Creación

La deformación de Críspulo

A Críspulo Rodríguez le diagnosticaron una DPAP (Deformación Profesional de Analogías Persistentes). En el informe psicológico figuraba su excesiva tendencia al orden, con una particular forma de acotar lo que merecía su atención: «Por cuestiones prácticas usa gafas progresivas, aunque el paciente añora sus antiguas bifocales, alegando que con ellas enfocaba solo de cerca o de lejos, sin distraerse en el paso de las distancias intermedias».

/ por Francisco Fresno /

A Críspulo Rodríguez le diagnosticaron una DPAP (Deformación Profesional de Analogías Persistentes). En el informe psicológico figuraba su excesiva tendencia al orden, con una particular forma de acotar lo que merecía su atención: «Por cuestiones prácticas usa gafas progresivas, aunque el paciente añora sus antiguas bifocales, alegando que con ellas enfocaba solo de cerca o de lejos, sin distraerse en el paso de las distancias intermedias».

Tras tantos años en la imprenta, todo lo asociaba con los iconos de justificar textos: persianas venecianas, hexagramas del I Ching, códigos de barras, pasos de cebra… También llevaba esta asociación a lo tridimensional, fijándose en la alineación de los bancos de la iglesia, justificados a izquierda y derecha con el mismo largo, y viendo el pasillo central como si fuera un medianil. No podía evitar este imperativo de la maquetación.

Le explicaba a la psicóloga que su necesidad del orden iba unida a una idea de la justicia, de lo justo y ajustado: «El orden contribuye a equilibrar y mejorar el mundo. Por eso tenemos para el equilibrio la balanza como símbolo de la Justicia y la equidad; y para la vida en las ciudades, la geometría que ajusta las tramas y el orden de los planes de urbanismo. Incluso, hasta en el medio rural, organizamos los cultivos con surcos paralelos, como si fueran líneas de escritura en el paisaje».

Reconocía que esa cárcel suya del orden conectado con las analogías también lo maquetaba a él en las páginas diarias de su vida, aunque le sirviera de refugio para poder sobrellevar su viudedad. Llegó, en un esfuerzo por centrar la cabeza en algo que le pudiera resultar terapéutico, a esbozar un proyecto para las afueras de su pueblo, con una idea ambiciosa para revitalizarlo: un «Barrio de la Sabiduría», configurado con seis edificios de seis plantas cada uno, correspondiendo todos los alzados con hexagramas del I Ching, El libro de las mutaciones, que tanto consultaba para intentar guiar su triste y difícil devenir.

Pero ni aún así, ni con esas analogías arquitectónicas y el mejor talante constructivo, ni siquiera distrayéndose en casa con el Tetris y en el bar con el dominó, lograba Críspulo salir de ese túnel negro que se le iba alargando cada vez más.

Conservaba en el mismo sitio todo lo que había dejado María el día de su fallecimiento: ropa y objetos personales, y hasta lo que los demás podríamos considerar más insignificante en su estado inerte.

Los dos habían sido creyentes, aunque alejados de la Iglesia. Sin embargo, aquella mañana sintió la necesidad de ir a misa y comulgar. Y sin poder evitarlo, al recibir la sagrada forma observó el desorden de las hostias en el cáliz. Volvió a su banco, y a medida que la oblea se iba disolviendo en su boca, notaba en su interior el avance de una paz que lo reconfortaba.

El día transcurrió sin que una sola vez le viniera al pensamiento el desorden en el cáliz. Y al llegar la noche, después de una cena frugal, Críspulo se durmió tras un tiempo de lectura para sumergirse en su último sueño, en el que veía cómo los discos desmaquillantes de María levitaban lentamente como si fueran hostias en busca de otro orden superior.

Quienes lo encontraron muerto en la cama al día siguiente, dijeron que sus ojos permanecían abiertos, con la mirada fija hacia arriba, enfocando a la vez lo cercano y lo lejano en perfecta comunión.


Francisco Fresno nace en Villaviciosa en 1954 y desde 1973 está participando en la vida artística de Asturias. Ha obtenido entre otros el Primer Premio en el «XIII Certamen de Pintura al Aire Libre» en 1973, el Premio Julio Gargallo en el «II Certamen de Pintura Asturiana» en 1974; Mención de Honor en el «VIII Certamen Nacional de Pintura de Luarca» en 1977; Premio en el «IV Bienal Nacional de Pintura La Carbonera» en 1987; Premio y adjudicación de proyecto de realización de una escultura en el Edificio Administrativo de Servicios Múltiples del Principado de Asturias en 1992;Premio de escultura del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos de Asturias en 1994 y Subvención para Producciones Artísticas concedida para el proyecto expositivo en el Museo Barjola.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

3 comments on “La deformación de Críspulo

  1. libreoyente

    Precioso relato

  2. Impresionante, Francisco!!!!
    Me ha encantado!!!!
    Es un placer descubrir que no solo eres un gran artista de «los pinceles y los cinceles», si no que además lo eres también de la pluma.
    Te felicito por el disfrute que supuso leerte.
    Un abrazo.

    • Francisco Fresno

      Muchas gracias, Armando, por tu comentario ario tan generoso. Un abrazo.

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