Mirar al retrovisor

La fe, el patrimonio y el turismo. ¿Se está muriendo el catolicismo?

Joan Santacana escribe sobre la conversión de las catedrales y otros edificios religiosos en museos en los que se paga una entrada, y se pregunta si eso habla de la extinción de la religión católica.

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

Hacía más de veinte años que no visitaba algunas zonas de Italia, como la región toscana o la umbra. En ambas regiones, las iglesias han ocupado históricamente un lugar central en la vida espiritual, cultural y social. Estos majestuosos edificios, cargados de siglos de historia, arte y fe, se han convertido en nuestro tiempo en contenedores de un patrimonio cultural inmenso, que atrae a millones de visitantes cada año. Pero, a mí, el creciente uso de estos espacios como museos me suscita preguntas sobre la función de las iglesias en el mundo moderno y el estado actual del catolicismo. El disparador de mis dudas es el cobro de entrada en la gran mayoría de templos y otros espacios sagrados.

El cobro de tickets para ingresar a muchas iglesias refleja un intento loable de gestionar y de proteger estos espacios de incalculable valor. Las entradas ayudan a financiar la preservación y restauración de frescos, esculturas y elementos arquitectónicos que, de otro modo, podrían sucumbir al paso del tiempo. Además, el flujo constante y creciente de turistas exige una logística que incluye personal, limpieza y seguridad, todo lo cual requiere una inversión considerable. Pero este cobro genera una paradoja: quienes acuden movidos por la fe, ya sea para rezar o en busca de un momento de conexión espiritual, enfrentan dificultades para acceder sin pagar. Aunque en la mayoría de casos se habiliten áreas específicas para la oración sin necesidad de adquirir un boleto, el hecho de que las iglesias queden mayoritariamente asociadas al turismo, antes que al culto, puede ser percibido como una pérdida de su carácter sagrado; como un cambio de función y de identidad. La presencia de visitantes armados con cámaras, siguiendo guías turísticas, ahoga el silencio de estos templos en un murmullo continuo. Algunos lo ven como una oportunidad para dar a conocer las riquezas artísticas y arquitectónicas fruto de la fe y de la inspiración de la religión; pero otros lo vemos como un síntoma del declive del catolicismo.

Ciertamente el catolicismo, como institución y sistema de creencias, conserva una presencia importante en Italia, así como en España y en el mundo. Pero su expresión y práctica se han adaptado a las transformaciones sociales y culturales. La disminución de vocaciones religiosas, la secularización y los escándalos dentro de la Iglesia han contribuido a que los espacios religiosos sean menos frecuentados por motivos espirituales y más por curiosidad histórica y estética.

Afirmar, por todo ello, que el catolicismo ha muerto en Europa sería una afirmación apresurada y simplista. Más bien podría argumentarse que está en proceso de transformación. La religión ha cambiado de forma con el paso del tiempo, y el uso de las iglesias como espacios culturales es una nueva adaptación que no necesariamente implica la desaparición de la fe, sino una reorganización de sus expresiones y prioridades frente a un mundo globalizado y diverso. Por otro lado, la experiencia espiritual no depende únicamente de las estructuras físicas. Aunque las iglesias sean símbolos potentes, la fe trasciende los edificios y encuentra formas de manifestarse en otros ámbitos de la vida cotidiana, en comunidades, en actos de solidaridad y en la búsqueda personal de significado.

Estos templos, conventos, catedrales y colegiatas, al transformarse en Europa en espacios duales que albergan tanto la devoción como el turismo, simbolizan los retos y las oportunidades que enfrenta el catolicismo en la actualidad. Puede que estemos ante una señal de su muerte o ante un intento de coexistencia entre lo sagrado y lo cultural, lo espiritual y lo estético. Si bien es cierto que el pago de entradas puede dificultar la conexión espiritual de algunos fieles, la riqueza artística y patrimonial de los templos puede inspirar nuevas formas de acercarse a la fe y valorar su impacto en la historia de la humanidad. El catolicismo, como toda institución viva, se reinventa en medio de los tiempos modernos. Pero cuando veo a las inmensas colas de turistas penetrar en determinados templos católicos para admirar a una pintura medieval o renacentista de la Virgen y las comparo con las de los visitantes del Museo de la Acrópolis de Atenas, que, a su vez, contemplan relieves de Palas Atenea, no suelo conseguir ver en qué se diferencian.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.


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1 comment on “La fe, el patrimonio y el turismo. ¿Se está muriendo el catolicismo?

  1. jmferrandezverdu@hotmail.com

    El cristianismo comenzó como tragedia y parece que acabará turísticamente, como bien dice usted.

    J m ferrandez

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