Poéticas

Luis Alberto de Cuenca en tres momentos

Carlos Alcorta reseña tres libros distintos del poeta madrileño de reciente publicación: una antología a cargo de Luis Miguel Suárez Martínez, una recopilación de canciones escritas para la Orquesta Mondragón y Loquillo al de Carlos Iglesias y 'Más palabras con alas', una recopilación de textos sobre diversos temas publicados en la revista 'Mercurio'.

Luis Alberto de Cuenca en tres momentos

/una reseña triple de Carlos Alcorta/

Antología (ed. y pról. de Luis Miguel Suárez Martínez)

Desde Los retratos (1971) hasta Bloc de otoño (2018), la poesía de Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) ha experimentado una transformación impresionante. Como señala Luis Miguel Suárez Martínez, en este largo periodo de tiempo, «su poesía ha evolucionado desde el hermetismo hiperculturlista de sus inicios novísimos hasta su actual línea clara, dos manieras poéticas en apariencia antagonistas». Y hace bien en decir «en apariencia», puesto que hay muchos rasgos comunes entre un periodo y otro: quizá el más visible sea el del culturalismo. La formación clásica de Luis Alberto de Cuenca y sus múltiples intereses (la canción, el cómic, el cine) le han hecho acreedor de un inmenso bagaje cultural que se traslada a sus poemas, unas veces como centro de su reflexión poética y otras como simple atrezzo.

La frontera entre ambos la marca La caja de plata, libro publicado en 1985 y por el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía, aunque en los libros inmediatamente anteriores hay señales inequívocas que vaticinan ese cambio. La estética novísima había alcanzado su punto culminante con la publicación de la antología Nueve novísimos poetas españoles (1970), de Josep María Castellet, y en ella no estaban incluidos ni nuestro autor ni otro de los que, pocos años después, sería uno de los más conspicuos culturalistas: Luis Antonio de Villena. Ambos era extremadamente jóvenes por entonces y su poesía permanecía aún prácticamente inédita. Hay que tener en cuenta que el pistoletazo de salida de dicha estética lo dio Arde el mar, el libro de Pere Gimferrer con el que éste obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1966. En 1985 soplan ya otros aires. De Cuenca se adscribe a lo que él mismo denominará línea clara: una poesía caracterizada por el matiz irónico, por la sencillez expresiva, por el ambiente urbano y festivo, pero que no renuncia, al menos en su caso, a la carga culturalista, inherente a su filosofía de vida.

En posteriores entregas, esta estética en muchos aspectos coincidente con la llamada poesía de la experiencia, tendencia preponderante en aquellos años, se irá consolidando. De hecho, cuando reúne por primera vez su poesía, como afirma Suárez Martínez, suprime su primer libro y «buena parte de Elsinore, a la vez que somete textos conservados a un profundo proceso de corrección, cuando no de reescritura». Sin embargo, reducir a estas dos opciones —novísimos y realismo— la poesía de Luis Alberto de Cuenca sería limitar en exceso su evolución, porque dentro de esa apuesta iniciada en 1985, a lo largo de los años se han producido modificaciones sustanciales: «En efecto, El hacha y la rosa (1993), Por fuertes y fronteras (1996) y Sin miedo ni esperanza (2002) dibujan en varios órdenes un itinerario casi opuesto al de La caja de plata y El otro sueño», algo que se puede comprobar en esta antología. El poeta va cumpliendo años y su evolución personal dejará huella, como no podía ser de otra forma, en sus poemas. Del tono festivo se pasa al melancólico. La ironía, que sigue muy presente, no consigue mitigar un profundo desencanto que le lleva a escribir un poema como «Vive la vida», toda una declaración de principios con mucho escepticismo subyacente; un escepticismo que será más notorio en libros como La vida en llamas (2006) y en los posteriores (El reino blanco, de 2010; Cuaderno de vacaciones, de 2014 o el más reciente, Bloc de otoño, continuación en cuanto a tono y argumento de Cuaderno de vacaciones. La presente antología reúne poemas de cada una de las entregas poéticas de Luis Alberto de Cuenca, lo que permite al lector analizar por sí mismo esa evolución poética que hemos tratado de sintetizar; una evolución que, en palabas de Luis Miguel Suárez Martínez, no es otra cosa que el tránsito de la «culta oscuridad» a «la culta claridad», o lo que es lo mismo, «la radical antítesis entre la oscuridad […] de sus primeros libros y la claridad y sencillez expresiva de su etapa posterior».

Antología
Luis Alberto de Cuenca
edición y prólogo de Luis Miguel Suárez Martínez
Calambur, 2019
108 páginas
12€

Canciones completas (1980-2008), ed. crít. y pról. de Carlos Iglesias Díez

Conviene señalarlo: esta es la primera vez que se reúnen todas las letras de  canciones escritas por Luis Alberto de Cuenca que han sido musicadas. Hay ediciones precedentes, pero ninguna de ellas resulta tan exhaustiva como esta que, además, cuenta con un prólogo ejemplar escrito por el poeta Carlos Iglesias, en el que demuestra, además de unos conocimientos sobre el asunto verdaderamente envidiables, su devoción por esta faceta menos conocida del justamente afamado poeta. Autor de catorce libros de poesía, muchos de ellos reconocidos con importantes galardones, como el Premio Nacional de Poesía por La caja de plata, Luis Alberto de Cuenca comenzó a colaborar con Javier Gurruchaga (San Sebastián, 1958) a partir del año 1980. La colaboración entre ambos se concretó en seis discos: Bon voyage (1980), Bésame, tonta (198), Cumpleaños feliz (1983), ¡Es la guerra! (1984), Una sonrisa, por favor (1989) y Música para camaleones (1990). La vinculación estética entre los discos y los libros de poemas, puesta de manifiesto por Iglesias, es notoria: «De hecho —escribe—, no resulta arriesgado considerar las letras de Bon voyage como un ensayo o esbozo de algunos temas y motivos que, en su versión definitiva, aparecen con posterioridad en La caja de plata». La interconexión entre poemas y canciones será una constante a lo largo de la colaboración ente músico y poeta. Iglesias hace un minucioso rastreo comparativo entre las letras y los poemas y establece una serie de motivos temáticos que ambos comparten, como «la invitación continua la viaje», «la revisión en clave irónica y burlesca de truculentos crímenes y sucesos reales», «el sentimiento amoroso visto desde una doble óptica, esto es, la del enamorado que se ahoga en su propio sentimiento, o la del amante que desdeña a la mujer desde una posición de altiva superioridad», «la relectura de cuentos infantiles tradicionales, filtrada por un tamiz erótico» y «el constante homenaje al mundo del cine y, en particular, a la atmósfera turbia, cínica y desengañada del género policiaco y criminal». Evidentemente, aunque parta de temas comunes, el tratamiento es muy distinto en la letra de una canción o en un poema, como se demuestra cuando se cotejan ambas versiones. Carlos Iglesias realiza un trabajo admirable; analiza y disecciona los rasgos comunes y las peculiaridades de cada género y cómo el poeta exprime la concomitancias: «Las canciones —escribe Iglesias— contribuyeron, por una parte, a consolidar la línea clara que, desde entonces sería ya consustancial a todos los libros de Luis Alberto de Cuenca; por otra, a canalizar el constante deseo del poeta de que lo fantástico irrumpa en la “atonía de la vida cotidiana”, convirtiéndola en un pequeño milagro del cual merece mucho la pena disfrutar».

Una vez finalizada la colaboración con La Orquesta Mondragón, primero, y con Javier Gurruchaga como solista y después de un largo periodo de silencio (cerca de veinte años), De Cuenca colaborará con Loquillo, para quien escribe la letra titulada Balmoral. Sin embargo, no hay en este caso una colaboración directa como hubo con Gurruchaga, «sino tan solo una influencia, directa y palpable, de los poemas de este sobre la escritura y la ideología de aquel». El disco Su nombre era el de todas las mujeres está compuesto por doce canciones que se basan en poemas de De Cuenca, pero no son letras escritas ex profeso para este fin. Ésta es una diferencia notable, aunque, gracias a la pericia de la adaptación que hace Loquillo, parezcan verdaderas letras de canciones. En resumen, Luis Alberto de Cuenca escribió treinta y nueve letras de canciones recogidas en esta magnífica edición, y quedan «fuera de estas páginas los poemas musicados de Gabriel Sopeña y el propio Loquillo para integrar, respectivamente, los álbumes Con elegancia (1998) y Su nombre era el de todas las mujeres (2011)». El rigor, ante todo.

Canciones completas (1980-2008)
Luis Alberto de Cuenca
ed. crítica y prólogo de Carlos Iglesias Díez
Reino de Cordelia, 2019
177 páginas
12,95€

Más palabras con alas

En las palabras que preceden al contenido de este libro, su autor, Luis Alberto de Cuenca, nos aclara la procedencia de estos textos. Provienen de las colaboraciones en la extinta revista Mercurio, auspiciada por la Fundación José Manuel Lara. Con el título Palabras con alas, la Isla de Siltolá, en su colección Inklings, editó las colaboraciones publicadas hasta el año 2012, y en el volumen que nos ocupa se recogen las posteriores: veintitrés textos sobre, entre otras cuestiones, la rememoración juvenil. «A los diecisiete años me puse de largo como cazador de libros. Es un tipo de caza que no exige madrugar, ni loden, ni escopeta al hombro. Solo afición, y ganas, y vicio», escribe en el primero de ellos, «Sueños de bibliofilia». La relación con ese vicio ocupa muchas de estas páginas porque, de un modo u otro, los autores de los que se habla son presencias imborrables en esa casa de los sueños que habita Luis Alberto de Cuenca. Los intereses son muy variados, como lo es el acervo cultural del nuestro poeta. Van desde Píndaro a Gutierre de Cetina —que «compaginó a lo largo de su vida el oficio de las letras con el de las armas», lo que nos hace pensar de inmediato en su coetáneo Garcilaso de la Vega—, de Hölderlin a Cortázar o Maurice Sachs, aunque no faltan cometarios sobre poetas recientes como el tristemente desaparecido Eduardo García («Un poeta esencial», titula su reseña) o Antonio Rivero Taravillo. Por el propio medio en el que se publicaba, la extensión es similar en todos los casos, pero las grandes dotes interpretativas de De Cuenca siempre aportan una nueva perspectiva, un detalle, una apostilla reconocible que tiene su origen, probablemente, en ese afán lector que cuyo origen se remonta a la infancia: «Todos sabemos —escribe— lo importante que es la biblioteca familiar en la formación de los futuros escritores, que valoran por encima de todo lo que conocieron de niños, cuando paseaban sus ojos asombrados y sus manos ávidas por las estanterías de la casa paterna». Sin duda tiene razón, pero hay quien no tuvo la fortuna de poseer una biblioteca familiar y ha tenido que construirla con el paso de los años. Con toda seguridad, esos ojos miran con un asombro similar y esas manos recorren los lomos de los libros con tanta o más avidez que los de un niño. Sé de lo que hablo.

Más palabras con alas
Luis Alberto de Cuenca
La Isla de Siltolá, 2019
120 páginas
11,40€


Selección de canciones

Bésame, tonta

Triste estoy, triste sin tu amor.
Sin tu amor no me importa nada alrededor.
Tu desdén me mata,
tu olvido me rompe el corazón.
Me quema tu ausencia,
todo en mí es delirio y frenesí.
No puedo vivir.

Solo estoy, solo estoy sin tu amor.
Solo estoy, solo estoy sin tu amor.

Soy capaz de dejarlo todo por tu amor.
Por tu amor se me llena el alma de dolor.
Tu desdén me mata,
tu olvido me rompe el corazón.
Me quema tu ausencia,
todo en mí es delirio y frenesí.

Bésame, bésame, tonta.
Bésame, bésame, tonta.
Bésame, bésame, tonta.
Bésame, bésame, tonta.
Bésame, bésame, tonta.

Sin tus besos la vida me aburre,
con tus besos da gusto vivir.
En tus brazos se aprende a besar mejor:
en tus brazos quisiera morir.
Bésame, bésame, tonta.
Bésame, bésame, tonta.

Si me besas con esa boquita
bajará todo el cielo hasta mí.
Un besito será el paraíso que
al infierno me condene a mí.

Bésame, bésame, tonta.
Bésame, bésame, tonta.
Bésame, bésame, tonta.
Bésame, bésame, tonta.

Viaje con nosotros

Viaje con nosotros
si quiere gozar.
Viaje con nosotros
a nuestra ciudad.
Y disfrute
de todo al pasar;
y disfrute
de las hermosas historias
que les vamos a contar.

Viaje con nosotros
y podrá encontrar
atractivos monstruos
que le sonreirán.
Y disfrute
del gusto que da;
y disfrute
de la amistad de sirenas
y de serpientes de mar.

En su viaje los romances abundarán
y en sus brazos los dragones se arrojarán.
Serán suyos
Marlene y Tarzán,
serán suyos.
Quien compra nuestro billete
compra la felicidad.

Con nosotros viaja el sueño y la novedad,
la alegría, la sorpresa y el carnaval.
Todos juntos
iremos allá,
todos juntos.
Quien compra nuestro billete
compra la felicidad.

Balmoral

Hoy nos toca morir pero mañana,
volveremos a vernos con las copas
llenas hasta los bordes y el amor
haciendo de las suyas en los rincones.

Hoy nos vamos de viaje y no tenemos
más que unos pocos recuerdos
en nuestro equipaje,
con ellos viviremos para siempre
en la tibia burbuja de la esperanza.

Manolo, lo de siempre,
no te vayas a engañar,
volverán
nuestros pasos a Balmoral.

Hoy nos toca llorar por las esquinas,
pero mañana mismo, muy temprano,
volveremos a ser los camaradas
que en tu barra prendieron fuego a la vida.

Manolo, lo de nunca,
no te vayas a engañar,
volverán
nuestros pasos a Balmoral.

Manolo, lo de siempre,
no te vayas a engañar,
volverán
nuestros pasos a Balmoral.

Con tu fin, Balmoral,
se desvanecen los cócteles
de un mundo
acribillado de juventud.
Nos queda tu memoria,
por ella
seguiremos en la trinchera.

Balmoral…
Balmoral…
Balmoral…
Balmoral…


Carlos Alcorta (Torrelavega [Cantabria], 1959) es poeta y crítico. Ha publicado, entre otros, los libros Condiciones de vida (1992), Cuestiones personales (1997), Compás de espera (2001), Trama (2003), Corriente subterránea (2003), Sutura (2007), Sol de resurrección (2009), Vistas y panoramas (2013) y la antología Ejes cardinales: poemas escogidos, 1997-2012 (2014). Ha sido galardonado con premios como el Ángel González o Hermanos Argensola, así como el accésit del premio Fray Luis de León o el del premio Ciudad de Salamanca. Ejerce la crítica literaria y artística en diferentes revistas, como ClarínArte y ParteTuriaParaíso o Vallejo&Co. Ha colaborado con textos para catálogos de artistas como Juan Manuel PuenteMarcelo FuentesRafael Cidoncha o Chema Madoz. Actualmente es corresponsable de las actividades del Aula Poética José Luis Hidalgo y de las Veladas Poéticas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Mantiene un blog de traducción y crítica: carlosalcorta.wordpress.com.

1 comment on “Luis Alberto de Cuenca en tres momentos

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