/ Noticias de ningún lugar / Michel Suárez /
I
Ars moriendi
En una Edad Media asolada por guerras y pandemias, la angustia de una muerte acechante impulsó la creación de obras maestras sobre el ars moriendi. Aprender a morir bien, a afrontar con entereza la hora final sin ceder a las tentaciones del Diablo, fue tarea de los numerosos compendios cristianos de resignación y consolación que proliferaron durante el periodo. Espíritu superior, Hans Holbein el Joven nos legó una magnífica colección de esqueletos que, ampolleta en mano, anunciaban a mortales de todos los estamentos sociales la conclusión de sus días en la Tierra.
¿Qué hace nuestra época, generosa en matanzas y catástrofes, con la muerte? Negarla, combatirla y jurar, en el altar de la ciencia, su pronta abolición. ¿Qué clase de locura es esta? ¿Es fruto de la desmesurada ambición de un puñado de narcisistas, o la turbadora culminación de un progresivo desarraigo vital plenamente moderno? Ambas hipótesis son ciertas.
Por un lado, la erradicación de sentido vital provocada por el nihilismo consumista de los últimos ochenta años nos ha llevado a la aceptación de propuestas de regeneración desastrosas. El transhumanismo, como antes el «hombre nuevo» soviético o Übermensch nazi, es una respuesta paligenésica a la profunda crisis de sentido que anidaba, desde sus orígenes, en la sociedad del bienestar. A fin de librarse de una abrumadora sensación de vacío existencial, el hombre no ha dudado en pactar, una vez más, con Mefisto, provisto, en esta ocasión, de utillaje digital.
Por otro lado, la ausencia de coartadas morales y evidencias empíricas no arredra a los portavoces del impulso de conquista científico. Tampoco les inquieta haber ido más lejos que nadie en la historia de la humanidad en la manipulación científica de la vida. Su sórdida fantasía es un monumento a la arrogancia faústica que tal vez habríamos podido evitar de haber contado con un Hans Holbein. Pero la ausencia de grandes artistas define esta época de forma tan precisa como la falta de humildad y sensatez.
II
El séptimo ángel
Los renovados delirios de los transhumanistas, expuestos con el lenguaje tecnocrático del poder, son completamente ajenos a su impacto sobre el sentido, colectivo e indidual, de la vida. A los enemigos de la muerte sólo les preocupa si el alargamiento de la vida es científicamente plausible. Eso no significa que, además del pellejo, no estén interesados en salvar el alma. Peter Thiel, que está presente en todos los saraos en calidad de figura clave en Facebook, PayPal y Palantir, es un prolijo conferenciante sobre el Armagedón y el fin del mundo. Me imagino el estupor del público al escuchar su habitual sarta de disparates, inspirados en la obra de Carl Schmitt, connotado jurista nazi, sobre el Katechon, figura oculta que impide el triunfo del mal y la instauración de un reino satánico en la Tierra.
¿Qué rayos significa todo esto? En la segunda carta de Pablo a los tesalonicenses, se hace mención a un ente que se interpone en el camino del Anticristo para retrasar el fin del mundo. «Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio». Siguiendo a Schmitt, Thiel identifica los planes políticos de las «élites globalistas» (multiculturalistas, ecologistas, altermundistas, feministas, socialistas, etcétera) con el Anticristo. «Lo que retiene» el proyecto de dominio de este «gobierno global» en la sombra es el Katechon, último bastión contra las fuerzas dispuestas a unificar el mundo. Estos mejunjes de escatología cristiana, películas de terror de bajo presupuesto y series de ciencia ficción, de Peter Thiel no son inocentes. De hecho, dan base a las líneas maestras de su actuación empresarial y política, que incluyen el apoyo a las carreras de Donald Trump y JD Vance.
«El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos», leemos en el Apocalipsis. Los trompeteros de la posthumanidad como Thiel sueñan con anunciar el gobierno definitivo del capitalismo industrial y la tecnociencia, el Señor y su Cristo. Nuestra obligación moral es arrebatarles la trompeta y hacerla añicos antes de que se lleven por delante a la humanidad.

Michel Suárez (Pola de Siero [Asturias], 1971) es licenciado en historia por la Universidad de Oviedo, con estancia en la Faculdade de Letras de Coímbra, y máster y posteriormente doctor en historia contemporánea por la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro, con estancia en París I, Panthéon-Sorbonne. Además, edita y es redactor de la revista Maldita Máquina: cuadernos de crítica social. Lo fundamental de su pensamiento fue abordado en esta entrevista para EL CUADERNO y está condensado en sus ensayos El fondo de la virtud y De re vestiaria.
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