/ por Thor Benson /
Artículo publicado originalmente en Madness el 10 de noviembre de 2025, traducido del inglés al castellano por Pablo Batalla.
Debajo del artículo, el lector encontrará la explicación de una serie de referencias familiares para el lector estadounidense, pero no necesariamente para el español, señaladas en el texto con llamadas numéricas.
Acabo de volver a Estados Unidos después de un viaje de quince semanas por Europa, y he estado reflexionando sobre la situación actual del país. En cuanto mi avión aterrizó, me descubrí preguntándome si las fuerzas de inmigración podían detenerme antes de salir del aeropuerto. No volvía al mismo país al que había regresado otras veces.
Mi sentimiento principal al respecto —el que tuve durante toda mi estancia en Europa— es de profunda decepción. Al viajar por España, Francia, Italia y otros países, me acordé de cómo es una sociedad liberal y funcional. Y todo el rato pensaba que lo que me esperaba en casa era un país en grave decadencia.
No tendría por qué ser así, pero aquí estamos. En Europa cogí trenes de alta velocidad de una ciudad a otra. Vi protestas con mucha gente en varias de esas ciudades y que la policía no asfixiaba a sus participantes con gas lacrimógeno. La gente que presenciaba estas manifestaciones animaba con frecuencia a los manifestantes. Advertí en estos lugares la convicción arraigada de que una persona de clase trabajadora merece dignidad y seguridad financiera, no la indigencia.
Europa no es perfecta, pero, para mí, fue un soplo de aire fresco después de lo que he visto pasar en mi propio país. Otra cosa de la que uno no tiene que preocuparse en la UE —en realidad, en ningún país desarrollado salvo Estados Unidos— es la amenaza de un tiroteo masivo. Yo me acabé dando cuenta de que Estados Unidos es un país gobernado por mass shooters, por tiroteadores masivos.
¿Cuál es el perfil psicológico del autor de un tiroteo indiscriminado? Un hombre violento, envenenado por la tecnología, pervertido, solitario, inmaduro, a menudo racista o sexista. ¿No vale todo eso para describir a los líderes del Partido Republicano y del trumpismo en general?
Estamos en manos de marginados desquiciados. Un titular de enero de The Guardian decía: «Sabía que algún día vería a hombres poderosos quemar el mundo: lo que no esperaba era que fueran semejantes perdedores». El artículo se centraba en los tech bros multimillonarios que adulaban a Donald Trump. El titular, me parece, refleja este momento de la historia de manera más general. Vale para los tech bros, para el Gobierno Trump y para la gente que los apoya.
Son gente desabrida; no les gusta nadie que no se arrodille ante ellos, y están llevando a este país por un camino patético, abominable. Que esto esté sucediendo en un país que realmente podría estar floreciendo, progresando, madurando, es más que deprimente.
Lo que estamos es cada vez más aislados. Cuando hablaba con europeos que me preguntaban de dónde era, a veces me daban ánimos —pensando, probablemente, en el antiguo prestigio de Estados Unidos y en su influencia cultural—, pero lo que más hacían era mirarme con lástima. «Qué cosas tan terribles estás viviendo».
El mundo está aprendiendo a vivir sin nosotros. No puede ignorar del todo a Estados Unidos, pero sí reducir mucho los negocios que hace con nosotros, la influencia que nuestra cultura ejerce sobre ellos o el volumen de sus interacciones con nosotros en general. «Igual ya no visitamos Nueva York o Miami. Igual vamos a ver Vancouver o Antigua. A lo mejor va tocando visitar Tokio».
Nos gusta mucho llamarnos «la nación indispensable»,[1] pero nunca en la historia contemporánea hemos sido tan prescindibles. A mí eso me resulta, como ya he dicho, bastante desasosegante. Me crie creyendo que este era un lugar que no iba a abandonar la senda de la justicia y de la mejora. Era idealista, pero era joven. Pensaba que seguiríamos liderando a los caminantes de ese camino, a pesar de nuestros defectos. Ahora me pregunto adónde vamos.
Por supuesto, sigue habiendo motivos para conservar la esperanza. Cuando veo cosas como las protestas del movimiento No Kings,[2] los grandes triunfos del Partido Demócrata del 4 de noviembre,[3] a la gente que se organiza para defender a sus vecinos de Chicago,[4] ese es el Estados Unidos que yo quiero, y no voy a rendirme. Pero no podemos hacer como que no estamos en una situación peligrosa, ni fingir que no es probable que las cosas empeorarán antes de mejorar. No tenía por qué ser así. Y hay muchos otros sitios en los que no lo es.
[1] No necesariamente fue la primera en utilizar ese adjetivo para referirse a Estados Unidos, pero el lema suele asociarse a Madeleine Albright, secretaria de Estado durante la presidencia de Bill Clinton, que lo pronunciaba con frecuencia. En 1998, en una entrevista televisiva, se refería así al uso de la fuerza contra el Iraq de Sadam Huseín: «Si nos vemos compelidos a usar la fuerza es porque somos Estados Unidos. Somos la nación indispensable. Vamos con la cabeza bien alta y vemos más lejos que otros países en el futuro, y vemos el peligro que la situación entraña para todos» (N. del T.)
[2] No Kings («Sin Reyes») fue el lema de una serie de manifestaciones convocadas en varios estados de Estados Unidos el 14 de junio de 2025, en contra del autoritarismo creciente del poder ejecutivo y como reacción al desfile militar organizado ese día en Washington para celebrar el 250.º aniversario de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Ese tipo de desfiles no es habitual en el país, y la jornada coincidía además con el 79.º cumpleaños de Donald Trump, desprendiendo por ello un aire de capricho neroniano. Las protestas —que también llamaban a «destronar» a Trump— echaron mano de un lenguaje antimonárquico que tiene una resonancia patriótica especial en un país republicano desde su nacimiento, alumbrado en una revolución contra una monarquía del Antiguo Régimen. (N. del T.)
[3] El de Zohran Mamdani, nuevo alcalde de Nueva York, miembro del ala izquierda del Partido Demócrata, pero también los de Abigail Spanberger y Mikie Sherrill (demócratas moderados) como gobernadores de Virginia y Nueva Jersey. Diez días después, la socialista Katie Wilson también se aupaba a la alcaldía de Seattle. (N. del T.)
[4] Se refiere a la reacción autogestionaria de los ciudadanos de Chicago frente a las redadas de ICE, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas. Cuando reciben mensajes que les alertan de la presencia de agentes en el vecindario, salen a la calle para expulsarlos a gritos y bocinazos y grabar sus acciones con el móvil. Colaboran asimismo en la distribución de kits preparados por distintas oenegés, con silbatos y folletos bilingües que explican los derechos que asisten a un inmigrante durante una redada; o recaudando fondos para comprarle todo el stock a vendedores —de, por ejemplo, empanadas— perseguidos por los agentes, a fin de que puedan encerrarse en casa sin perder el dinero que ganarían en una jornada de trabajo. (N. del T.).
Thor Benson es periodista freelance y escritor de ficción. Colabora con medios como The Daily Beast, The Verge, WIRED, Rolling Stone, The Atlantic, Slate, NBC News o VICE. Su blog se titula Madness y en él publica textos sobre política, tecnología y ciencia, en los que se fija con frecuencia en el trasfondo histórico del tema a tratar.
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