Poéticas

Poemas traducidos

Antonio Gracia escribe sobre las dificultades e impotencias de la traducción poética, con ejemplos de traducciones concretas en las que se extravió algo crucial del poema original.

/ por Antonio Gracia /

Suele decirse que todo traductor es un traidor. Sin embargo, ¿qué es una traducción sino la absoluta equivalencia de un texto en otro de una lengua distinta de aquella en la que se creó? ¿Y cómo se consigue tal investidura sino invistiéndose el traductor de la esencia y circunstancia del autor, teniendo en cuenta que, si bien se considera, finalmente el autor es solo una circunstancia del poema?

Por mucho inglés que yo aprendiese jamás encontraría la idoneidad significativa en castellano de un fragmento de Shakespeare. Podría aprender todo lo referente a su significante, sus denotaciones…, pero nunca cuanto atañe a la connotación textual, temporal… Imposible sería sentir y escribir con la subjetividad de ese extraño que pretendemos hacer nuestro; sin embargo, resulta que es esa inobjetivable subjetividad la que constituye el rasgo distintivo de todo creador, y que cada poema engendra su poética. Por lo tanto, si quiero que mi texto sea el suyo tengo que convertirme en él, en el que sería él hoy. Una impostura tan perfecta que supondría la absoluta identificación.

Pruebe el lector a leer un relato tan sencillo como Le Petit Prince en su original y luego en castellano: ha perdido su lírica y con ella su universalidad emocional, quedando solo la historieta de un niño saltimbanqui de planetas, un zorro y una florecilla. Y no es eso lo que buscaba SaintExupery, motivo por el que hizo hincapié en el cambio de dedicatoria: la connotación infantil —la autóctona— no la percibe el adulto.

El traductor también es solo un adulto, un impostor, si no conserva en su identidad la del autor.

Traducir a Salomón, por ejemplo, no es literalizarlo, sino transustanciarlo en Fray Luis o en Juan de Yepes, por muy liberales o aparentemente ajenas que parezcan las plumas de estos. Hay que respetar el espíritu de la letra encontrando la letra del espíritu —en el otro idioma.

El Soneto a Helena puede traducirse rigiéndose por la rima, el cómputo, el léxico, la sintaxis…, pero un poema no es su estructura solamente; tampoco es solamente su concepto. Es la idoneidad entre lo expresable y lo expresado, la exacta urdimbre de una dualidad indisoluble. De modo que hay que traducir a Ronsard como si viviera y escribiera hoy, y eso no es traicionarlo: es mojar la pluma en el tintero de su cráneo en este instante. Es reencarnar en uno mismo la mente —actualizada— que engendró la obra cuyo fulgor nos deslumbra y con la que debemos deslumbrar. Porque traducir es reescribir con la pluma original. Y teniendo en cuenta que en literatura —en arte— el orden de los factores sí altera el producto.

Traigo aquí el himno elegíaco de Ronsard a Helène como un ejemplo de esa ambición e impotencia:

Soneto a Helena

Cuando seas anciana, y estés frente al crepúsculo,
sentada junto al fuego, hilando y devanando,
dirás maravillada recordando mis versos:
Ronsard me celebraba cuando yo aún era hermosa.

Entonces no habrá nadie, al oír mis poemas,
incluso si el cansancio lo hubiera adormecido,
que al ruido de Ronsard no despierte del sueño
y bendiga tu nombre con odas inmortales.

Yo estaré bajo tierra y, fantasma sin huesos,
gozaré mi reposo bajo mirtos umbríos.
Tú estarás, ya marchita, delante del hogar,

añorando mi amor y odiando tu desdén.
Créeme cuando digo: no esperes a mañana;
coge desde ahora mismo las rosas de la vida.


Sonnet à Hélène

Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle,
Assise auprès du feu, devidant et filant,
Direz, chantant mes vers, et vous esmerveillant :
Ronsard me celebroit du temps que j’estois belle.

Lors vous n’aurez servante oyant telle nouvelle,
Desja sous le labeur à demy sommeillant,
Qui, au bruit de Ronsard, ne s’aille réveillant,
Benissant vostre nom de louange immortelle.

Je seray sous la terre, et, fantosme sans os,
Par les ombres myrteux je prendray mon repos;
Vous serez au fouyer une vieille accroupie,

Regrettant mon amour et vostre fier desdain.
Vivez, si m’en croyez, n’attendez à demain ;
Cueillez dés aujourd’huy les roses de la vie.

¿Es posible otorgarle al poema en castellano la belleza de su original, su prístina armonía y su cadencia? ¿Cómo embridar de canto y llanto los poemas que siguen?

Sabiduría hímnica, himno triste y previsor, la de Ronsard. Y funeral himno elegíaco esta ofrenda de Víctor Hugo:

Mañana, con el alba, cuando brillen los campos,
he de marchar, por fin. Sé que me esperas.
Caminaré los bosques, cruzaré las montañas.

Viajaré ensimismado, solitario y doliente.
Y en mis ojos no habrá
más paisaje que el ansia de encontrarte.

Ni árboles o riscos;
ni cielo azul, o nubes.
Cada día será como una noche
esperando tu luz.

Y al llegar, silencioso, ofrendaré en tu tumba
unas ramas de almendros y de brezos en flor.


Demain, dès l’aube, à l’heure où blanchit la campagne,
Je partirai. Vois-tu, je sais que tu m’attends.
J’irai par la forêt, j’irai par la montagne.
Je ne puis demeurer loin de toi plus longtemps.

Je marcherai les yeux fixés sur mes pensées,
Sans rien voir au dehors, sans entendre aucun bruit,
Seul, inconnu, le dos courbé, les mains croisées,
Triste, et le jour pour moi sera comme la nuit.

Je ne regarderai ni l’or du soir qui tombe,
Ni les voiles au loin descendant vers Harfleur,
Et, quand j’arriverai, je mettrai sur ta tombe
Un bouquet de houx vert et de bruyère en fleur.

También esta elegía trascendida de Marguerite Yourcenar:

Tú no sabrás jamás

Tú no sabrás jamás que tu alma viaja
como un corazón dulce refugiado en el mío
y que nada —ni el tiempo, ni la edad, ni otro amor—
impedirá que tú hayas existido.

La belleza del mundo tiene ahora tu rostro,
vive de tu dulzura, brilla en tu claridad;
y el lago pensativo que fue nuestro paisaje
ha grabado en mis ojos tu gris serenidad.

Tú no sabrás jamás que yo llevo tu alma
como lámpara de oro que me alumbra al andar,
que un poco de tu voz ha pasado a mi canto.

Tus rayos —suave antorcha— y tu llama —dulce hoguera—
me guían por caminos que tú seguiste un día:
y tú sigues viviendo porque vives en mí.


Vous ne saurez jamais

Vous ne saurez jamais que votre âme voyage
Comme au fond de mon cœur un doux cœur adopté
Et que rien, ni le temps, d’autres amours, ni l’âge,
N’empêcheront jamais que vous ayez été.

Que la beauté du monde a pris votre visage,
Vit de votre douceur, luit de votre clarté
Et que le lac pensif au fond du paysage
Me redit seulement votre sérénité

Vous ne saurez jamais que j’emporte votre âme
Comme une lampe d’or qui m’éclaire en marchant,
Qu’ un peu de votre voix a passé dans mon chant.

Doux flambeau vos rayons, doux brasier votre flamme
M’instruisent des sentiers que vous avez suivis.
Et vous vivez un peu puisque je vous survis.

¿Es una traición o una revivisceración quedarse solamente con el sema de este poema de Musset dedicado a V. Hugo?

Preciso es que probemos muchas cosas
si queremos saber cuál preferimos:
el cielo, el mar, amores, rosas, triunfos.

Imposible es no ajar flores nacientes,
no sufrir, no decirle adiós a todo.

El corazón presiente que envejece;
y de todas las dichas que abrazamos
solamente perdura la amistad.

Cuando hallamos de nuevo al buen amigo
sabemos que el ayer ha regresado.


Il faut, dans ce bas monde, aimer beaucoup de choses,
Pour savoir, après tout, ce qu’on aime le mieux,
Les bonbons, l’Océan, le jeu, l’azur des cieux,
Les femmes, les chevaux, les lauriers et les roses.

Il faut fouler aux pieds des fleurs à peine écloses ;
Il faut beaucoup pleurer, dire beaucoup d’adieux.
Puis le cœur s’aperçoit qu’il est devenu vieux,
Et l’effet qui s’en va nous découvre les causes.

De ces biens passagers que l’on goûte à demi,
Le meilleur qui nous reste est un ancien ami.
On se brouille, on se fuit. — Qu’un hasard nous rassemble,

On s’approche, on sourit, la main touche la main,
Et nous nous souvenons que nous marchions ensemble,
Que l’âme est immortelle, et qu’hier c’est demain.

Y esta jibarización de Verlaine, ¿es una traición o una complementaria prolongación semántica?

Llueve en mi corazón
y la ciudad se inunda.
¿Qué es esta languidez que me penetra?

Para mi corazón canta la lluvia.
¡Cómo suena
por la tierra y el cielo!

Sus lágrimas parecen
convertirse en un himno.
¿Qué es esta languidez que me penetra?

¡Dulce melancolía
y transfiguración!
Para mi corazón canta la lluvia.


Il pleure dans mon coeur
Comme il pleut sur la ville ;
Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon coeur ?

Ô bruit doux de la pluie
Par terre et sur les toits !
Pour un coeur qui s’ennuie,
Ô le chant de la pluie !

Il pleure sans raison
Dans ce coeur qui s’écoeure.
Quoi ! nulle trahison ?…
Ce deuil est sans raison.

C’est bien la pire peine
De ne savoir pourquoi
Sans amour et sans haine
Mon coeur a tant de peine !

Veamos finalmente esta versión de Leopardi, según lo dicho: que la misión del traductor no es traicionar al autor, pero tampoco contentarse con la versión literal, ni la libérrima. Su misión es escribir lo que el autor hubiera escrito si su lengua hubiese sido aquella a la que se le traduce. Así, lo que parece traición a la palabra no es sino fidelidad al contenido. ¿Qué significa respetar el original sino convertirlo en causa de los mismos sentimientos en el nuevo lector? A quien no hay que traicionar es al lector, que busca la verdad intemporal del autor. Eso es lo que intenta esta versión del poema de Leopardi:

El infinito

Siempre amé esta colina solitaria
y esta espesura, aunque me impide ver
la vastedad final del horizonte.
Pero, sumido en la contemplación,
entre las frondas del silencio siento
sobrehumanos espacios insondables
que me estremecen y a la vez me calman
con un desasosiego serenísimo.
Esa íntima estridencia del silencio
y el viento acompasado transfiguran
mis sentidos y todo es plenitud,
pues me dejan su música el instante
y el tiempo que se fue y ha de venir.
Lleno de infinitud, el pensamiento
quisiera comprender, pero es feliz
mientras naufraga en ese sortilegio.


L’infinito

Sempre caro mi fu quest’ermo colle,
E questa siepe, che da tanta parte
De l’ultimo orizzonte il guardo esclude.
Ma sedendo e mirando, interminati
Spazi di là da quella, e sovrumani
Silenzi, e profondissima quiete
Io nel pensier mi fingo, ove per poco
Il cor non si spaura. E come il vento
Odo stormir tra queste piante, io quello
Infinito silenzio a questa voce
Vo comparando: e mi sovvien l’eterno,
E le morte stagioni, e la presente
E viva, e ‘l suon di lei. Così tra questa
Infinità s’annega il pensier mio:
E ‘l naufragar m’è dolce in questo mare.

La pregunta que debe hacerse el traductor es esta: ¿cómo escribiría Homero hoy este fragmento? ¿Soy yo ahora aquel Homero, me dicta aquel, convertido en homo scriptor de hoy, mis palabras actuales?

Lo que importa no es lo que dicen las palabras, sino la música síquica que engendran. Toda traducción es un pentagrama que debemos llenar con signos de otro lenguaje. ¿Cómo suenan el infinito, el microcosmos, nuestros sentimientos, el pensamiento, los colores, las formas, el misterio? Así que ¿el poema es del autor o del lector? Este puede sentirlo a su imagen y semejanza o a la del autor. Pero, en verdad, como he dicho al principio, el autor es solo una circunstancia del poema, que se convierte en una nave viajera por los diferentes cosmos de las distintas mentes.


Antonio Gracia es autor de La estatura del ansia (1975), Palimpsesto (1980), Los ojos de la metáfora (1987), Hacia la luz (1998), Libro de los anhelos (1999), Reconstrucción de un diario(2001), La epopeya interior (2002), El himno en la elegía (2002), Por una elevada senda (2004), Devastaciones, sueños (2005), La urdimbre luminosa (2007). Su obra está recogida selectivamente en las recopilaciones Fragmentos de identidad (Poesía 1968-1983), de 1993, y Fragmentos de inmensidad (Poesía 1998-2004), de 2009. Entre otros, ha obtenido el Premio Fernando Rielo, el José Hierro y el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana. Sus últimos títulos poéticos son Hijos de HomeroLa condición mortal y Siete poemas y dos poemáticas, de 2010. En 2011 aparecieron las antologías El mausoleo y los pájaros y Devastaciones, sueños. En 2012, La muerte universal y Bajo el signo de eros. Además, el reciente Cántico erótico. Otros títulos ensayísticos son Pascual Pla y Beltrán: vida y obraEnsayos literariosApuntes sobre el amorMiguel Hernández: del amor cortés a la mística del erotismo La construcción del poema. Mantiene el blog Mientras mi vida fluye hacia la muerte y dispone de un portal en Cervantes Virtual.

1 comment on “Poemas traducidos

  1. Muy buenas tus traducciones, Antonio.

    Me figuro que conocerás el viejo «Literatura y literalidad», de Octavio Paz, donde traduce a John Donne ( divinamente, por cierto) , y también un poema de Apollinaire y el soneto en «ix» de Mallarmé.
    Su teoría sobre la traducción es muy interesante y no lejana de lo que expones, sin no recuerdo mal.

    El más agraviado por los trujimanes de la red es el pobre Rimbaud. Recuerdo, por ejemplo, «árboles indiscretos» ( en el texto original ) traducido por «árboles cotillas». Nada menos. Le faltó poco al traductor para escribir «árboles marujas».

    Tuve la ocasión de mostrarle a Dereck Walcott, al que casi le da un patatús, como su traductor de «Omeros» al castellano ( Anagrama) había traducido Raj por Rajá. Como muestra de barrabasada contra un poema no está nada mal, ya que el Raj británico podría considerarse exactamente lo contrario a lo que fueron los rajás.
    De lo que se deduce que el trujimán no tenía ni noticia de la existencia del Raj y anda por ahí, circulando como «hombre de letras», y metiendo sus sucias manos en los poemas de pobres poetas extranjeros.

    Por mi parte, estaba muy satisfecha de la traducción de un soneto renacentista italiano que publiqué en mi blog. Como borré todo el blog sin piedad, lo perdí. A ver si lo reconstruyo y te lo anoto, porque resolví algún problema peliagudo gracias a investigar el arte de la cetrería.

    También he traducido ( ocupándome de la parte literaria) poemas del griego y del alemán. Lo cierto es que produce un gran placer cuando finalmente el poema empieza a respirar en nuestro idioma.

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