Mirar al retrovisor

Los chamanes de la historia: de Vox al Institut Nova Història

Los chamanes del siglo XXI, dice Joan Santacana, se hacen historiadores. Curanderos del pasado, intoxican a los ciudadanos con mentiras a las que determinados intereses espurios prestan altavoz.

Mirar al retrovisor

Los chamanes de la historia: de Vox al Institut Nova Història

/por Joan Santacana Mestre/

No es ninguna novedad la instrumentalización de la historia. Ha ocurrido siempre y seguramente seguirá siendo así. En las sociedades del Antiguo Régimen, la justificación del poder político de la nobleza tenía su base en los linajes históricos; en la era de las revoluciones burguesas, sería la historia quien justificase los diversos Estados nacionales; en el siglo XX los nazis crearon una historia a su medida, al servicio de la raza aria,  que abarcaba desde el Paleolítico hasta el Tercer Reich, mientras que los fascistas reivindicaban la de Roma como base de su expansión por el Mediterráneo Oriental y el norte de África. Siempre la historia ha sido objeto de disputas para apropiarse de la autoridad que confiere el control del tiempo pasado. De todas las infinitas violaciones de la verdad histórica acaecidas hasta principios del siglo XXI, quizás la de los nazis, con la sociedad Ahnenerbe, fuera la más grosera; la que más distorsionó la verdad e incluso el sentido común más elemental. Y no les faltaron acólitos dentro del gremio de los eruditos historiadores, filólogos y arqueólogos.

Sin embargo, en todas estas distorsiones del pasado, la manipulación siempre tenía detrás a expertos, historiadores, eruditos e incluso algún sabio. Normalmente, eran conscientes del engaño y, sin embargo, lo permitían, fomentaban y argumentaban para que la mentira fuera semejante a la verdad. Algunos de los más prestigiosos arqueólogos alemanes del siglo XX avalaron las tesis de la historia racial; muchos de los grandes historiadores y sabios de la historia antigua aplaudieron las ideas imperiales de Mussolini y lo jalearon. La opinión de los sabios se imponía por un simple criterio de autoridad científica. Las clases medias, en una gran parte de Europa, aceptaron los dictámenes de la ciencia nazi precisamente por la categoría de sus avaladores.

Hoy las cosas han cambiado; la manipulación del pasado ya no necesita expertos; si los nazis requerían de expertos historiadores y arqueólogos, en nuestros días ya no son necesarios.  Los sabios —si es que los hay— discuten hoy temas complicados en sus seminarios universitarios, en sus tesis doctorales, en revistas especializadas y otros órganos de conocimiento con los cuales se proyecta la comunidad científica. Pero sus debates raras veces salen de sus despachos; no llegan a la calle. La historia que se maneja en la calle es otra; es una historia hecha a medida de determinadas ideologías más o menos radicales o burdas. En esta historia se enaltece por ejemplo la batalla de Covadonga como el hecho de armas más importante de nuestra historia (para los nazis fue la batalla de Teutoburgo) o se afirma que la conquista de América sólo generó grandeza y gloria, ignorando la terrible tragedia que supuso para los pueblos y las culturas americanas. Por otra parte, ignorando lo que fue la Edad Media, considera esta versión espuria del pasado que la Reconquista fue una auténtica guerra de liberación. Para ellos, existe una auténtica conspiración internacional contra España, que fomenta el desprestigio y el olvido de sus grandes gestas. Sus autores, acólitos y divulgadores son personas que en su vida pisaron un archivo, que desconocen el análisis critico de textos históricos, que en caso de acudir a un archivo no podrían leer los documentos del pasado porque —como mínimo hasta el siglo XVIII—están escritos en latín, lengua que desconocen. Pero nada de esto importa.

Otra tribu de pseudohistoriadores, distinta de la anterior por su plumaje, pero que es idéntica a aquélla en ignorancia, defiende a su vez que Cervantes era catalán, de nombre real Servent; que escribió El Quijote en catalán; que también lo era Cristóbal Colon; que Leonardo da Vinci pintó la Mona Lisa con un fondo de las montañas de Montserrat y que el Lazarillo de Tormes era en realidad Llàtzer de Tornos, un texto escrito en catalán en Valencia. En realidad, creen que toda la literatura castellana del Siglo de Oro fue una traducción de obras catalanas, cuyos originales desaparecieron, e incluyen en ello a obras tales como La Celestina o la poesía de Santa Teresa. Nada importa que sus teorías puedan ser desmontadas fácilmente por cualquier filólogo medianamente competente. Sus teorías tratan de demostrar que existe también una especie de conspiración contra Cataluña, que tiene sus fieles, casi como una religión, dispuestos a creer todo cuanto se les diga.

Ejemplos como los citados son numerosísimos y si no fuera por el apoyo mediático y político que reciben de sus respectivos mentores no merecerían que se les dedicase el más mínimo tiempo. Sin embargo, es necesario observar que la diferencia entre estas distorsiones de la historia y las anteriormente mencionadas es que ahora ya no se requieren sabios para intoxicar con el pasado. Ocurre en este campo algo similar a lo que vemos en otros de la ciencia, tales como el de la sanidad, en donde a veces se extienden falsas teorías sobre las vacunas y, por esta razón,  muchas familias deciden no vacunar a sus hijos e hijas. Así, se dice por ejemplo que la vacuna trivalente va asociada al autismo, con lo cual se somete a los niños y niñas a un riesgo de padecer enfermedades gravísimas. Y por más que los más eminentes médicos alerten del peligro de no vacunar, la pseudociencia les convence de lo contrario. ¿Qué está ocurriendo? El menosprecio al conocimiento científico no se produce por casualidad; la negación de las evidencias (la eficacia de la vacunación para reducir enfermedades, el análisis científico de la historia, el cambio climático, etcétera) siempre tiene un trasfondo social y político importante. No es casualidad que en los tiempos que surgen estas ideas sobre la ciencia médica o la historia, los populismos invadan las cadenas de televisión y asalten el poder en numerosos países del mundo. Y allí donde ellos triunfan, sus víctimas propiciatorias son los sistemas de sanidad públicos y los emigrantes, mientras que intentan apropiarse del pasado, distorsionando la historia. Atacan a la clase médica, acusándola de estar al servicio de mafias inconfesables, se burlan de los ecologistas etiquetándolos como falsos profetas y descreditan a los historiadores como vendedores de las mentiras oficiales. En el fondo, defienden un pensamiento acientífico, basado en supercherías, engaños e ignorancia. Todo ello nos remite a algo que es común en nuestro siglo: el chamanismo. Se trata de auténticos chamanes de la historia o curanderos de la salud, gentes que sin más fundamento que su intuición o falsas evidencias jamás contrastadas intoxican a los ciudadanos. No, no es casual: cual malas hierbas, florecen en el estéril campo de las pseudociencias.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

3 comments on “Los chamanes de la historia: de Vox al Institut Nova Història

  1. Arturo Lorenzo

    Cree usted que la autora de imperativos no ha pisado un archivo? Qué opinión le merece ese libro?

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  2. El articulo delata que no ha leído ni sabe nada del INH. Simplemente se sube al carro en defensa de sus colegas. No se recomienda escribir de oídas. Los currículos por extensos, no facultan para hablar de lo que se ignora.

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  3. Admirado Sr. Santacana: Sin entrar en cuestiones de historia, por no caer en el error de hablar de lo que no sé, le doy toda a razón en lo referente a la existencia del neochamanismo basado en las pseudo ciencias por mucho que se revistan de un disfraz tecnológico. Serían de risa si no fuera por el auténtico peligro que entrañan. Como siempre, gracias por su atinado artículo.

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