/ una reseña de Luis López /
¿A quién pertenece una lengua? ¿A los hablantes? Diría que no únicamente, y menos con un sentido meramente sincrónico. Las lenguas, en mi modestísima opinión, deben ser consideradas bienes comunes. Todas nos deberían interesar, a todas deberíamos proteger, aunque lo cierto sea que resulte inevitable ceder al establecimiento de una prelación entre ellas, en función del desarrollo de sus sociedades y de su literatura, medida obviamente de acuerdo con nuestros prejuicios identitarios: lo que quiere decir, en Occidente, literatura culta transmitida de forma escrita. La literatura popular, habitualmente oral, pasa a ser campo de estudio de antropólogos, etnógrafos y folcloristas. Pábilun.
Claro está que, así consideradas, no todas las lenguas tienen igual cabida en el canon. Viniendo a nuestro caso, Antón de Marirreguera no puede compararse con Góngora, a pesar de que ambos escribieran un poema basado en los amores de Píramo y Tisbe (puesta en entredicho la atribución —por cierto— del asturiano). Ello no significa más que Asturias pasó en la baja Edad Media a ser una región remota y sus élites, como todas las élites en estos casos, comenzaron a utilizar el idioma dominante (y a marcharse a los nuevos centros de poder), y la literatura en lengua asturiana quedó limitada, durante siglos, a un esfuerzo residual al margen de las grandes corrientes (las grandes influencias) europeas.
Lo que Xaime Martínez busca llevar a cabo en este libro es, precisamente, la inserción de la literatura asturiana en esa tradición; un empeño que en castellano, obviamente, no tendría sentido, y en el que él mismo asume —a la vez— los papeles de Navagero, Boscán y Garcilaso, buscando aclimatar a la lengua asturiana la tragedia ática, Virgilio, Dante o Eliot. Así, en una entrevista de 2023 en El Nacional, dice:
«Son dos lenguas, la castellana y la asturiana, que están en momentos evolutivos muy diferentes, y el asturiano ahora mismo ofrece unas posibilidades estéticas que no ofrece el castellano. El asturiano es una lengua literaria mucho menos fijada, mucho menos regulada […] La historia del asturiano, sin embargo, es simplemente una historia de desaparición. Por eso intervenir es ensancharla, hacer más lugar a la imaginación, a las cosas que es posible decir en esta lengua».[1]
Es cierto que la literatura en asturiano ha vivido un auge sin precedentes desde los años setenta del siglo XX, pero los autores del Surdimientu y la generación posterior buscaban, al hacer literatura en asturiano, situarla en su contemporaneidad. Xaime Martínez, en cambio, asume el desaforado objetivo de cerrar el abismo que se abre detrás de ellos, que los nombres recogidos por Caveda y otros ilustres asturianistas no alcanzan a llenar. Desde este punto de vista, es programático que el título del libro sea la palabra pábilun, una palabra tomada de las canciones vaqueiras que no tiene otro significado que el que le presta su sonoridad, y que enlaza con las más arcaicas formas de expresión popular (significativamente, la segunda de las tres partes en que se divide Pábilun es otra expresión sin significado, Iko Iko, procedente —aclara el autor— del folclore de Nueva Orleans).
LA MÁZCARA: UNA INTERPRETACIÓN DIECIOCHESCA
Acordies con Rameau, la cuerda ye a la cuerda lo que’l soníu al soníu.
Según los neoclásicos, la utilidá d’esti poema ye un paisanu
que xipla una flauta enriba un güe hasta que’l güe desapaez.
Dicho d’otra manera,
la utilidá d’esti poema equival a cero,
magar que’l cero nunca nun ta valeru, sinon que ta enllenáu
de l’ausencia del güe.
L’ausencia del güe ye Iko Iko.
El xiplíu de la flauta ye Pábilun.
Nenguna de les dos palabres nun significa nada.
Nenguna de les dos palabres nun significa dalgo.
(Estes cuatro flexones del ser arrodien un abismu.)
Palabres como música más pura:
epifenómenos del sinsentíu.
Estes palabres son la música como l’arume de les flores ye’l so color.
(Igual que la nublina ye la mente de los campos.)
Hemos imaxinar agora
la paradoxa de la referencia cruciada:
«el que lu merezca ganará’l premiu qu’él escueya»;
hemos imaxinar
la referencia dientro del referente
como’l dolor fai parte de la sola allegría,
como miedren los muertos dientro del matachín:
el premio, a la fin, contién al que lu gana.
LA MÁZCARA: UNA INTERPRETACIÓN DIECIOCHESCA
Al parecer de Rameau, la cuerda es a la cuerda lo que el sonido al sonido.
Según los neoclásicos, la utilidad de este poema es un tipo
que toca una flauta sobre un buey hasta que el buey desaparece.
Dicho de otro modo,
la utilidad de este poema equivale a cero,
aunque el cero nunca está vacío, sino lleno
de la ausencia del buey.
La ausencia del buey es Iko Iko.
El silbido de la flauta es Pábilun.
Ninguna de las dos palabras significa nada.
Ninguna de las dos palabras significa algo.
(Estas cuatro flexiones del ser bordean un abismo.)
Palabras como música más pura:
epifenómenos del sinsentido.
Estas palabras son la música como el aroma de las flores es su color.
(Igual que la neblina es la mente de los campos.)
Ahora debemos imaginar
la paradoja de la referencia cruzada:
«el que lo merezca ganará el premio que escoja»;
debemos imaginar
la referencia dentro del referente
como el dolor forma parte de la alegría sola,
como crecen los muertos dentro del verdugo;
el premio, al fin, contiene al que lo gana.
Una escritura altamente estilizada, que comienza con una catábasis y acaba en la orilla de un río asturiano en la noche de San Juan. Un libro nostálgico[2] que sin embargo despliega una escritura que se quiere fundante, y en ese sentido, mítica. Para ello se cubre de un aparataje —liviano, por otra parte— antropológico y folclórico. Pero, más que en Caro Baroja o Bajtín, el autor tiene los ojos puestos en Jameson[3] y en el canon occidental, aunque sea el suyo propio,[4] y no el de Harold Bloom. Su tarea es específicamente literaria. Recupera formas periclitadas, objeto únicamente de estudio reverencial, y las vivifica por medio de la ironía, el collage, la intertextualidad,[5] obrando el milagro de que esos vestigios vuelvan a ofrecernos, en lengua asturiana, destellos de su fuerza originaria.
Y es también un acto de reivindicación que mira al pasado próximo, el de las generaciones que, a lo largo del siglo XX, se vieron obligadas a dejar de hablar en asturiano, y les dice, «aquí tenéis, la vuestra no era una lengua equivocada».
ALVERTENCIA
Esti poema llega envueltu
nuna fueya de berza,
pues asina
facíalo mio güela
les poques veces que xintaben bocates de pernil
—cuando los homes
diben dica la mina, seique, o pa la herba—.
El restu de los díes yera’l caldu.
(El papel del diariu, pela cueta,
la lletra impreso, taba empobinao
a otros llabores más o menos
—según se mire— nobles.)
Equí te va: ye verde, y cruxe y ta baleru.
ADVERTENCIA
Este poema llega envuelto
en una hoja de berza,
pues así
lo hacía mi abuela
las pocas veces que comían
bocadillos de jamón
—cuando los hombres
iban para la mina, tal vez, o a la siega—.
El resto de los días había pote.
(El papel de periódico, en cambio,
la letra impresa, estaba destinada
a otras tareas más o menos
—según se mire— nobles.)
Ahí te va: es verde, y cruje y está hueco.
Publica Pábilun, en excelente traducción al castellano de Fruela Fernández, la editorial Ultramarinos.[6] Y lo hace no en el formato habitual de páginas enfrentadas, sino presentándola como un texto diferente —lo que toda traducción es—, en una decisión a mi juicio acertadísima.
Xaime Martínez (Oviedo, 1993) es autor de los poemarios Fuego cruzado (Hiperión, 2014; Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal) y Cuerpos perdidos en las morgues (Ultramarinos, 2018; Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández), ambos en castellano, e Hibernia (Saltadera, 2017), en asturiano; así como de la novela La fuercia (Hoja de lata, 2021). Su poesía ha sido recogida —entre otras— en Un estallido: antología de la poesía española 2000-2025 (Cátedra, 2026) y L’ángulu ciegu. Muestra de poesía asturiana actual (2001-2025)(Trabe, 2026).
[1] El Nacional, «Entre copas», 25 de mayo de 2023, https://www.elnacional.cat/es/gourmeteria/articulos/xaime-martinez-entre-copas_1030659_102.html
[2] Dice Xaime Martínez: «Dicía Antonio Machado que se canta lo que se pierde, y podemos agregar nosotros que tamién se canta colo que se pierde». En Antón García, La prueba del once. Poesía asturiana del sieglu XXI, Cualloto (Uviéu), Saltadera, 2015, pág. 243.
[3] Al que probablemente cita en «El filandón de los muertos», III: «¿Cómo puedo imaxinar la vida ensin capitalismu?».
[4] Del que ofrecía una síntesis en 2015: «la mio poesía intenta continuar la tradición peninsular: interésenme abondo los poetes llatinos […] la poesía popular medieval, el sieglu d’oro castellanu […] también he decir que na mio formación poética ta siendo mui influyente la poesía inglesa (o angloirlandesa) […] por último pescancio que dalgo de la literatura pop americana tendrán los mios versos». En Antón García, La prueba del once…, pág. 242.
[5] Una densa red de citas, referencias y modelos por las que Xaime Martínez renuncia en el texto a cierta posición con respecto a la autoría y la originalidad: «aunque tol mundo sabe que nun tengo inspiración, tovía sé copiar, y eso ye enforma» («El filandón de los muertos», IV).
[6] Cabe anotar que en 2024 apareció en la editorial Letraversal, también en edición bilingüe, el poemario de Fran Fernández Álvarez, Todos los nombres beben. Es sin duda una buena noticia que dos libros en lengua asturiana sean publicados, en fechas tan próximas, en editoriales de referencia en el ámbito nacional.

Xaime Martínez
Ultramarinos, 2025
144 páginas
20 €
Luis López Suárez nació en Oviedo (1966). Entre sus intereses preferentes están la historia del arte, la música y el cine. Es autor de los poemarios No todo fue mentira (Madrid, 2008), Con paso incierto (2017) y Oficio de difuntos (2024) y la plaquette Ocho sonetos fúnebres (2020).
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