De rerum natura

Instrucciones para desarrollar una campaña de desprestigio contra los fontaneros

Un artículo de Pedro Luis Menéndez sobre la maledicencia.

De rerum natura

Instrucciones para desarrollar una campaña de desprestigio contra los fontaneros

/por Pedro Luis Menéndez/

Si usted quiere desprestigiar a alguien, una persona, una institución o un gremio en este caso, debe seguir con rigor unas pautas que le permitan alcanzar el éxito. Para ello, lea usted con detenimiento y perspicacia las instrucciones que le ofrecemos a continuación y practique con asiduidad hasta conseguir sus objetivos. Si no los alcanza en los primeros intentos, no se dé por vencido, no se desanime, no baje la guardia, porque en ocasiones se tardan años —tal vez décadas— en llegar a ser un maledicente como es debido.

  • La elección de la víctima será su primera tarea. En el caso de los fontaneros, las premisas son muy claras: se trata de seres no sometidos a un horario fijo y que aparecen a la hora que quieren, coincida o no con la hora prefijada; es decir, que resultan fácilmente envidiables y también fácilmente odiables. Esta primera pauta se debe aplicar tanto a personas como instituciones. Deténgase en ella todo lo necesario, pues la mala elección de la víctima le conducirá al fracaso.
  • Una vez bien elegida la víctima, busque sus puntos débiles. Pueden ser más o menos reales, exagerados o inventados; no importa gran cosa. Lo esencial es que resulten fáciles de observar, que respondan a la idea de que «cualquiera podría haberse dado cuenta, hasta yo mismo». Por ejemplo, «me cobró mucho más por la salida que por la reparación», «entró en mi casa fumando un puro», «lo dejó a medias adrede para volver pronto».
  • Nunca, ocurra lo que ocurra, debe mencionar sus puntos fuertes. No tiene puntos fuertes. No los tiene. Sin ambigüedades. No se permita matices del tipo «una vez, sin embargo…» o «conozco uno muy honrado que…». Ni de broma. La más mínima debilidad por su parte supondría desmontar la campaña entera, porque introduce una grieta, un matiz, y el pensamiento no puede tener jamás ni grietas ni matices (ni siquiera por razones familiares).
  • Magnifique todo lo que pueda, y más, sus puntos débiles cada vez que tropiece en ellos, que lo hará, no le quepa duda, y, si no es así, recuerde que debe (no olvide el verbo) incluso inventar, aunque lo más probable es que no necesite recurrir a ello, pues parece bastante lógico pensar que cualquiera tropieza realmente en sus puntos débiles, que por eso lo son. Eso sí, magnifique: «estoy seguro de que la goma del grifo es de mala calidad, como ya ocurrió en otra ocasión con otro fontanero, así que está claro que se ponen de acuerdo entre ellos para estafarte».
  • Rastree a lo largo de la historia casos similares. Ya en la antigua Roma Frontino se vio obligado a denunciar «el fraude de los fontaneros», que consistió en que cobraban sobornos para permitir fugas «privadas» del agua de los acueductos públicos. Ergo, siempre han sido así, y lo más probable es que las trampas del oficio se comuniquen en secreto de generación en generación, ya que en realidad se trata de un oficio que se hereda.
  • Difunda su campaña a través de palmeros. Hace unas décadas resultaba difícil y suponía por su parte un sinvivir recorriendo sin descanso corralas, tabernas y casinos, pero, desde la llegada de Internet, la abundancia de palmeros es más que manifiesta. De todos modos, mi consejo experto es que, si usted se lo puede permitir, acuda a palmeros profesionales que presentan una ventaja evidente: su falta absoluta de conciencia moral. De hecho, los más apasionantes resultan ser los palmeros que comentan las cuentas de los políticos en las redes sociales (incluso le sirven los autores de esas cuentas, aunque salen más caros). En este caso, un mismo palmero puede comentar un sinnúmero de cuentas y hasta darse la contraria a sí mismo (en sus distintos perfiles) sin ninguna cortapisa. Eso sí, si es posible, evite los poetas frustrados que trabajen ahora en este medio.
  • Acabe con su fontanero o, al menos, menoscábelo tanto que se tenga que ocultar o desaparecer del mercado. Que nadie le contrate más, que nadie pueda volver a apreciar la belleza de sus cañerías, el rumor de sus aguas, o ese empeño absurdo en mantener su credibilidad. Puede que usted recuerde al capitán Dreyfus, o a algún director de cine, algún cantante, algún escritor. Pues haga lo mismo con su fontanero, acabe con él.
  • Una vez conseguido el objetivo, si usted vive de esto o pretende hacerlo en el futuro, empiece con una nueva víctima. Como casi todas las actividades humanas, la práctica continua no puede traer más que beneficios, aunque mi consejo —bastante lógico por otra parte— es que cada nueva víctima posible suponga un escalón más en su carrera; para ello, tiene que esmerarse en la elección de la víctima (como ya indicamos en el primer punto), sea ambicioso, pique cada vez más alto, puede llegar así a presidentes de gobierno, de la república, monarcas, dioses y lo que sea.
  • Si usted no vive de esto, cuando se consigue cierta práctica, se puede llegar a vivir de ello, en la hipótesis de que le interese. En el caso de que no fuera así, hágalo por puro placer, disfrute esos momentos únicos en que usted inventa sin pudor alguno la vida de una persona, siéntase como Cervantes con su Quijote, como Shakespeare con su Lear, como Rowling con su Potter. Babee usted de gusto, mire cómo se hunde su víctima. Resulta grandioso.
  • Y, sobre todo, no tenga usted miedo nunca a la competencia, que con seguridad será dura, porque algunos practican desde la escuela, desde la más tierna edad, allí, en una esquinita de la clase o del patio de recreo, mientras señalan con su dedo inocente la figura marcada de un compañero cuatro ojos, de una compañera gorda, de esa otra que una vez se meó en el aula, de aquel que nunca quiere jugar al fútbol.

PD ¿Habrá cosa más bella en castellano que la palabra maledicencia? No creo.


Pedro Luis Menéndez (Gijón [Asturias], 1958) es licenciado en filología hispánica y profesor. Ha publicado los poemarios Horas sobre el río (1978), Escritura del sacrificio (1983), «Pasión del laberinto» en Libro del bosque (1984), «Navegación indemne» en Poesía en Asturias 2 (1984), Canto de los sacerdotes de Noega (1985), «La conciencia del fuego» en TetrAgonía (1986), Cuatro Cantos (2016) y la novela Más allá hay dragones (2016). Recientemente acaba de publicar en una edición no venal Postales desde el balcón (2018).

0 comments on “Instrucciones para desarrollar una campaña de desprestigio contra los fontaneros

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: