El marcapáginas

Memoria y fábula

"Tomás Sánchez Santiago es uno de nuestros mayores narradores. Léanlo, porque si no estarán perdiendo el tiempo".

De uno de los personajes de Calle Feria, la aclamada primera novela de Tomás Sánchez Santiago (Zamora, 1957), se dice que «tenía el don de contar, o sea, el don de atascar la vida en el tiempo y mantenerla allí quieta, sin poder ninguno para hacer envejecer las cosas de la existencia, mientras él relataba una película o contaba una historia lejana». Son palabras que, como ya escribí en este mismo lugar hace algún tiempo, podrían atribuirse sin problemas al propio autor del libro. No conozco a nadie que se aproximara a aquel debut de Sánchez Santiago en la narrativa larga —tenía ya a sus espaldas una consolidada trayectoria poética: La secreta labor de cinco inviernos (1985), Vida del topo (1992), En familia (1994), Ciudadanía (1997), Detrás de los tapices (2001)— sin quedar inmediatamente deslumbrado por la forma y por el fondo de un libro que con gran sutileza, casi sin que el lector se diera cuenta, trazaba entre sus líneas una monumental cosmogonía que jugaba a ser el reflejo fiel de una ciudad cuando, realmente, constituía un cabal retrato del mundo.

El hecho de que Calle Feria hubiese visto la luz en 2006, y el que desde entonces no hubiesen llegado más noticias narrativas de su muñidor —que sí dio a imprenta los poemarios El que desordena (también en 2006) y Pérdida del ahí (2016)—, pudo dar a entender que Sánchez Santiago se daba por satisfecho con el que, por otro lado, es uno de esos libros que justifican toda una carrera. Los años, por fortuna, han demostrado que se trataba de una equivocación. Acaba de llegar a las librerías Años de mayor cuantía (Eolas), un amplio volumen en el que Tomás Sánchez Santiago recupera el universo que había puesto en pie entonces para amplificarlo y, esto es lo mejor, trascenderlo en una nueva obra mayor que vuelve a beber de las mejores fuentes para destilar un elixir en el que el lector no pude dejar de sumergirse con alegre gratitud. Figura en la portada el subtítulo Memoria y fábula, y no hay mejor asociación —pertinente, aunque quizá reiterativa: ¿no son siempre los recuerdos una fabulación?— para describir unas páginas en las que Sánchez Santiago viaja por su propia biografía con una mirada puesta en las hojas del calendario y la otra bien fija en esos sucesos aparentemente menores que terminan por perfilar las fronteras de un carácter. La realidad y la ficción se funden de una manera tan natural como gozosa en una narración que surge de la suma de varias piezas de extensión variable en las que caben desde relatos de aprendizaje hasta historias que rondan los terrenos del terror, pasando por estampas breves o brevísimas de diversos tipos humanos o gozosos juegos metaliterarios que, una vez más, nos hablan de la pericia del escritor para combinar lo mejor de la tradición con lo más provechoso de las vanguardias. Bebe la narrativa de Sánchez Santiago de la mejor oralidad —aquélla de la que se servían los antiguos comerciantes de la zamorana calle Feria para contarse en el serano sus cuitas y querellas—, que él sustancia en un estilo moroso y rico, rotundo y suave, que fluye con calma para envolver al lector con su armonía sintáctica, y en las aguas de ese río duradero que es su prosa viajan personajes memorables, ciudades enfocadas desde sus trastiendas menos visitables, vivencias que pasaron en su momento inadvertidas pero que al cabo de los años se revelaron sintomáticas, cuando no cruciales. Es Años de mayor cuantía una suerte de autobiografía sentimental —si es que se puede hablar de tal cosa— que poco a poco configura también una pequeña historia política de España, porque los hospicianos de El Burgo de Osma, los avatares del pirotécnico Guillem, la decadencia de un agresivo conserje transformado en despojo o los encendidos discursos patrióticos de un taxista salmantino no son sólo islas flotando en el magma de la memoria, sino retales de una andadura mayor y colectiva que les da amparo y los explica y que también recorre todos y cada uno de los recovecos de este libro. Tomás Sánchez Santiago es uno de nuestros mayores narradores. Léanlo, porque si no estarán perdiendo el tiempo.


 

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