/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Corren malos tiempos para este país, pues resulta difícil encontrar alguien que quiera en la vida cotidiana asumir los riesgos que conlleva tomar decisiones. Las frases más habituales de muchos de los jóvenes que capitanearán empresas e instituciones en un futuro próximo suelen ser «no lo sé» o «vale», que, en el fondo, destilan indecisión por todos lados. Muchos de nuestros jóvenes, cuando les preguntas lo que piensan hacer en un futuro próximo, e incluso mañana, contestan que no se lo han planteado o que están al albur de lo que otros decidan. En cuanto se les hace una propuesta contestan con esa expresión de «vale» que probablemente afirma más que niega, pero que en ningún momento razona su aquiescencia ni añade nada por su parte. Si alguien toma las decisiones que son necesarias para todos, puede contar con que será objeto de críticas y cotilleos; pues parece que ser expeditivo es un desafío intolerable en el clima de abulia generalizada que quiere apoderarse de nuestra sociedad.
Probablemente el lector estará pensando que exagero y que, posiblemente, tenga un mal día, pero si exagero no es con la intención de descalificar, sino para espolear a esta juventud española que ha recibido un gran número de oportunidades para su formación, que en el caso de las clases medias y altas ha vivido mejor de lo que vivieron sus padres bajo el amparo de la economía familiar, que han podido viajar y conocer otros países y culturas. Mi intención es que no se dejen llevar por la molicie, que ni de lejos se crean que ellos merecían lo que han disfrutado hasta ahora y que esa situación de vivir por cuenta ajena no puede prolongarse en el tiempo y son ellos quienes deben tomar las riendas de su futuro.
Hace casi veinte años, contemplaba sorprendido que los hijos de mis colegas y amigos franceses y alemanes vivían peor que sus padres y eso ha llegado ahora a la sociedad española y los jóvenes deben recuperar el ímpetu para hacerse un lugar bajo el sol que, ese sí, será el resultado de su esfuerzo y por tanto el que se merecen.
Desde mi perspectiva debemos recuperar la cultura del esfuerzo y tomar las riendas de nuestro destino. Mal se puede pilotar un barco si no se tiene claro el rumbo y no solo en el corto espacio de tiempo, sino también a medio y largo plazo; pues resulta más fácil modificar un rumbo que pararse entre dudas y quedarse al pairo de la vida, supeditando el propio destino al albur de los otros.
Una sociedad de personas que no toman decisiones se convierte con frecuencia en caldo de cultivo para caciques, líderes y desaprensivos de todo tipo y me temo que ya tenemos algunos ejemplos de ello. Me duele cuando se pregunta a los jóvenes a qué aspiran y algunos confiesan que a esa efímera popularidad de haber participado en un programa televisivo, ganar en algún juego de azar un premio sustancioso o tener una buena lista de seguidores en las redes sociales. Pocos hablan de llevar a cabo una actividad profesional con entusiasmo y muy pocos se aventuran a pensar que si son capaces de hacer algo mejor que nadie tendrían asegurada una forma de sustento de por vida. Lo malo es que pocos tienen esa ambición de estar a la altura de las circunstancias y esforzarse por mejorar día a día y la mayoría se limita a pensar en términos monetarios o egoístas.
De la situación anterior solo se puede salir con esfuerzo y grandes dosis de ilusión y generosidad para tomar decisiones sobre el propio futuro que, a su vez, puedan ser beneficiosas para la sociedad.

Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991. Ha publicado más de 700 trabajos en revistas y tiene un índice H de 77 según Google Scholar y libros sobre green analytical chemistry, calidad del aire, análisis de alimentos y smart materials. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal, miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y es Premio de la RSC (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV.
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