Mirar al retrovisor

Ucrania, el pasado y el futuro

Un artículo de Joan Santacana

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

Hoy resulta muy difícil opinar sobre la crisis de Ucrania. La razón es la intoxicación informativa que padece todo el mundo, según en qué lugar de la Tierra se viva. Pero en todos los conflictos ha sido así. En las dos guerras mundiales, los ciudadanos de ambos bloques contendientes estaban convencidos de que sus respectivos países estaban asistidos por la justicia y la razón. Las guerras se ganan cuando previamente se ha vencido a la opinión pública del país propio. Esta es una condición necesaria, aun cuando no suficiente. Digo esto para mostrar la fragilidad de nuestras opiniones sobre un conflicto del que tenemos informaciones sesgadas. Aun así, la mente no deja de querer conocer la verdad de los hechos, la justicia de las actuaciones y en definitiva a los responsables de tantos desastres.

Ciertamente hay muchas dudas sobre la mente de un personaje como Putin. ¿Es un paranoico atrapado en sus fantasías? Puede ser. También es posible que sea un personaje a quien el poder ha rodeado de cortesanos y asesores serviles que no se atreven ya a llevarle la contraria. Todos hemos visto y conocido personajillos de este tipo, que, sin tanto poder como él, atemorizan a cuantos les rodean; personas que no admiten que nadie opine diferente a como ellos lo hacen y que no dudan en fulminar a un amigo, si este se atreve a llevarle la contraria. Yo lo he visto en la Universidad y otros lo han sufrido en empresas y negocios. Puede que Putin sea uno de estos.

Pero esto no implica que no existan otras causas de la furia del Oso ruso.  La principal exigencia de Rusia, desde el final de la Guerra Fría, era que la OTAN  no creciera más, ni se acercara más a sus fronteras. La línea roja pasaba por Georgia y Ucrania. Y la OTAN quiso atravesar esta línea roja. Europa y la OTAN, cuando cayó la Unión Soviética, no incluyeron a Rusia —una potencia nuclear— en un sistema de seguridad común. Occidente tampoco dudó en alentar las revoluciones nacionalistas antirrusas de estas repúblicas exsoviéticas. Hay que recordar cómo el presidente George Bush (1924-2018) ofreció a Ucrania a unirse a la alianza militar liderada por Estados Unidos. ¿Por qué? No lo sé, pero ahora, el Oso está enfurecido. Y queremos derrotarlo, aun a sabiendas de que en la locura que lo atormenta puede cometer barbaridades. Pero el pasado es pasado; simplemente no se puede retroceder y de poco sirve ahora señalar las culpas compartidas. El problema ahora es el presente y el futuro. ¿Qué hacer ahora? No interesa a nadie mantener una guerra tan peligrosa como esta, en la que está en juego el uso de armas de los arsenales nucleares.

Las opciones que tenemos ahora sobre el tablero de juego de la historia son todas malas o muy malas. Putin se ha lanzado a una invasión criminal; de poco sirve decir que se hubiera podido evitar. Pero de nuevo hay que pensar qué puede ocurrir si no se frena esta locura. La opción de atormentar al Oso, hacerlo enloquecer, encerrarlo en una jaula, es una opción terriblemente mala. Habría que dejarle una salida: de lo contrario, su reacción es imprevisible y, aun cuando probablemente saldría perdiendo en un conflicto general, el resto del mundo no saldría precisamente ganando. Es mejor no pensar en esta opción.

La opción de ofrecer una ayuda significativa a aquellos que se defienden de una agresión, que ven su patria invadida y que se ven obligados a emigrar por millones es razonable y estrictamente justa, pero ¿cómo se les ayuda sin darles armas? ¿Cómo se les ayuda solo con palabras de aliento cuando caen bombas sobre sus casas? Sin duda, proporcionar armas al país agredido es condenar a Ucrania a una larga guerra, que al final deberá acabar, como todas las guerras, con algún tipo de paz negociada y no habrá ganadores, sino solo perdedores.

La tercera opción, la de no hacer nada, mirar hacia otro lado y dejar que el Oso pisotee derechos y libertades de los países vecinos es mucho más reprobable porque significa abandonar al débil en manos del matón más fuerte y exponerse a que el Oso, una vez envalentonado, quiera más, más y más.

Si el diablo existe, él ha sido quien nos ha puesto en esta terrible disyuntiva. De las tres opciones la última es la más cínica y la más peligrosa, dado que, cuando en el pasado alguna potencia ha dejado abandonado a su suerte a un aliado, lo ha pagado caro. El caso mas significativo y aleccionador es el de Alemania en los años treinta: británicos y franceses nada hicieron cuando Hitler invadió la zona desmilitarizada de Renania violando el Tratado de Versales y el Pacto de Locarno; tampoco hicieron nada cuando los nazis sometieron a Austria a una terrible presión, previo asesinato del canciller Dollfuss, hasta anexionarla al Reich; tampoco reaccionaron cuando Hitler provocó la crisis de los Sudetes y dejaron que Checoeslovaquia, un país soberano y amigo, fuera desecho y ocupado; también la Republica Española fue abandonada a su suerte y un militar golpista con ayuda ítalo-alemana se hizo con el control del país. Solo reaccionaron cuando vieron el ataque a Polonia, pero ya era tarde: los nazis se habían fortalecido mucho y los ciudadanos alemanes, que al principio estaban muy asustados de la reacción militar francobritánica, se convencieron que Hitler era un auténtico genio, un hombre providencial que les devolvía el honor como nación. Soy de los que están convencidos de que, si Occidente se rinde a las exigencias de Putin, Dios nos libre de lo que vendrá después con un dictador sediento de sangre y venganza que ha salido vencedor de sus bravatas.

Pero lo cierto es que los hechos tienen consecuencias y toda la historia acumulada de las relaciones entre Rusia y Occidente despues de la Guerra Fría hoy se nos muestra con todas sus contradicciones y todas sus consecuencias. De estas tres opciones, a cual peor, ¿que elegirán al final los que hoy están en el timón de nuestra nave? Ucrania seguramente tomó decisiones erróneas, se dejó llevar por insensatos cantos de sirena y no ha hecho lo mejor que podía haber hecho, pero tenia pocas opciones, dependiendo de unos o de otros necesariamente. Rusia, en el caso de proseguir la situación actual, con las sanciones económicas en marcha no le quedará otro remedio que depender cada vez más de China. Hay que tener presente que las finanzas rusas dependen de la exportación de unos combustibles fósiles que ya hace tiempo que deberíamos haber sustituido y que ahora probablemente vamos a sustituir de una forma traumática, pagando facturas de energía elevadísimas. Sí: también Europa saldrá perdiendo, porque si después de la segunda guerra mundial alguna vez tuvo autonomía política, ahora dejará de tenerla. Pero la historia, el pasado, es un país extraño, en donde ocurren cosas extrañas, como decía David Lowenthal, mientras que el futuro es imprevisible.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

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3 comments on “Ucrania, el pasado y el futuro

  1. Francisco

    Balones fuera. No es Putin sino la URSS revivida. No es energía alternativa sino esclavizacion. No es otra cosa que complicidad de canallas ubicuos, papa incluido. Hoy es 11M, conmemoración del comienzo español de la esclavitud de los ciudadanos españoles, transformados en súbditos

  2. Encuentro razonable todo lo que dice sobre el problema del que no sé si vamos a poder salir de alguna manera que no sea la peor

    Nadie sabe ahora mismo qué camino tomar, ni a dónde mirar, aunque algunos jefes como el oso Putin o míster Biden parecen tener las cosas claras

    Pero es posible que ni los chinos sepan a qué atenerse ahora mismo

    Aunque según afirma Henri Michaux en su célebre libro Un bárbaro en Asia: «Para que el chino vea claro es preciso que los negocios sean complejos»

    Curiosa manera de ser

  3. Gatitoide

    Una de las muchas ventajas de ser europeo es que todas las guerras mundiales se celebran aquí

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