Narrativa

¿Quién es Clara Dubasenca?

José Luis Zerón Huguet reseña la novela ganadora del XXIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla: 'Distinta Clara', de Alba Ballesta.

¿Quién es Clara Dubasenca?

/una reseña de José Luis Zerón Huguet/

Hace tres años leí Rari nantes, la primera novela de Alba Ballesta (Orihuela, 1991), y me sorprendió la destreza narrativa de la jovencísima autora y su talento para tratar con solvencia el conflicto unamuniano entre autor y personaje mediante un brillante juego metaliterario en el que se insertan hábilmente numerosas referencias literarias. Su segunda novela, Distinta Clara, ganadora del XXIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla, no ha defraudado mis expectativas.

Título y argumento rinden homenaje a la célebre canción de Joan Baptista Humet. Me parece una novela polifónica, un mecanismo especular o mise en abyme vinculado al debate metaliterario posmoderno, pero también a escritores clásicos del siglo XX como Nabokov y Borges y a contemporáneos como Bolaño y Javier Cercas. Cada uno de los numerosos personajes de la novela canta su aria cargada de sentido en el desarrollo de la trama. La dinámica interior está muy calculada, pero al mismo tiempo fluye con una asombrosa madurez expresiva. El argumento parte de un hecho azaroso y se va complicando en una urdimbre misteriosa. Laia Crespo (tiene veintipocos años y es hija única) estudia un máster en la Universidad de Barcelona, adonde se ha mudado, cansada de viajes en tren desde Vilanova; sus padres no terminan de asimilar su ausencia y la presionan para que vuelva a casa. Comparte piso con otra chica y trabaja en una librería-café. Un domingo, mientras echa un vistazo a una caja de libros de adolescencia que su madre le ha apartado, redescubre un pequeño volumen de poemas con un sugestivo título: Obras Completas de Clara Dubasenca (Tomo III), dedicado por la autora a Ramón Egea, el conserje del instituto donde estudió Laia.

La inesperada reaparición del libro desencadena en la chica el recuerdo del día en que su profesora de literatura, Amalia Ros, llegó a clase con unas cajas de libros e invitó a sus alumnos a que cogieran los que quisieran. En un gesto instintivo, vuelve a guardarse el libro y, ya en Barcelona, localiza a la profesora y charla con ella. Más tarde, cuando Laia alarga la mano para situar el libro de Dubasenca en un anaquel de la cafetería donde están los que los clientes dejan o se llevan, se le cae al suelo abierto por el poema «Todo se repite», y Laia interpreta este hecho insignificante como una señal. Precisamente necesita un tema para el trabajo de fin de máster, y en ese instante decide llevar a cabo una investigación sobre la enigmática Clara Dubasenca: desea saber quién es la misteriosa poeta y dónde se encuentra el resto de su obra. Su primer contacto será la viuda de Ramón. Es entonces cuando la investigación de la joven estudiante empieza a complicarse.

Ante todo, creo que Distinta Clara es una Bildungsroman (Laia se conocerá mejor a sí misma al final, o al menos va salir reforzada siguiendo los pasos de Clara), pero también un relato metaficticio y detectivesco que comparte el hibridismo genérico de muchas novelas del siglo XXI (reflexión, periodismo, ensayo, crítica literaria, ficción, poesía). Me parece destacable la revisión del tópico del manuscrito encontrado, pues el libro de poemas de Clara Dubasenca (el tomo III de sus obras completas), será el verdadero motor de la obsesiva —monomaníaca— investigación de Laia, en un principio como trabajo para el fin de máster, aunque debido a la oposición de su director y de la incomprensión de Diego —compañero de estudios— desechará esta opción y emprenderá una búsqueda en solitario. Diego está enamorado de Laia. Es un muchacho aplicado y bondadoso que aporta dosis de sensatez y pragmatismo tratando infructuosamente de convencer a su amiga para que olvide a Clara Dubasenca y se centre en su trabajo fin de máster, algo así como Sancho Panza empeñado en que don Quijote ponga los pies en la tierra.

La estructura de la novela, dividida en tres secciones con capítulos titulados, me parece muy eficaz. La complejidad no está reñida con la amenidad. Considero un acierto las entrevistas de Laia con los personajes que conocieron a Clara y que en su mayoría la idealizan en sus recuerdos, aunque realmente son monólogos, ya que salvo alguna interrupción puntual de Laia, que no aparece reflejada pero se intuye por el cambio de inflexión del discurso, los entrevistados hablan y hablan. Me choca que muchos de ellos le pregunten a Clara, «¿qué dices?» O se disculpen: «Perdona no te he oído». Esto indica que ellos están ensimismados en su verborrea y en sus recuerdos y refleja asimismo la discreción de Laia.

El azar también es muy importante, fundamental diría, en la trama de esta novela; ese azar que tanto perturba a Paul Auster también es provocado por Laia, algo así como el azar objetivo en el que creían los surrealistas. Asimismo destaca una visión muy madura e incisiva del mundo que nos rodea, especialmente de la realidad universitaria y de la especulación inmobiliaria que afectó a España en general y a Barcelona en particular, a través de un lenguaje eficaz y preciso, pero rico y hasta poético en el uso de algunas imágenes, símiles y asociaciones insólitas.

En Distinta Clara confluyen dos mundos distintos: la época ochentera y optimista de la Movida durante la Barcelona preolímpica, representada por los personajes que frecuentaron a Dubasenca y que Laia va conociendo, y la realidad pesimista de nuestro digitalizado siglo XXI en la que se mueve la joven investigadora obsesionada por la misteriosa poeta. Los personajes maduros con los que se relacionará Laia transmiten una impresión agridulce y melancólica. Muchos viven su madurez como un digno fracaso o un pudo haber sido y no fue.

Sobre todo, las dos protagonistas están muy bien perfiladas. Sin la verosimilitud que transmiten, la novela fracasaría. Laia es tímida, introvertida, idealista, insatisfecha, aparentemente abúlica. Clara, según los testimonios de quienes la conocieron, era decidida, valiente y descarada, pero también insegura: de ahí sus cambios de humor, sus derivas, su carácter caprichoso y su caída en la adicción. En algunos momentos me recuerda a Nadja, la vaporosa joven que tanto fascinó a Breton hasta el punto de que este la convirtió en la heroína de su novela homónima. Las dos son independientes. Laia vive en Barcelona emancipada de sus padres, que residen en Vilanova y le reprochan su distanciamiento. Comparte alquiler con una compañera, Silvia, y trabaja en una librería-café. Clara también estaba emancipada de su familia, de la que no sabía nada  (ni hablaba de ella) desde mucho tiempo atrás, y trabajaba en un bar, aunque vivía a salto de mata. A Laia la iremos conociendo a través de un narrador omnisciente y de las notas a pie de página que ella escribe (confieso que estas notas al principio me chirriaron pues se entrometían en la narración en tercera persona, pero conforme avancé en la lectura me pareció un método reflexivo solvente y una forma de conocer al personaje de primera mano). Mientras que todo lo que sabemos de la poeta es a través de los testimonios, en su mayoría idealizados, de quienes la conocieron.

Hay momentos en que Laia se funde con Clara en un juego especular, hasta el punto de que la joven investigadora utiliza un poema escrito por ella misma para promocionar el café donde trabaja haciendo creer que es de Clara Dubasenca. En otra ocasión se enfrenta a su timidez y decide participar en un recital colectivo leyendo un poema de Dubasenca. Y lo recita con tal intensidad y sentimiento que uno de los personajes que conoció a la investigada, Baptista Galtés, se presenta ante Laia asombrado porque es como si hubiera escuchado a la propia autora del poema.

A algunos lectores les molestará la naturaleza egoísta y caprichosa de Clara, pero como yo tengo debilidad por la gente disonante o un poco a la deriva, simpatizo con este personaje. Cierto que tiene un carácter aristado, pero derrocha ternura y desamparo. También he sintonizado con el carácter escurridizo y neurótico de Laia.

Otro elemento muy importante de la trama es la presencia de M. la pequeña ciudad de provincias que así es nombrada y ocultada en la novela. A Laia le choca el nombre  por el sonoro diptongo que contiene (¿trasunto de Orihuela?). En esta localidad vivió Clara sus años de adolescente y llegó a publicar en la revista Artétrica que editaban unos jóvenes del lugar. Aunque resulta inevitable relacionar M. con Orihuela, también podría ser cualquier pueblo o ciudad de provincias.

Laia viajará a M. conducida por otro hecho azaroso: Elisa, su antigua compañera de piso, es nativa de esta ciudad levantina y ella la invita a casa de sus padres y le facilita el contacto con los editores de la revista Artétrica, Adolfo Collado y Vicente Molinero, este último un escritor mediocre que siente envidia o celos del talento y la independencia de Clara Dubasenca y le molesta el interés que la poeta desconocida suscita en la joven universitaria. El viaje a M., que en un principio parece abocado al fracaso, abrirá las puertas del desenlace y le permitirá a Laia atar los cabos que necesita para llegar al final de su investigación.

Por último, quiero hacer mención de los poemas de Alba Ballesta-Clara Dubasenca que aparecen insertados en la novela. La autora corría el riesgo de aburrir o descentrar al lector, pero el experimento le sale bien. En mi opinión, los poemas no entorpecen la lectura, al contrario, la refuerzan con una mezcla de inocencia, ironía, ludismo y oculto dramatismo. Me han traído ecos de los surrealistas Prévert, Péret y Queneau. Y también de los argentinos Girondo y Cortázar. Estos poemas hay que leerlos sin grandes pretensiones, solo en el contexto de ligereza y descaro en el que se movía Clara Dubasenca.

En suma, Distinta Clara es una novela escrita (muy bien escrita) con una intensidad atenuada, moderada. El conflicto interior de las dos protagonistas queda patente pero no de una manera aguda, bronca o disonante. Muchas novelas actuales cargan la trama de atrocidad y abyección y parece que todo lo disecciona el escalpelo del horror y el descreimiento. Hay una necesidad de mostrar continuamente un mundo desquiciado donde no es posible hacer pie. Por eso el lector agradecerá esta novela narrada con sobriedad y dosis de creatividad y humor inteligente.

A mí me enganchó desde la primera página. Deseaba llegar hasta el final para saber más de las dos protagonistas. Hasta el punto de que cuando finalicé la lectura me sentí entristecido, y no porque el final resulte fallido, ni mucho menos, sino porque el punto final significaba mi desenganche forzoso de un mundo que me había fascinado, o sea, la vuelta a la realidad, como si un prestidigitador te rapta con sus mejores trucos y vives un momento mágico que desearías se prolongara indefinidamente para seguir viviendo ese momento prodigioso tan diametralmente opuesto al miserabilismo, como denominaba el mencionado André Breton a la perversidad del pensamiento occidental que privilegia la depreciación o infravaloración de la realidad sobre su exaltación.

Así es Distinta Clara, una novela inteligente, rizomática, adictiva. Una narración que admite muchas lecturas.


Distinta Clara
Alba Ballesta
Algaida, 2019
376 páginas
19€


José Luis Zerón Huguet, nacido en Orihuela el 28 de octubre de 1965, fue cofundador y codirector de la revista de creación Empireuma y desarrolla una actividad cultural diversa. Su producción poética editada consta de dos plaquetas (Anúteba, conjunto de poemas suyos y de Ada Soriano [Empireuma, 1987], y Alimentando lluvias [Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997]) y los libros Solumbre (Empireuma, Orihuela 1993) , Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Ante el umbral (Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela 2010), Sin lugar seguro (Germanía, Alzira, 2013), De exilio y moradas (Polibea, Madrid, 2016), Perplejidades y certezas (Ars poética, Oviedo, 2017) y Espacio transitorio (Huerga & Fierro, Madrid, 2018). Ha sido incluido en varias antologías y colabora con ensayos, artículos, cuentos y poemas en numerosas revistas nacionales e internacionales. Ha obtenido varios galardones literarios. El vuelo en la jaula fue seleccionado para el Premio Nacional de la Crítica del año 2004 por los miembros de la Asociación Española de Críticos Literarios y los componentes del jurado. En mayo de 2006 viajó a Rumanía invitado por el Ministerio de Cultura español y el instituto Cervantes de Bucarest, donde participó, como director de la revista Empireuma, en un encuentro de revistas literarias españolas y rumanas en el Centro Cultural de Bucarest y en la Universidad Esteban el Grande de Suceava.

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