Escuchar y no callar

El amor y el lenguaje

Una reflexión gramatical de Miguel de la Guardia.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Un buen amigo, gran amador y hombre que gusta de las mujeres, me confesaba que amaba las preposiciones en lo que tienen de matizar las acciones, de establecer dependencias. Nada como una buena preposición para dejar claro que no se está con sino contra alguien, si se quiere algo para o por, si algo se pone ante o tras y tantas otras relaciones entre personas, entre sus acciones. Ellas y los tiempos verbales matizan si algo sigue vivo o es ya pasado, incluso pretérito perfecto. También ama, mi amigo, la distinción entre el singular, que señala a la persona que queremos, y el plural, que la desfigura en un conjunto amorfo de relaciones pasadas o presentes. Curiosa la capacidad del lenguaje para hacer que nos guste un texto o que nos desagrade profundamente.

En realidad, sería injusto hablar de lenguaje sin matizar si se trata de lo comunicado verbalmente o lo escrito y, en el primer caso, si lo que se habló fue frente a frente o a través del teléfono. Debo confesar que para mí las palabras dichas a cara descubierta, acompañadas de la gestualidad de quien habla y quien escucha, son la cima del lenguaje. Allí es donde no puede ocultarse la veracidad o falsedad de lo dicho y, en ese entorno, es donde cada palabra cobra su auténtico sentido, sin subterfugios, sin maquillaje. La palabra que brota de la garganta no conoce el camino de regreso y queda ahí, al alcance de quien la recibe, sin posibilidad de rebobinarla. Sin embargo, nuestra sociedad le concede mayor valor al lenguaje escrito, que supone compromiso, que rubrica obligaciones y es objeto de juicios; sin entrar a la consideración de que en muchas ocasiones la escritura pasa por tantos filtros y correcciones que pierde toda espontaneidad y por ello hasta cualquier amago de veracidad.

No obstante, si alguna ventaja tiene lo escrito es que puede volverse a leer e incluso reinterpretar a la luz de acontecimientos que ocurren después de escritas las palabras, pero corren el riesgo de perder su naturalidad. Por eso, coincido con mi amigo en el gusto por la escritura automática, sin volver atrás, sin corregir ni las faltas de ortografía, aunque recomiendo fehacientemente no cometerlas, tratando de que lo escrito refleje lo que podría haberse hablado frente al interlocutor. En el fondo, de lo que hablo es del lenguaje como un pálido reflejo del pensamiento y es ahí, en donde ocurren las cosas importantes, donde está el valor de lo que hacemos y decimos. Por eso me gusta tanto decirle a alguien que le pienso, o mejor, preguntarle si nos ha pensado. Pero en este caso el plural no difumina al personaje entre otros muchos sino que atrapa, entrelaza a dos personas en un vínculo que va más allá de cualquier relación accidental.

Probablemente en este punto el lector se estará preguntando si le intentan pasar por columna de opinión lo que en apariencia es una carta de amor traspapelada. No, por favor, no tema, no estoy desvelando secreto alguno, o quizás sí. Si lo piensan bien, todo lo escrito habla del odio y del desprecio lo mismo que del amor. Lo que ocurre es que me gusta ser positivo en los títulos y contradictorio en todo lo demás, que así es la vida, amigo lector.

En resumen, lo que trato es de elogiar el valor del lenguaje y sus matices y animarles a amar y odiar a través de él, controlando los aspectos del mismo, sin dejar resquicios entre sus pensamientos y sus palabras, sin filtros que no sean los literarios, sin concesiones a lo políticamente correcto.


Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991. Ha publicado más de 700 trabajos en revistas y tiene un índice H de 77 según Google Scholar y libros sobre green analytical chemistry, calidad del aire, análisis de alimentos y smart materials. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal, miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y es Premio de la RSC (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV.

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