este punto donde entra la novela gráfica El invasor, publicada en 2024 por la editorial vasca Astiberri. La obra, fruto de la colaboración entre el guionista José Antonio Pérez Ledo y el ilustrador Alex Orbe, explora la inesperada convivencia —y posterior amistad— que surge en marzo de 2020 entre Omar, un joven inmigrante marroquí, y Carol, una bilbaína de clase media que trabaja como mystery guest en hoteles de lujo

En un Bilbao arrasado por la covid-19, mientras Carol se abandona en el sofá viendo Netflix, Omar deambula por las calles de una ciudad cada vez más peligrosa. Con apenas dieciocho años recién cumplidos, ha tenido que dejar el piso tutelado donde vivía desde los catorce, cuando llegó a España encerrado en un contenedor. Cuando el día a día en el polideportivo en que acabó albergándose se vuelve insostenible, Omar encuentra por casualidad un refugio en el piso de Vicente Terejina, padre de Carol.

En ese espacio, surge una amistad inesperada que desafía las circunstancias. Pero cuando la pandemia, implacable, se lleva a Vicente, deja a un invitado inesperado en su piso y una pregunta en el aire: ¿Quién fue el verdadero invasor?

La pandemia transformó lo conocido en ajeno y lo ajeno en peligro. Diversas escenas de El invasor demuestran esto con nitidez. La enajenación gradual de Carol, encerrada en su piso, se refleja en una serie de viñetas que, como el propio virus, se fragmentan progresivamente en unidades cada vez más pequeñas. En la cuarentena, el tiempo no se vive como un todo, sino como una sarta de momentos dispares.

El invasor se alimenta de estos fragmentos, pero no siempre los ensambla. Está claro que el guion de Pérez Ledo —conciso, efectivo, aunque a veces tan lacónico que resulta confuso— necesita las ilustraciones de Orbe. Un contraste curioso surge: mientras que las caras de Omar, Vicente o Carol se reducen, como el guion, a su mínima expresión, Orbe crea una representación casi fotográfica de Bilbao y sus alrededores. Los detalles visuales vienen al rescate de las lagunas narrativas y dan lógica a la trama.

Pero la combinación de palabra e imagen no siempre libra a El invasor de caer en una ligera ñoñería. Mientras Omar —basado en la historia real del inmigrante Mouaad Ouhda Menzov— se gana la simpatía de los lectores, que, como los propios autores, probablemente han «tenido la suerte de nacer en regiones prósperas», los desafíos que enfrenta el personaje van desde lo predecible hasta lo exagerado. Omar necesitaba dejar atrás su vida en el polideportivo para encontrarse con Vicente y luego con Carol, pero su huida de unos matones caricaturescos recuerda más al Lazarillo que a esta novela gráfica.

En una narración tan escueta, tampoco es necesario incurrir en repeticiones. Es bien sabido que la Guardia Civil desempeñó el poco envidiable papel de hacer cumplir las órdenes de confinamiento, pero no es necesario reiterar los encuentros entre los protagonistas y la policía, ya que estos últimos nunca los restringen de estar en la calle de ninguna forma.

A pesar de algunos tropiezos, El invasor brilla al hacernos cuestionar lo que consideramos ajeno y peligroso. Nos deja con la eterna cuestión de la convivencia: ¿y si no pensáramos en la inmigración como un juego de suma cero? ¿Y si, en lugar de juzgar a jóvenes como Omar como invasores, viéramos en ellos una oportunidad, una nueva posibilidad para un futuro? Quizá el único remedio contra la xenofobia que nos quede no sea, ni más ni menos, la imaginación.


El invasor
José Antonio Pérez Ledo y Alex Orbe
Astiberri, 2024
176 páginas
18 €

Alison Posey es investigadora postdoctoral en filología afrohispánica y peninsular en la Universidad de Duke, Carolina del Norte, Estados Unidos. Recibió su doctorado en la filología hispánica en 2021 de la Universidad de Virginia.


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