Cuadernos tragicómicos

Gustavo Bueno, el antiasturiano

Iván Álvarez escribe sobre la relación del filósofo riojano con su tierra de acogida durante casi cuatro décadas, y defiende con sarcasmo sus contribuciones a la misma frente a las acusaciones de «antiasturiano» que han pesado sobre él por sus diatribas contra el asturianismo.

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Soy un tipo extraño, un historiador tendente a las frikadas. Es por ello que en los últimos meses me he dedicado a investigar por qué Gustavo Bueno decía que, si no fuera por haber venido a Asturias, no habría desarrollado su pensamiento. Resulta que su filosofía ha trascendido como la de un pensador conservador y nacionalista español, pero lo cierto es que a nivel micro se vio muy condicionado por su entorno inmediato y por su implicación con la sociedad que le rodeaba inmediatamente; a saber, la asturiana. Durante el progreso de mi investigación percibí el interés de bastantes personas, por lo que he decidido escribir esto, a modo de entrante. Para realizar mi trabajo acudí a amplia bibliografía, fuentes de archivo y orales; de informes policiales a declaraciones de activistas estudiantiles. Vaya esto último por delante porque nada de lo que se dirá a continuación es gratuito ni está poco fundamentado. En mi investigación descubrí que las acusaciones vertidas contra el riojano, aquellas que le tachaban de «antiasturiano» y «enemigo de la cultura asturiana» eran totalmente ciertas. Veamos el porqué.

El antiasturiano Gustavo Bueno, obcecado por su deseo de jodernos a los asturianos y atentar contra nuestro acervo cultural, ejerció su magisterio en la Universidad de Oviedo durante 38 años. Vino a Asturias atraído por esas figuras tan antiasturianas como Feijoo y Clarín, pero también seducido por el movimiento obrero de la región, dando muestras de su claro talante fascista. Durante esos 38 años, el filósofo riojano contribuyó directa o indirectamente a la formación de profesionales y académicos que en absoluto han dado lustre a la intelectualidad asturiana, como Vidal Peña, Alberto Cardín, Francisco Erice o Enrique Moradiellos. Además, no contento con la impartición de su infame magisterio, contribuyó a la diversificación de estudios y especialidades en la Universidad de Oviedo, llegando a ser decano de lo que hoy es la Facultad de Formación del Profesorado y Educación. Es decir, Gustavo Bueno es responsable que los asturianos no puedan ver mundo y no tengan que irse de Asturias para estudiar psicología o ciencias de la educación.

Miradle, tenía cara de decir «habas» y «sidriña»
Miradle, tenía cara de decir «habas» y «sidriña»

Cuando él llegó en Oviedo no había ni siquiera sección de filosofía, y tras contribuir a que esta se formara la puso entre las vanguardias filosóficas de España, y así consta en varias obras generales de filosofía escritas en varias lenguas. Gracias a su terrible antiasturianismo, el nombre de Asturias y su universidad aparece en varias enciclopedias como el hogar de un Departamento de Filosofía especializado en filosofía materialista y en una original teoría de la ciencia. En ese mismo departamento se organizaron seminarios que se anunciaban como abiertos y gratuitos para el público general, especialmente a partir la segunda mitad de la década de los sesenta. He aquí un ejemplo de la notoria maldad de este ínclito foriatu que, no satisfecho con pervertir a su alumnado, le abría las puertas de la Universidad a su ciudad de acogida. Esos seminarios eran descritos en un informe de la Político-Social como «plataforma para la divulgación de ateísmo y marxismo», contribuyendo, según otro informe, a «perturbaciones de tipo social y político». Perturbaciones antiasturianas, añadiría yo.

En la Asturias de los sesenta se juntaron la moda de leer a Mao y la influencia de Bueno en la universidad

Pero sus planes diabólicos para empobrecer culturalmente a Asturias no terminan ahí. Este inmigrante que no quiso someterse a la lengua, costumbres y tradiciones del país de los astures ejerció su españolizante influjo participando en varias iniciativas como la constitución de la revista de oposición comunista Clarín o la Editorial Amigos de Asturias, en la que insistió en ligar la academia y las organizaciones culturales con el movimiento obrero de la región; insensatez que reprodujo en sus numerosas conferencias impartidas en sociedades y clubes culturales de las cuencas mineras y barrios obreros de Gijón. En estas conferencias, al igual que en sus clases, siempre había presencia policial. Seguramente esto se deba a que los policías franquistas eran fanboys de las tesis fascistas del filósofo; aunque en sus informes, para despistar, ponían que el tío era filomarxista y que su presencia era motivo de alarma. Para más inri, fue uno de los promotores de la Sociedad Asturiana de Filosofía, la cual organizaba los congresos de teoría y metodología de las ciencias. Estos congresos tuvieron la participación de intelectuales de segunda categoría como Mario Bunge, René Thom, Abrahn Mole, Marvin Harris, Carlos París, Emilio Lledó, Antonio Fernández Rañada, León Garzón, Francisco J. Ayala, Janos Kelemen, Karl Otto Apel, Kennet L. Pike o Ludovico Geymonat. Gente que no ha aportado nada a ninguna disciplina científica, y que no conocen ni en sus casas, y menos los asturianos, que estamos acostumbrados a recibir la visita de gente mucho más notable desde entonces.

De vez en cuando la policía y otras instituciones oficiales de la dictadura se llevaban un chasco con el ilustre filósofo reaccionario, pues el riojano se empeñaba en disimular su fascismo. Por ejemplo, poniendo miles de pelas para el Fondo Unitario de Solidaridad Obrera de Asturias, cediendo su aula para la organización de asambleas o participando en huelgas y encierros en solidaridad contra la represión de estudiantes y obreros. Es el protagonista también de anécdotas curiosas, muy ilustrativas de su carácter siempre derechista, como mediar en la liberación de José Antonio López Brugos, líder de los estudiantes comunistas detenido en 1967, participar en las manifestaciones de apoyo a Vietnam o sacar de la universidad a escondidas a estudiantes disidentes cuando la policía asediaba la universidad. Como vemos, le encantaba putear a los estudiantes asturianos más revoltosos. El Gobierno Civil y la Policía franquistas, a modo de reconocimiento de su gran labor reaccionaria y antiasturiana, le dedicaban no poco espacio en sus memorias anuales. ¿Quién querría tener a alguien así en su tierra? Cualquier persona realmente comprometida con el futuro de Asturias, autóctono de pedigrí, podría empatar con este coreano.

«Pero además de todo eso ¿qué ha hecho Gustavo Bueno por Asturias?»

Como ha quedado demostrado, aciertan de pleno los que le tachan de «fascista», pues ha quedado demostrada su concomitancia con los miembros del régimen dictatorial. Gustavo Bueno, que nunca se mostró como disidente de una dictadura, ni nunca atentaron contra él grupos de extrema derecha, merece nuestra condena como cipayo español y fascista. También vemos cómo en absoluto ha contribuido al prestigio y el crecimiento de la principal institución académica de la región. Además, fue un clasista que nunca habló ni dedicó un mísero minuto para el público humilde y de clase trabajadora asturiana. No promovió ningún tipo de institución o asociación que enriqueciera culturalmente a Asturias. Y aunque esto fuera al revés, aunque hubiera dedicado muchos esfuerzos y escritos a su tierra de acogida, aunque hubiera adquirido compromisos políticos contra el franquismo, la OTAN o la reconversión industrial que tan bien le sentó a Asturias, todo eso debería ser olvidado, pues se acabó llevando muy bien con GaVino de Lorenzo, no estaba a favor de la oficialidad del asturiano y se mofó de los asturianistas muchas veces. Y lo peor de todo, era españolista. ¿Cómo osa un tipo que vivió en Asturias medio siglo opinar sobre la cultura, la historia o la identidad de Asturias? ¿Acaso deberíamos ponerlo todo en la balanza? No, pues nunca hizo nada que mereciera ningún tipo de reconocimiento como asturiano adoptivo. ¡Ni que fuera tan asturiano como cualquiera nacido aquí!


Iván Álvarez es historiador, licenciado por la Universidad de Oviedo.

4 comments on “Gustavo Bueno, el antiasturiano

  1. José Manuel Ferrández verdu

    Un hombre insobornable y lúcido, de una cultura casi infinita
    Asisti a varias conferencias y, a pesar de su asma, mostraba una vitalidad que las hacia entretenidisimas
    Poseía un carácter explosivo, en defensa de lo que lo que consideraba justo

    Nunca le escuche ningún argumento que no fuera sólido y razonable

    Era un tanto quijotesco y se parecía a los intelectuales de principios de siglo por su libertad a la hora de hablar

    Un magnífico artículo, cuya ironía despeja tan inteligentes acusaciones

  2. Francisco

    Antiasturiano y antiasturianista no son sinónimos.

  3. José Manuel Ferrández verdu

    Concibo que se acuse a alguien de hacer daño deliberadamente a otros sin motivo suficiente

    Pero no entiendo la clase de injusticia o maldad que se pueda cometer por ser o no ser apóstol de una parte de la geografía o de la historia

    Más parece que los apóstoles nacionalistas buscan en realidad su propio beneficio

    Quieren demostrar que aman tanto a sus respectivos países que hasta están dispuestos a cobrar sueldos o subvenciones por este sacrificado mérito

    La cultura parece ser un conjunto de costumbres de determinados lugares

    Encierra tantas cosas buenas como regulares

    Pero tan arbitrarias como las de cualquier otro lugar o pais

    Por qué hay que concederle un valor ético absoluto, cuando es un fenómeno relativo a una delimitación geográfica o temporal

    García Márquez acusaba a Borges de ser «poco sudamericano» debido a la universalidad de los temas de sus más famosos relatos

    Hay varios errores de apreciación del colombiano

    Borges escribió tanto de Buenos Aires y sus compadritos o malevos como Márquez de sus paisanos, y mejor

    Ser universal no implica no sentir tu tierra

    Los argentinos siempre han sentido nostalgia de Europa y para muchos de ellos París era en realidad un barrio inaccesible de Buenos Aires

    Está añoranza es una manera de ser argentino que Borges, como otros muchos, prácticó

    Lo raro es que Márquez no dijera otro tanto de Cortázar, cuando este si fue un auténtico snob parisino cuya obra se desentiende de localismos innecesarios, excepto las más famosas rues y jardines y ponts de París glamuroso

  4. FruelaP

    Desconocía que fuera posible simultanear la redacción de un artículo y el acto de felar a un finado. Interesante demostración de polivalencia.

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