El runrún interior

El runrún interior (178)

Pablo Batalla escribe en su dietario sobre una observación de Azorín sobre el estilo literario o la lectura de unos poemas de Francisco Álvarez Velasco.

/ un dietario de Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (177)

Lunes, 2/2/2026. Escribía Ricardo Mella en 1911, en la revista gijonesa Acción Libertaria, que «Madrid, el Madrid oficial, lo es todo. En política, en literatura, en artes, en ciencias, no hay más que Madrid. La vida entera de España se refunde, se concentra allí, y no hay modo, al parecer, de evitarlo. Todos los esfuerzos de las capitalidades subalternas por sustraerse a la dominación, al influjo poderoso de la capital de la Monarquía; sus políticos, sus literatos, sus periodistas, sus pintores, sus poetas, a Madrid han de someterse si quieren salvar las fronteras del provincialismo».


Martes, 3/2/2026. ¿Cómo se vivió en España, en lo inmediato, la Revolución rusa? Me emociona y me insufla una especie de melancolía leer —en El movimiento anarquista español, de Antonio Padilla (1976), que así:

«La Revolución rusa […] reaviva milenarismos adormecidos en el siempre irredento pueblo andaluz […] e incluso en los grandes núcleos industriales, como explicó Victor Serge: “Los despachos de periódicos se suceden […] y dan sobre las grandes jornadas de Petrogrado una profusión de detalles sorprendente. Veo todavía a Porfirio, exaltado, como ebrio, La Vanguardia ampliamente desplegada bajo un farol, releyendo en voz alta, con acentos de delirio, las líneas que relataban cómo a la llamada del suboficial Asthakov […] el primer regimiento se había unido al pueblo insurgente en una calle de Petrogrado… ‘¡Magnífico!’, decía Porfirio con una voz ensordecida por la emoción; y reunía con un gesto a los compañeros que salían del taller; Trini, Quina, Mercedes, Úrsula, las empaquetadoras se unían a nuestro grupo, sus hombros a menudo estrechos, sus rostros a menudo graves, así como bajo un gran viento frío, virilizador. Gracias a él yo he aprendido qué esperanza maduraba en los barrios pobres de la ciudad”».

*

Leo que, en una reunión del Partido Republicano Histórico celebrada en Barcelona el 22 de octubre de 1888, Castelar se puso a perorar sobre el «espíritu ario en que nuestras individuales almas respiran, calor vivísimo de la sangre aria que discurre por nuestras venas». Cielos.


Miércoles, 4/2/2026. En la izquierda española del siglo XIX y principios del XX fue habitual inventarse remedos de las oraciones cristianas, que copiando su estructura, enumeraban los principios del republicanismo o el movimiento obrero. He aquí un ejemplo que acabo de toparme en el libro de 1970 Las clases trabajadoras en España (1898-1930), de Fernanda Romeu, de un labriego andaluz de principios del siglo pasado:

Creo en el socialismo todopoderoso ijo de la justicia y de la anarquía
que es y a sido perseguido por todos los políticos y todos los gobiernos
por lo que a sido mal tratado y escarnecido y deportado
descendió a los lóbregos calabosos y de ellos a benido a emancipar al proletariado
y está sentado en el corasón de los asociados
donde allí juzgarán a tdo sus enemigos
y creo en los grandes prinsipios de la anarquía la federasión y el coleptibismo
creo en la rebolusión sosial que a de redimir a la umanidad de todos los que oy la degradan y enbilecen.
Amén


Jueves, 5/2/2026. Leo que decía Azorín, y veo muy reflejado mi propio pensamiento, que «cada cosa en el lenguaje escrito debe ser nombrada con su nombre propio; los rodeos, las perífrasis, los circunloquios embarazarán y recargarán y ofuscarán el estilo. Pero para poder nombrar cada cosa con su nombre… debemos saber los nombres de las cosas. […] Si están esos nombres en el habla baja, popular, llevémoslos sin vacilar al lenguaje literario; si están en los libros viejos —en los clásicos—, exhumémoslos también sin reparo».

*

«Muere mi tiempo fugitivo y estoy velándolo», escribe Francisco Álvarez Velasco en un poema sobrecogedor sobre la muerte sucesiva de cada uno de sus seres queridos. Recuerdo algo que leí contar a alguien, sobre una abuela suya a la que le desconsoló, más que ninguna otra, la muerte de la última hermana que le quedaba viva, y lamentaba que «se había quedado sola». ¿Cómo que sola, si tienes varios hijos y muchos nietos? Y ¿por qué te desconsuela más esta muerte que la de otros hermanos a los que querías más, o que la de tus padres? Porque se ha muerto el último miembro de la familia en la que nací, respondía. Hay una edad para vivir eso, y tiene que ser terrible: ver caer el último árbol del bosque de la infancia y pensar que al bosque que creció después lo quieres con toda el alma, pero no es aquel bosque, el bosque que te cuidó, sino uno que tú plantaste, del que tú fuiste responsable, del que has sido cuidador. Nunca dejamos del todo de ser niños. Hasta en las edades más avanzadas —quizás renovadamente en las más avanzadas—, hay comarcas del cuerpo que siguen siendo un bebé que quiere que lo abracen, que lo consuelen, y extiende los bracitos para pedir el abrazo de mamá, de papá, de los abuelos, siquiera el de un tío, siquiera el de un hermano. Cuando lo que se encuentran es el vacío, ha de ser muy angustioso, por más que los hijos, los sobrinos, los nietos, los bisnietos, quieran correr a llenarlo.

*

Francisco Álvarez Velasco: «mezquino es nuestro mundo / si nos roban los mapas de la infancia».

También de Álvarez Velasco:

Alguien le abrió los ojos,
y en su interior había:
luces de amanecer
lentos trenes del alba,
un árbol con su sombra,
la hojarasca de otoño,
un rostro ante el espejo,
la escarcha en los cristales,
unos labios abriéndose,
otros ojos mirando…


Viernes, 6/2/2026. Lo que anuncia la prensa es nada menos que «la primera terapia efectiva contra el cáncer de páncreas», y, claro, cientos de enfermos desesperados corren a escribir a Mariano Barbacid, solicitándole la terapia o participar en las pruebas, que prueben en ellos todo lo que quieran. Lo que queda al cocer el sísmico titular es que se ha hecho un experimento prometedor con 45 ratones y «han aparecido un par de moléculas que apuntan muy bien, pero hay que seguir puliéndolas y medir su toxicidad», y «la probabilidad de que esto acabe bien no es alta, por no decir que es muy pequeñita, pero, si esto va bien, estimamos que en dos o tres años se podría empezar a ensayar en voluntarios humanos». Con la prensa ya se sabe, pero se acusa a Barbacid de no haber hecho demasiado para templar el entusiasmo; de dejarlo hincharse, para aprovecharse de él. No sé si es cierto, pero, si lo es, es bastante miserable. Palabra dura, pero no hay muchas cosas peores que el cáncer de páncreas, ni habrá, por lo tanto, mayores ilusiones que las de un enfermo desahuciado al que se le diga que tal vez no lo esté. Me viene a la memoria el pobre L., que se murió de una horrible enfermedad degenerativa que lo fue paralizando, y que antes de morirse se pasó años apuntándose, el pobre, a cualquier bombardeo que prometiera curarlo: ofrecerse de conejillo de Indias para cualquier experimento, peregrinaciones a Lourdes y otros santuarios, y hasta caer en la trampa de un estafador búlgaro que vendía no sé qué ungüento panaceico que no solo no lo era, sino que era directamente tóxico. Lo de los hinchadores de titulares es menos canallesco, pero hay canallería también en ellos. No se puede jugar con estas cosas, joder.

*

En Guadalajara está lloviendo tanto como en todas partes, y todo el mundo habla del Ojillo. «¿Ha llegado el agua al Ojillo?», se preguntan unos a otros. «Todavía no, pero está ahí, ahí», responden los que saben. El Ojillo es un arco pequeño, abierto en la parte alta de un viejo puente de origen árabe sobre el río Henares, y por el que el agua solo pasa cuando el río va muy cargado. Hace años que no ocurre, pero parece que este año va a pasar. El Ojillo. ¿No está el mundo entero algo así como pendiente del Ojillo, de un preocupante Ojillo —igual el de Sauron—?

*

Moriche: «Detesto la retórica de “los fachas de antes eran más serios” y tal, pero si alguien hubiera sugerido a Fraga compartir tablas con un tipo como Quiles el de Vilalba le hubiera descuajado el espinazo con las manos desnudas antes de haber siquiera terminado de enunciar la propuesta».


Sábado, 7/2/2026. La sede de la CNT de Guadalajara es un local pequeño, pero lleno de libros. Los ojeo con avidez. Hay una sección de historia y pensamiento anarquista, muy centrada en España: junto a Kropotkin y demás, antologías de Ricardo Mella, Anselmo Lorenzo… Y varias historias de la guerra civil. Pero la mayor parte de los libros de esta biblioteca son títulos corrientes; libros, no anarquistas, sino del gusto general; las novelas más conocidas, libros de historia escritos por autores de cualquier ideología, etcétera. Veo incluso un tocho de Ricardo de la Cierva, aquel historiador revisionista, precedente de los Pío Moa et alii. Y me acuerdo de aquel artículo que leí una vez sobre qué libros había en las Casas del Pueblo de principios del siglo XX, en el que el autor comentaba su sorpresa por que aquellas bibliotecas no consistieran solo ni principalmente en los libros del rollo: historias marxistas de la clase obrera, las novelas de Zola, etcétera, etcétera, sino simplemente en libros; libros de cualquier clase, los de Cervantes, Galdós, Valera, Pío Baroja; libros de izquierdas, de derechas y mediopensionistas, porque lo que buscaba aquella ilustración obrera no era adoctrinar al personal, sino simplemente alfabetizarlo, darle acceso a la cultura que los señores del mundo querían solo para ellos, y que al acceder a ella decidieran con libertad el pie del que cojear. En realidad era más marxista eso que lo de la doctrina, porque era más lucha de clases que lucha de ideas. Se trataba de que la clase proletaria prosperara sin más, de que fuera libre y culta sin más.

*

Leo que Zapatero ha ido a Venezuela, a parlamentar con Delcy Rodríguez, y, por primera vez, me indigna que lo haga. Seguramente sea injusto; quizás todavía sea útil esta vocación suya de tender puentes y abrir diálogos; quizás pueda marcar aún alguna diferencia. Pero lo que antes era tender puentes entre orillas separadas, ahora es validar y reforzar un puente ya tendido: el puente aéreo de la invasión yanqui de enero y el puente telefónico entre Trump y sus quintacolumnistas en el Gobierno chavista. ¿Qué vela tiene, ahora, Zapatero en ese entierro?


Domingo, 8/2/2026. R. me cuenta que ha conseguido completar su colección de belarminos, aquella moneda asturiana efímera, emitida durante los meses del Consejo Soberano de Asturias y León, con sus dibujos de proletarios musculosos y afanosos labriegos, que sé de alguno que ha llegado a tatuarse. Yo tengo también la colección completa, pero porque la guardó mi bisabuelo Daniel, que había sido alcalde republicano de su aldea (pero se enfrentó a los milicianos que querían quemar la iglesia, y por eso la familia rica del pueblo habló en su favor en la posguerra y se salvó de la represión). Siempre me ha resultado interesante aquella decisión suya de preservar los billetes. ¿Esperaba que más temprano que tarde el franquismo cayera, la República regresase y volvieran a valer? ¿O no lo esperaba, pero quiso guardarlos como una reliquia; como un recordatorio de que sus ideales triunfaron una vez?


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleNueva Sociedad, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT, Público y El País; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021), La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023), Yo podría haber sido Fidel Castro (2024), y La bandera en la cumbre: una historia política del montañismo (2025).


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