Poéticas

Caer (en Santiago Alba Rico)

Carlos Maza Serneguet reseña 'Caídas', poemario de Santiago Alba Rico galardonado en 2024 con el XXXIV Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

/ una reseña de Carlos Maza Serneguet /

Si Dios existe y nos ha creado ¿qué hacemos aquí? ¿A qué viene este estado de imperfección, de corruptibilidad, expuestos en todo momento a que cualquier cosa acabe con nuestra vida, al dolor, a la enfermedad? Cuando un teólogo como Orígenes, en el siglo III, tiene que dar cuenta de esta aparente contradicción entre la creación por un ser perfecto y la existencia de una criatura imperfecta, lo que hace es inventar un mito —otro, como el del Génesis, en paralelo a él—, y dice que primero hubo una creación en Dios, intra Deum; y luego, dentro de ese estado original, en el ser humano habría aparecido lo que él llama una negligentia originans, el tedio. Y ese tedio va a hacer que se produzca una caída. Así es como Orígenes explica lo ocurrido en el Edén. A partir de ahí, él va a hablar de una segunda creación, de una creación extra Deum. Adán y Eva son expulsados del paraíso y, en ese momento de salida, Dios pone sobre ellos unas «pellizas». En ellas ve el teólogo de Alejandría la atribución de corporalidad al ser humano. A partir de esa segunda creación, con la salida del Edén, el hombre y la mujer tienen cuerpo.

Los poemas de Santiago Alba Rico, las caídas de Alba Rico, empiezan, creo, justamente aquí. No hay un antes sin cuerpo, y lo que hace Alba Rico es explorar el mito de la caída no como lo que ha originado nuestra situación, sino como lo que estamos siendo, lo que se va produciendo mientras vivimos. «Vamos cayendo», repite en varias ocasiones en el poemario. Su propuesta, me atrevo a decir, es que vivir es caer. Ahora habrá que ver qué color o qué colores tiene esta caída. Porque, quizá por esa influencia del pensamiento teológico, la caída ha tenido siempre un significado más bien negativo, peyorativo, color marrón. Esto es lo que creo que podemos explorar en el poemario de Alba Rico: distintos modos de caer, distintos colores de la caída. Pero esto ahora lo aparcamos un poco.

Decíamos hace nada que quizá el pensamiento teológico ha teñido la caída de gris, o de marrón. Pero no solo: también el pensamiento humanista ateo ha visto en la caída la metáfora de la situación del mundo sin Dios. Cuando Nietzsche quiere explicar la situación en la que ha quedado el mundo tras la muerte de Dios, hace hablar al loco de La gaya ciencia, y dice así: «El loco se lanzó en medio de ellos y les echó penetrantes miradas.

«¿Dónde está Dios?, exclamó, ¡os lo voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado: vosotros y yo! ¡Todos somos sus asesinos! Pero ¿cómo lo hemos hecho? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado la esponja para borrar completamente el horizonte? ¿Qué hemos hecho para desencadenar a esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde rueda esta ahora? ¿Hacia qué nos lleva su movimiento? ¿Lejos de todo sol? ¿No nos precipitamos en una constante caída, hacia atrás, de costado, hacia adelante, en todas direcciones? ¿No erramos como a través de una nada infinita?».

En fin, aquí tenemos a Nietzsche en toda su expresión, como profeta de la muerte de Dios, pero también como el gran lamentador de esa muerte, y siempre con ese tono de patetismo.

Pues bien, yo creo que esta tampoco es la propuesta, o tampoco es el tono, en el que escribe Alba Rico. Ciertamente creo que no encontramos en sus caídas entusiasmo por la situación del ser humano y del mundo, pero tampoco desesperación. Digo que no encontramos entusiasmo ni desesperación, pero quizá haya que matizar esto. Quizá haya que entender cuál podría ser el entusiasmo de Alba Rico y cómo podría ser su desesperación. Porque creo que el tono emotivo en el que nos sumergen sus poemas es el de la melancolía. Y, por tanto, si hablamos de entusiasmo, tendremos que hacerlo de un entusiasmo suavizado, limado por la melancolía. Desde luego, no es el entusiasmo de quien se halla poseído por un dios y danza extasiado frenéticamente, con un colocón fantasioso. Esto quizá rebaja nuestras expectativas acerca del entusiasmo, pero, por otro lado, la melancolía lima y suaviza también la desesperación. Las caídas de Alba Rico son caídas melancólicas, creo yo, en el mejor sentido de la expresión, porque no caen en un entusiasmo fantasioso ni en una desesperación inconsolable, como la del loco de Nietzsche.

El entusiasmo y la desesperación atenuadas de Alba Rico creo que tienen que ver con aquello que ha dejado Dios en el mundo después del Edén y con lo que dejaría tras de sí después de su muerte, si aceptamos la tesis de Nietzsche: las pellizas, los cuerpos. Las pellizas que pone sobre los hombros de Adán y Eva y las pellizas que siguen quedando en el mundo, aunque, según Nietzsche, Dios haya muerto. Caemos, sí, pero caemos en otros cuerpos; quizá por eso el entusiasmo y la desesperación de Alba Rico son modestos. Porque caemos en cuerpos relativos, históricos, pasajeros, no en absolutos. Pero no por eso la experiencia humana es menos fuerte, menos impactante o de menos valor.  De hecho, Alba Rico defiende exactamente lo contrario:

solo si estamos solos
si hemos caído
si no hay dios que valga
si es todo azar
si todo va romperse
si el bien no es más que un rincón del universo
si no volverá a repetirse
(salvo otra vez irrepetible)
solo así puede entenderse
y dolernos
tanta belleza

Caen los cuerpos; caemos en cuerpos; para bien y para mal. Cae el hayedo del cielo y cae la nieve, y el poeta cae en el gozo. Pero también caen al mar los cuerpos de los migrantes, y el poeta cae en la desolación. Recordar es también caer. Por ejemplo, en el cuerpo del padre «violador de niños» o de la madre «enemiga», y dice:

cada vez que siento amor recapacito
pienso en mi padre
pienso en mi madre
y se me pasa enseguida

Pero la caída en estos malos recuerdos no es la última caída que nos deja Alba Rico. Probablemente de la caída que más hemos disfrutado es de esa última en el cuerpo de su madre, no exenta de dolor. Y esa caída nos deja esperanza, aunque pase porque la enfermedad mental nos haga quedarnos, primero, en el chasis, y luego aparezca una personalidad distinta que podamos querer. En esa caída que es la vida se van desvelando caracteres y se forman personalidades a las que podemos querer. Es posible el amor entre las pellizas que somos. Y esa es, seguramente, la intersección posible entre la experiencia del ateo y del creyente. «Solo el amor es digno de fe», titulaba el teólogo Urs Von Balthasar uno de sus libros. Lo que llamamos presencia de Dios en el mundo tiene que pasar por ahí, por el amor. Y lo que puede «salvar» un mundo sin Dios es también eso, el amor. El amor entre cuerpos que caen, sí, pero que son capaces de sostenerse también un poco.


Caídas
Santiago Alba Rico
Visor, 2024
86 páginas
14 €

Carlos Maza Serneguet es sacerdote jesuita. Licenciado en Teología Fundamental por la Pontificia Universidad de la Italia Meridional (Nápoles), trabaja en el Grupo Comunicación Loyola y en la pastoral universitaria de la Compañía de Jesús en Valladolid y es miembro del área teológica de Cristianisme i Justícia. Es autor de Cristo y las culturas. Desafíos de la teología pop (2024).


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1 comment on “Caer (en Santiago Alba Rico)

  1. Es usted muy generoso en su reseña. Este poemario no tiene sentido alguno. ¿Dónde queda la poesía? Sorprende enormemente que Visor se abandere con este fiasco. El Gil de Biedma se corrompe. Una pena.

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