Ignacio Carral: las virtudes del buen periodista
El periodista Ignacio Carral no tenía nada que envidiar a nombres más celebrados de su época, como los de Chaves Nogales, Sentís o Gaziel. Un «rescate» de Álvaro Acebes Arias.
cuaderno digital de cultura
El periodista Ignacio Carral no tenía nada que envidiar a nombres más celebrados de su época, como los de Chaves Nogales, Sentís o Gaziel. Un «rescate» de Álvaro Acebes Arias.
Los académicos de hoy no han oído hablar de ella, pero los de mañana no callarán. Cuando termine, será la obra escrita en inglés de mayor longitud; probablemente la obra escrita de mayor longitud, a secas. Fran Liñeira escribe, con el morrión de Quijano, sobre una obra que incluye «una comunidad acompañante, una autora misteriosa que escribe como si le faltase vida para derramarse sobre el papel, un público global, wikis y paratextos para acompañar».
Sede de manejos autoritarios y represión ya desde mucho antes de la dictadura de Franco, la que fuera sede de la DGS franquista no tiene una placa que lo recuerde: se oponen el Gobierno madrileño y la Real Academia de la Historia, que recomienda que lo que se recuerde del edificio sea su vinculación a la Ilustración. El historiador Fernando Hernández Sánchez señala que, si hubo unos herederos del iluminismo en el inmueble, fueron los que proclamaron la Segunda República desde él y los presos políticos a los que en él se torturó más tarde.
Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo en esta ocasión, monográficamente, sobre la guerra en curso en Israel.
Pablo Batalla Cueto entrevista al autor de uno de los fenómenos editoriales del año: una obra sobre la guerra de las Comunidades que resalta sus vertientes de insurrección popular e incluso explícitamente republicana.
Una entrevista de Pablo Batalla Cueto al autor del ensayo ‘La democracia caníbal: el Leviatán y la amenaza fascista en el siglo XXI’. «El fascismo fue un ismo más. Toda la ideología nazi es en realidad una gigantesca performance; una invitación al individuo aplastado por el capitalismo a formar parte de algo más grande que él y a sentir que eso no sería tan grande sin él», afirma Querol.
Escribe Pilar Alberdi que cuando la palabra ‘patria’ ocupa cada una de las esferas de la vida pública, cuando se eleva como una bandera que pertenece a unos y no a otros, acaba devorando a sus hijos. Es la palabra de los dictadores, de los ‘salvadores’, de los monistas, aquellos que creen que para cualquier problema solo hay una única solución.
El Estado de Israel se apropia como ‘platos típicos’ confecciones culinarias que nunca habían sido ni israelíes, ni judías, ni se pueden rastrear en la historia de la diáspora, tanto sefardí como ashkenazí, sostiene Francisco Abad en este artículo que trata de deslindar el sentido de tres adjetivos que se confunden frecuentemente.
En esta nueva página de su diario, Avelino Fierro diserta sobre el habla argentina; «acento enfático a veces, adormecido otras», que hace a uno imaginarse «a las palabras en tropel viendo caer el crepúsculo en la quinta de un arrabal en Buenos Aires y viajando luego en ‘tramway’ hasta un café del centro y asomándose a una tertulia: unas saldrán lentas de la boca, como desperezándose, y otras a toque de cornetín, en formación de combate, preparadas —esto es lugar común, para nosotros, de los hablantes de allá— para argumentar o disputar durante horas con intensidad».








