/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Sería un inmenso error confundir los gobiernos que en un determinado momento dirigen los países, con los pueblos a los que accidentalmente representan. Es cierto que los ciudadanos no estamos exentos de responsabilidad en lo tocante a la elección de nuestros gobernantes, pues es nuestro voto, o la ausencia del mismo, lo que hace que se aúpen al poder personas que usan la mentira como método, olvidan rápidamente su condición de servidores públicos y actúan como amos o patronos.
La reciente polémica entre los actuales gobernantes de España y Argentina, que tuvo su origen en la falta de respeto y educación de un ministro español y encontró rápidamente eco en la del presidente argentino, ha desembocado de manera absurda en la retirada de la embajadora de España en Argentina, dejando huérfano de representación al más alto nivel a nuestros ciudadanos y empresas en aquel país. Lo peor es que lo anterior se produjo al confundir los intereses de los gobernantes con los de los pueblos a los que deberían representar. Otro tanto ocurre con la condena de las acciones bélicas del señor Putin, del señor Netanyahu o las acciones terroristas de la organización Hamás, de las que sería grosero e injusto acusar al pueblo ruso, a la población judía o a los palestinos.
Una actitud verdaderamente progresista debería diferenciar claramente gobiernos y naciones y evitar acciones dirigidas contra los países por culpa de las acciones criminales de sus dirigentes. El mejor ejemplo en este sentido lo proporcionan los embargos de medicinas y alimentos que hacen sufrir a los pueblos mientras sus gobernantes siguen disfrutando de sus privilegios sin faltarles nada. Esta es claramente una situación límite, pero sirve de ejemplo para juzgar propuestas que se nos quieren pasar por progresistas y tan solo son injustas, o en el mejor de los casos estúpidas. Lo digo a propósito de la exigencia de algunos estudiantes propalestinos que proponen que nuestras universidades cancelen la colaboración con instituciones y centros de investigación de Israel, como si las universidades de ese país estuvieran actuando en el asedio y masacre a la población palestina. Esa propuesta es claramente injusta y reaccionaria al confundir la actuación del actual gobierno israelí con la excelente labor investigadora y docente de las universidades de aquél país. Personalmente no tengo ningún convenio con Israel y bien que lo lamento, pero tengo convenios con universidades iraníes y me enorgullece el trabajo que llevamos a cabo conjuntamente. Por errores que cometan los gobiernos puntuales de Brasil, Argentina, Italia, Francia, Alemania, Turquía, Marruecos, Argelia, Irán, Irak, Venezuela, India, Túnez, Egipto, Colombia o China, no pienso romper mi relación con mis colegas de esos países que, me consta, trabajan cada día en favor del progreso del conocimiento y la hermandad de los pueblos.
Tan solo los autócratas confunden sus responsabilidades de gobierno en un momento dado con el destino de los países a los que representan y, en definitiva, la historia relegará al lugar que merecen a quienes creyeron en algún momento que su país eran ellos, sus familias y amigos y lo demás simple decorado del que servirse en provecho propio.

Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.
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