Poéticas

George Santayana: vivir el pensamiento

José María Castrillón reseña 'El intelecto no está de moda. Pequeños ensayos y poemas', del filósofo estadounidense de origen español.

/ por José María Castrillón /

En el entorno del paso al siglo XX, se produjo un significativo trasvase intelectual a Europa desde los ambientes intelectuales estadounidenses. La pujanza creciente de focos culturales como la Universidad de Harvard no fue suficiente para retener a figuras del pensamiento y la literatura de la talla de Henry James, Ezra Pound y T. S. Eliot, quienes veían en Inglaterra, Francia o Italia espacios desopilantes y renovadores. En 1912, el poeta y filósofo George Santayana participa de este flujo cultural y decide abandonar su actividad como profesor universitario en Boston para residir primero en Oxford, más tarde en París y ya hasta el final de su vida en Roma (1952). Descontento con la actividad académica de Harvard y receloso del ambiente puritano estadounidense inicia un ciclo vital que estima liberador y coincidente con su pensamiento antidogmático y cosmopolita.

Pero en el caso de Santayana, las razones tenían una causa anterior y peculiar. Jorge Ruiz de Santayana había en nacido en Madrid (1863) y no había olvidado sus años infantiles en Ávila, ciudad que no dejó de visitar durante su juventud y primera madurez. Nunca renunció a la nacionalidad española, no como síntoma del nacionalismo que siempre detestó, sino como signo de su radical individualismo. Fue precisamente esta renuncia el motivo de que su novela de autoficción El último puritano (1935) no recibiera el premio Pulitzer, reservado para autores norteamericanos. A pesar de que su educación en Boston hubiera comenzado a los ocho años de edad, de haber modificado su nombre y abrazar el inglés como idioma único de expresión intelectual, resiente pronto una actitud de exiliado que se aviene con el rechazo de la formas académicas y sistémáticas de pensamiento: «me gustaba ser extranjero», «era mi destino» testimonió en Personas y lugares: un fragmento de autobiografía (1944). En efecto, cortado filosóficamente por el patrón de la Pragmática de William James y Josiah Royce, incorporó, sin embargo, el pensamiento platónico a su visión del mundo y apuró como pocos las maneras y los hallazgos de la latinidad alejados de la pedregosidad de la visión puritana. En uno de sus primeros poemas expresa ya de manera anticipada y emocionante sus recelos ante la aceptación religiosa del dolor y su confianza en un mediodía vital y liberador en el seno de la Naturaleza:

Busqué sobre la tierra un jardín de delicias
o, en una isla, un ara al Aire o a la Mar […]
Y así bajé del Gólgota hasta llegar a ti,
Madre Eterna; permite que el sol y el mar me sanen,
y allí donde tú vives retenme junto a ti

A pesar del respeto que le profesaron algunos pensadores como María Zambrano, su pensamiento fue ignorado o infravalorado en España. Tan solo en las últimas décadas autores como Fernando Savater o Daniel Moreno han reivindicado la figura de Santanaya y sus obras se han visto traducidas en editoriales atentas como Tecnos y Trotta.

A este camino de recuperación se incorpora El intelecto no esta de moda: pequeños ensayos y poemas (Animal Sospechoso Editor, 2022). La edición a cargo de Santiago Sanz y Misael Ruiz contiene una miscelánea de breves textos sobre estética y literatura y está completada, en idea feliz, por una selección bilingüe de su obra poética y por la traducción del célebre poema de Wallace Stevens A un viejo filósofo en Roma. El conjunto de textos es tan solo una parte de los que en 1920 el propio autor había ordenado y revisado a petición del ensayista Logan Pearsall Smith, otro estadounidense transterrado a Inglaterra. El grueso textual ofrece apreciaciones sobre estética y literatura, en especial sobre poesía. Quedan, pues, a un lado (o muy levemente apuntados) otros asuntos que obsesionaron a Santayana: la confusión entre esencia y existencia, la inmortalidad o la relación en el seno de lo humano entre pensamiento y animalidad.

En cualquier caso, para entender su idea sobre la expresión poética se ha de tener muy presente que la tarea fundamental de la filosofía de Santayana es advertir de la falacia resultante de confundir nuestra experiencia de las cosas (atribuciones, percepciones, proyecciones…) con las cosas mismas. Por eso, en Tres poetas filósofos: Lucrecio, Dante, Goethe (1910) puso a Wordsworth como ejemplo de la confusión entre la realidad de la naturaleza y las proyecciones morales y psíquicas del poeta inglés —sugerentes y dignas del placer lector, pero proyecciones al fin y al cabo—. Por supuesto, tal diferenciación no resta valor a la expresión poética, siempre aportadora. Sencillamente, y en consonancia con su propósito filosófico de resolver equívocos y solapamientos,  encuentra para la poesía una posición que el pensador tiene por más real y honesta, sin que ello suponga merma de la potencialidad de su visión, pues en cualquier caso la belleza es causa de felicidad.

La prosa de sus escritos fue tildada de poco argumental, de elíptica en el planteamiento y resolución de los conceptos. Sin embargo, posee una elegancia y soltura innegables que obedecen  a su idea de la prosa como «música nacida de la mente», de modo que el pensamiento «tiene que expresarse con inteligencia, pero con una inteligencia revestida de un lenguaje que […] nos procure placer al margen de su importancia teórica o práctica».

No fue Santayana ni en su obra poética ni en sus valoraciones un autor que allanase el terreno a la vanguardia: «Obcercarse, como hacen los poetas irracionales, en una experiencia privada, en una emoción sin valor representativo o ulterior resulta una pérdida de tiempo». Y, desde luego, argumentó algunas reticencias acerca de la modernidad que representaba entonces la poesía romántica (al fondo, la poesía de Walt Whitman): «su fuerza moral [es] una ciega y variopinta vehemencia». Se trata para un clasicista como él de una poesía meritoria pero torrencial, entre ingenua y arrogante, alejada de una visión sistemática y consistente del mundo y que confía en la juventud del hombre sin considerar que repiten «el viejo experimiento sin saber que lo están repitiendo». No formula, en cualquier caso, un rechazo inapelable. Se trata una vez más de aclarar cuestiones, de ponderar juicios: «Habría que considerar esta poesía en relación con la crisis moral y la disgración imaginativa de la que ella misma es eco verbal [añadimos: frente a la visión abarcadora de Dante, por ejemplo]; se evitarían así la injusticia de pasarla por alto como insignificante y la estupidez de alabarla como un logro esencialmente grandioso». En efecto, su propia poesía, más allá de la influencia latina e italiana, encuentra igualmente en el romanticismo más terso y sereno, singularmente en la obra de John Keats, una de sus influencias más poderosas.

Al margen de opiniones de época o de recelos estéticos, la singular finura de sus comentarios nos encamina con precisión a la naturaleza de la expresión poética. No cesa en ningún momento de reclamar imaginación poética, porque es esta cualidad de lo poético la que concede potencialidad a su visión, a la «contemplación imaginativa». El pensamiento utilitario desbroza el laberinto del mundo. Descarta sensaciones y su simplificación resulta necesaria y eficaz. Pero la poesía amplía la visión hasta el punto de que «esa riqueza sensorial y libertad imaginativa […] hallan en la efervescencia un modo de expresarse», y apostilla más adelante con memorable sentido de lo poético: «si en ocasiones [el poeta] parece oscurecer un hecho, es solo porque está restaurando una experiencia». Sin duda, se trata de posiciones que alcanzan con fascinante agudeza a la poesía actual si se comparte, como el propio filósofo advertía en su tiempo, que «la poesía que suele circular es una poesía de tipo convencional, de segundo orden, que propaga ideas establecidas con metáforas trilladas».

Esta edición invita a una reflexión genuina sobre los límites de la expresión poética. El pensamiento de George Santayana interpela al lector de hoy desde un pasado de irrenunciable soledad y gozosa independencia. Más allá de sus frases contundentes y memorables (quién no recuerda su sentencia sobre la inevitabilidad de que los pueblos que desconocen su pasado estén condenados a repetirlo), la poesía y la reflexión de Santayana trazan las férreas limitaciones de lo poético para, sin contradicción, abrazar con júbilo y generosidad su aventura creadora. Con la misma determinación y honradez con que enfrenta a la expresión poética con la inteligencia y la ética, sus poemas, escritos casi en su totalidad antes del siglo XX, sitúan al yo poético ante las causas definitivas de la existencia moral: la templanza bajo el dolor y la culpa del dogmatismo cristiano, la esperanza en una vida fértil y radicalmente vivida. Compromiso y alegría.

Tendré acaso el coraje de vagar por la tierra,
que tan pacientemente sigue su curso interminable,
sin buscar premio alguno, llevado por la fuerza
que señala el camino y me dio la vida?
Lluevan, Pena, tus lágrimas, que alivien mi sequía,
y que el remordimiento abra mi seno esteril,
que enferme yo y maldiga la fuente de mi ser
si por ventura a un día le falta la alegría.

Y con esta serena determinación vivió sus días. Durante décadas al cuidado de las monjas azules de Roma. En guerra con la futilidad de lo mundano y en amoroso cuidado del pensamiento y del instante. Sin brillo y luminoso.


El intelecto no está de moda
George Santayana
Santiago Sanz y Misael Ruiz (eds. y trads.)
Animal Sospechoso, 2022
216 páginas
20 €

José María Castrillón (Avilés, 1966) es doctor en filología hispánica por la Universidad de Oviedo. Es autor de artículos y libros de didáctica de la lengua y la literatura. Ha publicado los textos poéticos La sonrisa de un delfín (Heracles y Nosotros, 1991), Animal de compañía (Nómadas, 1998), Aún por recorrer (Magua, 2004), La vieja munición (Idea, 2005), el círculo y la piedra (Trea, 2006), gramos (Trea, 2010) y Formas de saber que sigues vivo (La Garúa, 2021). Es autor de la antología Subir al origen: antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800-1941) (Trea, 2018). Codirigió el monográfico Antonio Gamoneda: en la lógica mortal (Ínsula, abril, 2008) y editó la antología La sien en el puño (Eolas, 2017) del poeta colombiano José Manuel Arango. Perteneció al consejo de redacción de la colección literaria Nómadas y de la revista Solaria. Es profesor y crítico literario.

3 comments on “George Santayana: vivir el pensamiento

  1. Falta hace la presencia, aún a través de sus obras, que nos liberen de las dictaduras de lo políticamente correcto.

  2. guillermoquintsalonso

    No deberías haber olvidado las obras de Santayana publicadas por KRK, editorial ovetense, la tierra de tu formación. Alguna se ajustaría muy bien a los objetivos de tu escrito. Revisa. Guillermo Quintás.

  3. Agustín Villalba

    «Henry James, Ezra Pound y T. S. Eliot, quienes veían en Inglaterra, Francia o Italia espacios desopilantes y renovadores.»

    ¿desopilantes?

    «Habría que considerar esta poesía en relación con la crisis moral y la disgración imaginativa…»

    ¿disgración?

    «Descontento con la actividad académica de Harvard y receloso del ambiente puritano estadounidense inicia un ciclo vital que estima liberador y coincidente con su pensamiento antidogmático y cosmopolita.»

    Una de las claves de Santayana, que no se menciona en absoluto en este artículo, es su homosexualidad. ¿Se puede, sin conocerla, entender su personalidad y su pensamiento? Lo dudo.

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