Música y danza

Música y psicología

Un artículo de Ramón Finca, centrado en el compositor alemán Robert Schumann.

Música y psicología

/por Ramón Finca/

El gran valor de la música reside especialmente en su valor lúdico y meditativo. Y todos los que hacemos oficio del arte de enseñar —y aprender— música sabemos de la importancia de apostar por ese enfoque terapéutico, tan cercano a la musicoterapia. Un alejamiento de ese enfoque deviene normalmente en la utilización de la música como una máscara para no afrontar —y disfrutar— la realidad en toda su dimensión. Esto sería lo que en psicología se cataloga como proyecciones sublimadas y lo que las tradiciones antiguas denominaban falsa catarsis. El peligro que se corre en las enseñanzas musicales tradicionales es justamente ése: la excesiva identificación del alumno con su maestro de referencia y toda su circunstancia, perdiendo todo sentido crítico para con él en una suerte de dependencia emocional que va mucho más allá de la mera transferencia de conocimiento o sabiduría. De ahí que sea tan necesario hoy en día reivindicar la figura del profesor guía que alumbra y señala el camino, por así decir, en lugar de la gran maestría o imposición dogmática sutil en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

El compositor Robert Schumann consagró toda su vida a la creación musical, obsequiándonos un legado musical extraordinario. No obstante, la disposición psicológica del compositor en determinados períodos de su producción distaba mucho de ser equilibrada y armónica. Las Piezas de fantasía Op. 111 son reflejo nítido de la honda amargura existencial que lo atormentó durante toda su vida y condicionó especialmente el carácter y la escritura compositiva de la última fase de su producción pianística. Una personalidad inestable salpicó gran parte de su obra, sintiendo constantemente Schumann la necesidad de travestir con ropaje musical sus impulsos interiores extremos. Este aspecto está íntimamente relacionado con su obra, apropiándose recurrentemente el compositor de arquetipos extraídos de la vodevilesca tradición teatral italiana para de alguna manera justificar su bipolaridad, como una metáfora de su propia personalidad. Así, acoge en su universo musical a personajes de carácter tan contrapuesto como Eusebius —el tímido soñador— o Florestán —el hombre seguro de sí mismo, pasional y decidido— con la esperanza de fundirlos en una única naturaleza cuya unificación atemperara de alguna manera su desequilibrio emocional. Estas dos identidades están presentes implícita o explícitamente en su producción de obras de tan diferente concepción como la Fantasía Op. 17, el Carnaval Op. 9 o las Danzas de los compañeros de David Op. 6.

Pero es en los últimos años de su vida cuando se acentúan todos sus desajustes emocionales, consecuencia directa del agravamiento de su enfermedad mental y de las secuelas físicas derivadas de sus intentos de suicidio. En las Piezas de fantasía Op. 111, el carácter más amable y la escritura más diáfana de obras anteriores va cediendo ante un discurso musical acelerado, abigarrado y de apariencia improvisada, reflejo de la ansiedad y la desazón interior del compositor en los últimos años de su existencia. La segunda pieza del tríptico viene a ser un guiño al Eusebius; a la personalidad tranquila, reflexiva y añorante de calma interior, pero ahora teñida de oscuridad por un episodio central que parece no resistir la propuesta de sosiego para la que está concebida esta bella cantilena de aires schubertianos. Un plácido final nos conduce sin tregua a la tercera pieza de tono caballeresco, donde otra vez el Florestán más decidido y valiente aparece en toda su plenitud intentando infructuosamente reconciliarse con su álter ego mediante una feroz escritura pianística basada en acordes placados con fugaces interludios improvisados intercalados de una audacia armónica notable. Por otra parte, en su disposición interna, la persistencia en la repetición de secciones agranda más aún el halo obsesivo de las piezas, fruto de un alienamiento mental cada vez más evidente.

Schumann representa por lo tanto el caso del genio musical; del poeta intenso del deseo; del mártir de lo extraordinario en el arte. Pero siendo la creación musical sin duda alguna reflejo de la psique del compositor, si el profesor de música no ajusta y adapta de una forma positiva el significado de todo ese torbellino emocional, la música perdería toda dimensión ancestral espiritual y sanadora, ya que se daría carta de naturaleza a una suerte de patologización del inconsciente. Como se suele decir, las cosas no son en sí buenas o malas: depende de cómo uno se acerque a las cosas. Ahí está el papel del musicoterapeuta, que cierra heridas y no las manosea, y que transmuta el caos en armonía en una especie de alquimia cognitiva integradora.


Ramón Finca Menéndez es profesor titular de la especialidad de piano en el Conservatorio de Música de Oviedo. Inició sus estudios de música a la edad de ocho años, combinando posteriormente sus títulos superiores de piano y música de cámara con los de historia del arte en la Universidad de Oviedo, y amplió sus conocimientos sobre la interpretación pianística con profesionales como Manuel Sánchez, Ramón Sobrino, Luisa Cambiella, M.ª Antonia de los Ángeles, Francisco Jaime y Pantín, Mikhail Voskresensky, Luca Chiantore, Josep Colom, Antonio Baciero o Rita Wagner Fue galardonado con diferentes premios, como el Primer Premio en el certamen pianístico Casa Viena y el Segundo Premio (Mención de Honor) en el concurso de interpretación Ciudad de Alcoy. Ha ejercido como pianista acompañante en diversos centros educativos, actuando también como solista e interpretando música de cámara en diferentes instituciones y salas de concierto de España y Reino Unido. Asimismo, ha desarrollado una intensa labor docente y ha colaborado con administraciones educativas de diferentes autonomías con el objetivo de fomentar y fortalecer la innovación en la enseñanza musical. Como docente ha profundizado en el análisis pedagógico y técnico del repertorio pianístico clásico (YouTube); participó en tribunales de valoración del alumnado y profesorado, en ponencias sobre orientación en la interpretación pianística, en proyectos de desarrollo curricular de concreción autonómica y en publicaciones de innovación educativa relacionados con la interpretación y la pedagogía musical; impartió también la asignatura Músicas Modernas Populares (análisis de las músicas modernas y del rock) y coordinó talleres de música moderna (Aula de Música Moderna del Conservatorio de Oviedo, proyecto «Torner, banda académica de rock» y banda de power pop «Extemporánea»), también como teclista, bajista, corista, compositor y arreglista.

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