Estudios literarios

El problema de ‘El problema de los tres cuerpos’

Chenchen Zhang hace un pormenorizado análisis de la exitosa saga de ciencia-ficción china 'El problema de los tres cuerpos', desgranando los motivos de una lectura reaccionaria conectada con la sensibilidad del «partido industrial» chino, tal vez no pretendida por su autor, pero no completamente injusta.

/ por Chenchen Zhang /

Artículo originalmente publicado en Made in China el 11 de diciembre de 2023, traducido del inglés por Pablo Batalla

La trilogía de libros El problema de los tres cuerpos, de Liu Cixin, es una de las sagas de ciencia-ficción chinas más vendidas del mundo. La han leído y elogiado figuras como George R. R. Martin o Barack Obama. Sin embargo, en el debate público chino, los críticos tienden a resaltar su tendencia socialdarwinista, misógina y totalitaria de la serie y a plantear su preocupación por cómo la trilogía ha sido utilizada por los tecnonacionalistas de mentalidad autoritaria —conocidos como el partido industrial (工业党, gongye dang) en la cultura digital— para desentenderse de la moralidad y deslegitimar el cambio social progresista.[1] Por supuesto, describir en una novela un mundo regido por la ley de la selva no equivale necesariamente a abogar por un mundo así. Nadie leería 1984 de George Orwell como una apología del totalitarismo. El escritor nunca puede, por otro lado, mantener bajo control la interpretación y el uso que se hace de su obra. En cualquier caso, si examinamos con atención los empeños teóricos y la estructura narrativa de la serie, queda claro por qué resulta tan atractiva para los tecnonacionalistas, los realistas de las relaciones internacionales y los detractores de las luchas por la justicia social.

En la primera parte de este ensayo revisaré los desarrollos teóricos y argumentales claves de la serie, señalando sus sorprendentes similitudes con la cosmosociología y el neorrealismo en la teoría de las relaciones internacionales. Seguidamente, analizaré cómo las teorías, historias y personajes de la trilogía son empleados en el discurso digital como metáforas y parábolas a través de las cuales reforzar el argumentario reaccionario e interpretar las relaciones internacionales. Concluiré poniendo el mundo discursivo derivado de El problema de los tres cuerpos en perspectiva global.


El realismo cósmico y las polaridades de la razón y la moral

La premisa elemental de la serie es la invasión inminente de la Tierra por los trisolarianos: una raza de seres tecnológicamente hiperavanzados que se hallan en estado de crisis existencial permanente debido a la inestabilidad de su sistema trisolar. Durante un cierto período, los humanos y los trisolarianos mantienen un sistema de disuasión mutua relativamente firme, basado en una teoría formulada por el cosmosociólogo Luo Ji, protagonista del segundo libro. La idea central de la teoría es la siguiente.

Luo Ji se inspiró en la astrofísica Ye Wenjie, protagonista del primer libro, quien le proporcionó dos axiomas «evidentes»: 1) «La supervivencia es la necesidad primordial de todas las civilizaciones»; y 2) «Las civilizaciones crecen y se expanden continuamente, pero la cantidad total de materia del universo siempre es la misma».[2] Sobre esta base desarrolla Luo la idea de la cadena de sospecha (猜疑链) y la infame teoría del bosque oscuro (黑暗森林). Con arreglo a la primera, una civilización (A) no puede determinar si otra (b) es benevolente o maliciosa. Además, A no puede determinar si B piensa que A es benevolente o maliciosa. A no puede determinar si B piensa que A piensa que B es benevolente o maliciosa, y así sucesivamente: he ahí la cadena de sospecha. Dada esta incertidumbre última y la escala espaciotemporal del universo, que según Luo Ji significa que es probable que la diferencia de capacidades entre civilizaciones sea enorme e impredecible, la teoría del bosque oscuro postula que cada civilización es como un cazador con un arma acechando en la oscuridad del bosque. Debe esconderse y atacar en cuanto advierta la primera señal de otra vida.

La cosmosociología de la serie de los Tres cuerpos viene a ser en muchos sentidos una versión interestelar de la teoría neorrealista de las relaciones internacionales. Esta parte también de una serie de supuestos presuntamente evidentes, como que la supervivencia es la necesidad más acuciante de un Estado y que la incertidumbre en torno a las intenciones de los demás constituye una característica permanente y definitoria del sistema internacional.[3] La teoría del bosque oscuro es una adaptación extrema del dilema de la seguridad, debido a la enormidad del Universo: lo que está en juego en esa incertidumbre es tan grave que las civilizaciones no deben ponerse en contacto con ninguna otra, y sí ocultar su propia ubicación y destruir a cualquiera cuyas coordenadas hayan sido expuestas. Al igual que el neorrealismo, la cosmosociología de Luo Ji sostiene que la estructura social interna y el sistema moral de cada civilización no importan. Lo único que cuenta a nivel interestelar (o internacional para los neorrealistas) es la estructura del sistema de la que la cadena de sospecha es un atributo inherente. «Todos son idénticos», dice Luo Ji, que podría haberlo tomado de un tratado académico sobre realismo estructural: allá podría leer por ejemplo la afirmación de que las unidades del sistema internacional «son Estados funcionalmente indiferenciados que buscan la supervivencia».[4] Apoyándose en dicha teoría, Luo amenaza a los trisolarianos con la destrucción mutua asegurada: una estrategia de disuasión que neorrealistas como Kenneth Waltz consideran eficaz para el mantenimiento de la estabilidad internacional. Luo advierte de que, si los trisolarianos lanzan un asalto, transmitirá inmediatamente la ubicación de Trisolaris al Universo, exponiendo tanto a Trisolaris como a la Tierra, y anticipando la destrucción de ambos.

A lo largo de los libros, Liu parece muy consciente de la cuestión de cómo las «amenazas externas» y la necesidad de sobrevivir en condiciones duras influyen en la organización de la sociedad. La amenaza constante de destrucción planetaria en Trisolaris ha conducido a una sociedad totalitaria, que se describe en los libros de una manera que recuerda rápidamente al fascismo y al nazismo en el siglo XX terrestre. Cuando se conoce el plan de invasión de los trisolarianos, los humanos experimentan en la Tierra, primero, un período de gran recesión debido al militarismo, degradación ambiental (ya que el desarrollo de la tecnología militar esquilma los recursos) y autoritarismo. Esto lleva a la despoblación y hace estallar revoluciones, que fundan nuevos gobiernos que revierten las tendencias anteriores. No obsesionados ya con la supervivencia, los humanos parecen guiarse por un principio nuevo: «Lo primero es el humanismo, perpetuar la civilización queda en segundo lugar».[5] Tanto la cultura como el progreso tecnológico florecen debido a la «emancipación de la naturaleza humana».[6] Llegados a este punto, cabría esperar la conversión de esta historia en una crítica de la política de emergencia, pero todo el progreso logrado en el período humanista perece cuando se revela que los trisolarianos son tan avanzados tecnológicamente que no hay ninguna posibilidad para la Tierra en la batalla del Día del Juicio Final entre toda su flota de la fuerza espacial y una «gota» de Trisolaris.

Tres personajes (aparte de Luo Ji) son cruciales para la supervivencia de la civilización humana en los acontecimientos que suceden a la derrota de la flota humana y ocupan las polaridades de «razón» y «moralidad» en la estructura narrativa de los libros. Zhang Beihai, comisario político de la armada del Ejército Popular de Liberación (EPL) y oficial de la fuerza especial, es uno de los personajes más populares entre los seguidores de los Tres cuerpos. Renombrado como hombre razonable, paciente y resolutivo, es el único que, durante la era del optimismo, predice que la Tierra no tiene ninguna posibilidad contra Trisolaris y oculta sus planes tanto a los humanos como a los trisolarianos. Impulsado por la creencia de que la única forma de preservar la civilización es escapar de la Tierra, secuestra una nave espacial (muy pertinentemente llamada Selección Natural [自然选择] en la víspera de la batalla del Día del Juicio Final y viaja al espacio. Junto con otras cuatro naves espaciales, inicialmente enviadas para capturarlo, pero que acaban uniéndosele después de la derrota de la fuerza espacial terrestre, forman Nave Tierra. Sin embargo, pronto estalla una «batalla oscura» entre las cinco naves, cada una de los cuales alberga unos dos mil tripulantes. Los comandantes se dan cuenta de que, para maximizar sus posibilidades de supervivencia, deben atacar a los demás y acaban sujetos a la «cadena de sospecha», sin conocer las intenciones de los demás. La Selección Natural de Beihai es golpeada unos segundos antes de lanzar un ataque contra los demás, pero sonríe cuando su vida se apaga, creyendo que, con independencia de su propia muerte, la batalla marca el nacimiento del hombre nuevo.

Al contrario que Zhang Beihai, Cheng Xin, una ingeniera aeroespacial, protagonista del tercer libro, es uno de los personajes de los Tres cuerpos más odiados en los foros online. Se la aborrece como alguien cuya reciedumbre moral provoca la destrucción de la civilización humana. Basándose en la teoría del bosque oscuro mencionada anteriormente, Luo Ji pone en marcha un sistema de disuasión de destrucción mutua asegurada después de la batalla del Día del Juicio Final y es investido como primer Portador de la Espada, es decir, el autorizado a presionar el botón nuclear. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, los humanos comienzan a dar por sentada la paz, se «feminizan» (más tarde me ocuparé del aspecto misógino de la serie) y comienzan a inquietarse por el poder irrestricto de Luo. Se selecciona entonces a Cheng Xin como nueva Portadora de la Espada. La cuestión es que, en principio, para que un sistema de disuasión funcione, la otra parte debe creer que uno posee la fuerza de voluntad necesaria para ejecutar la destrucción mutua. Los trisolarianos estudian las personalidades de los portadores de la espada y estiman que el «grado de disuasión» de Luo es de aproximadamente el noventa por ciento, mientras que el de Cheng Xin es de solo el diez. Convencidos de que Cheng Xin no presionará el botón, lanzan su ataque inmediatamente después de que aquella asuma el cargo. Tal como se había predicho, Cheng abandona la destrucción mutua en pos de la preocupación moral, y la Tierra queda subyugada bajo el mando trisolariano. Pero entonces los tripulantes de la Nave Tierra, en el espacio exterior, transmiten la ubicación de Trisolaris, lo que lleva a su destrucción por otra civilización hiperavanzada que actúa con arreglo a los principios del bosque oscuro. La Tierra, situada cerca de Trisolaris, se enfrenta ahora a la amenaza de ataques de bosque oscuro por parte de alienígenas ignotos.

A los humanos se les ocurren diferentes planes. Uno de ellos consiste en el desarrollo de tecnologías de viaje a la velocidad de la luz que permitan a algunos humanos escapar de un posible ataque de «fotoide». La investigación en torno a ello, sin embargo, es prohibida rápidamente debido a los temores de que pueda significar un abuso de los superricos. También emergen inquietudes sobre lo que el vagar por el espacio podría hacerle a la humanidad misma, a medida que la Tierra se entera de las «batallas oscuras». De hecho, los humanos engañan a una de las naves espaciales para que regrese a la Tierra y arrestan a todos sus tripulantes en cuanto aterriza. En su juicio, uno de los comandantes dice: «Cuando los humanos están perdidos en el espacio, solo hacen falta cinco minutos para alcanzar el totalitarismo».[7] He ahí una prueba más de la preocupación de Liu por la cuestión de la supervivencia y los regímenes políticos y su convencimiento de que las amenazas externas que se avecinan insoslayablemente requieren un gobierno totalitario.

El tercer personaje clave aquí es Thomas Wade, un hombre de «razón absoluta» cuyo grado de disuasión estiman los trisolarianos en un cien por ciento. Dirige una investigación secreta sobre los viajes a la velocidad de la luz y revela su plan al mundo humano después de lograr un gran avance. Las Naciones Unidas deciden que es ilegal. La ciudad espacial de Wade está al borde de la guerra con la flota de la ONU y se le pide a Cheng Xin que tome la decisión final. Es aquí donde Wade pronuncia una de sus frases más emblemáticas: «Si perdemos nuestra naturaleza humana, perdemos mucho; pero si perdemos nuestra naturaleza animal, lo perdemos todo».[8] Cheng Xin declara que elige la naturaleza humana y le pide que se rinda. Wade es ejecutado.

En la sucesión final de acontecimientos, Luo Ji reúne a científicos anteriormente arrestados de la compañía de Wade y prosigue con éxito la investigación sobre los viajes a la velocidad de la luz. El sistema solar es destruido en un «ataque dimensional» (es reducido a dos dimensiones). La totalidad de la civilización humana dentro del sistema solar se volatiliza, exceptuando a Cheng Xin y su amigo AA, que escapan de la ola de colapso en una de las naves a la velocidad de la luz, un legado del programa de Wade.


El partido industrial, el imperativo de la supervivencia y la misoginia de la retórica reaccionaria

Los lectores familiarizados con la cultura digital china pueden reconocer de inmediato cómo los temas de la trilogía están bien alineados con las preocupaciones de una formación discursiva e ideológica online conocida como partido industrial (工业党 gongye dang). Se caracteriza por su creencia firme en el determinismo tecnológico, una visión socialdarwinista del sistema internacional en la que la supervivencia de los tecnológicamente subdesarrollados se ve perpetuamente amenazada por los tecnológicamente avanzados y un desprecio por todo lo que los tecnonacionalistas encuentran «sentimental», «idealista» o «moralista».[9] Desde este punto de vista, el arco narrativo principal de El problema de los tres cuerpos puede resumirse fácilmente como el mensaje de que los seres humanos socavan reiteradamente los esfuerzos para asegurar su propia supervivencia civilizatoria debido a su preocupación por la moralidad y la democracia. En última instancia, el sostenimiento de la civilización depende de «figuras rebeldes» que prioricen la racionalidad y la determinación de perseguir la supervivencia por encima de los principios morales o democráticos.

El problema de la saga no es que apoye el totalitarismo, cosa que no hace. Radica en el dualismo totalizador, reduccionista y potencialmente peligroso de humanidad/moralidad/democracia/destrucción versus animalidad/razón/autocracia/supervivencia en el que descansan la trama y el desarrollo de los personajes. Liu construye una amenaza existencial última y definitiva para la civilización humana; una amenaza arraigada en la supuesta naturaleza del bosque oscuro del Universo, y construye sus personajes en torno a estas polaridades: la humanidad conduce a la autodestrucción y la supervivencia depende de la crueldad. Cuando las amenazas externas son inminentes, la ley y el orden son de suma importancia, como vemos en Trisolaris, la Tierra ocupada y la sociedad de naves espaciales. La parte científica de la serie es admirablemente imaginativa, pero su imaginación sociopolítica resulta pobre, algo que la diferencia de una de las obras anteriores de Liu, Maestro rural. En esta historia corta, la Tierra, una vez más, se halla a punto de ser aniquilada por una civilización hiperavanzada, involucrada en algún tipo de lucha existencial. Los alienígenas ponen a prueba los conocimientos de candidatos seleccionados al azar en un planeta que tienen en el punto de mira, a fin de determinar si deben prescindir de él. Un maestro de aldea de la China rural, atormentado por una enfermedad crónica y la pobreza extrema, insiste en que sus alumnos memoricen las leyes del movimiento de Newton antes de su muerte. Y es este acto ordinario a la par que heroico, pero desconocido, el que salva a la Tierra de la aniquilación. El mundo de El problema de los tres cuerpos, por el contrario, se encuentra en un estado permanente de excepción, asfixiado por los dilemas morales y desprovisto de política, en la medida en que la política trata de posibilidades de acción y de pluralidad de relaciones sociales.

Ni que decir tiene que nadie debería tomar como guía para pensar la realidad social una de las interpretaciones más pesimistas del Universo en una serie de ciencia-ficción. Sin embargo, muchos lectores citan en las redes sociales la teoría del bosque oscuro o el dicho de Thomas Wade sobre la humanidad y la bestialidad como verdades evidentes. En cierto modo, la trilogía proporciona un lenguaje creativo y un conjunto de recursos simbólicos para que los nacionalistas de derecha mejoren y articulen sus creencias preexistentes sobre el imperativo de la supervivencia y los peligros de cualquier cosa que consideren perjudicial para el mismo, como la «sensiblería moral» o el «liberalismo». Dado que la mayoría de los lectores simpatizan con la idea de la supervivencia humana, el personaje de Cheng Xin, referido habitualmente como baizuo (白左, «izquierda blanca», argot peyorativo y recurso retórico utilizado principalmente para ridiculizar el liberalismo progresista) y shengmu (圣母, «madre santa», otro término jergal para ridiculizar a los considerados como demasiado compasivos con los desfavorecidos), es invocado como un caso particularmente convincente acerca de que las preocupaciones éticas y los valores morales son egoístas, y pueden conducir potencialmente a la autodestrucción. El aborrecimiento generalizado hacia Cheng se solapa con el discurso anti-baizuo que prospera en las redes sociales chinas; una forma de retórica reaccionaria similar al discurso anti-woke en el contexto angloamericano.[10] Estos puntos de vista combinan un rechazo o «anormalización de la justicia social»[11] con articulaciones de la supremacía blanca y el nacionalismo racial. Por ejemplo, un columnista de Sohu afirma que el personaje de Cheng Xin, que acaba con la civilización humana «en nombre del amor y de la igualdad», es una sátira muy pertinente de los defensores de la igualdad de derechos, los activistas LGTBIQ+ y las feministas. Según estas interpretaciones, la trilogía de Liu Cixin advertiría sobre la «feminización» y la «shengmización» de la sociedad y «el triunfo de lo políticamente correcto», que conducen a la extinción humana en sus libros, y que ya están ocurriendo en el mundo real.[12]

Un ensayo similar en Zhihu, una plataforma popular entre los tecnonacionalistas gongye dang, se fija en Noruega en busca de una analogía de la sociedad humana «feminizada» durante el período de paz inducido por la disuasión.[13] Con una audiencia de unos cien mil seguidores en la plataforma, el columnista describe el país escandinavo de un modo que recuerda a lo que los investigadores de la extrema derecha identifican como el imaginario de la «distopía sueca».[14] Bajo el título «Esto no es Trisolaris, sino Europa», la columna asevera que Noruega se ha convertido en el país más baizuo y shengmu (o woke, como diría la alt-right anglófona) debido a un largo período de paz y prosperidad. Se afirma que allá se han abolido todas las políticas sociales «masculinas» (阳刚) del pasado y se han abierto las puertas a los refugiados, hasta el punto de que los noruegos llevan camino de convertirse en una minoría en su propia patria. A través de una metáfora inmediatamente reconocible para los fans de los Tres cuerpos, se compara al asesino múltiple de extrema derecha Anders Behring Breivik con Thomas Wade y a los políticos europeos con Cheng Xin. En otras palabras, se sugiere que Breivik se vio obligado a sacrificarse a fin de rescatar a su nación de la autodestrucción liberal.

Lo más probable es que a Liu Cixin le perturbe esta utilización de sus libros para el esponjamiento de tropos de ultraderecha. Pero sus propios comentarios sobre Cheng Xin muestran que estas tendencias inquietantes pueden no estar basadas en interpretaciones completamente erróneas del personaje:

«Pensará que es genial, que no es nada egoísta, que sus valores y principios morales son universales y correctos. No le importan las consecuencias de seguir estos principios, sino solo la tranquilidad de su propia conciencia […] Las personas realmente desinteresadas de las novelas, las del «gran amor» [] ,  piensan en la humanidad en su conjunto. Sacrificar la conciencia propia es mucho más difícil que sacrificar la vida».[15]

He aquí de nuevo la falsa dicotomía de moral o conciencia frente a supervivencia o «humanidad en su conjunto» y su limitación de la imaginación sociopolítica del mundo de Los tres cuerpos. La preocupación de Liu por esta dicotomía también se refleja en un infame experimento mental que propuso durante un evento público. Conversando con el historiador Jiang Xiaoyuan, Liu le preguntó lo siguiente: si él, Liu y la mujer que presidía el evento fueran los últimos humanos sobre la Tierra, y los dos hombres tuvieran que comerse a la mujer para sobrevivir, ¿se la comería? Jiang dijo que no. Liu aseveró entonces que eso era irresponsable y que «solo si uno elige la inhumanidad ahora, la humanidad tendrá ocasión de renacer en el futuro».[16] Los experimentos mentales en torno a una situación extrema como esta suelen decir más de nuestra opinión de la realidad social que del escenario imaginado en sí. Dada su lógica totalizadora de la supervivencia, que depende de la presencia y reproducción perpetuas de imágenes de destrucción, derrota y caos, no es de extrañar que Liu defendiera al actual régimen chino con la justificación de que «si el país se aflojara un poco, las consecuencias serían aterradoras».[17]

Ha quedado claro que la estructura narrativa de la serie de Los tres cuerpos, al igual que el discurso tecnonacionalista gongye dang, es masculinista y misógina. Liu describe explícitamente a la sociedad humana bajo la paz disuasoria como «feminizada», señalando la feminización tanto mental como física de los hombres de la «nueva era». Se echa la culpa a cualidades convencionalmente asociadas con la feminidad, como el amor, la compasión o los sentimientos morales, de la extinción de la civilización humana, mientras se enmarcan como clave para la supervivencia de la civilización cualidades asociadas a la masculinidad tales como la racionalidad, la determinación y la agresividad. La retórica reaccionaria adopta una estrategia similar, que no solo es evidentemente antifeminista, sino que también feminiza la justicia social y sus demandas «como preludio para devaluarlas y aplastarlas».[18] Al motejar shengmu a cualquiera que albergue alguna preocupación sobre los derechos humanos o la igualdad, esta retórica instala la idea de que ciertas ideas y proyectos políticos son femeninos a fin de deslegitimarlos: o son irreparablemente idealistas o socavan peligrosamente la estabilidad, el crecimiento y los «intereses nacionales». Volviendo a la trilogía, el texto original está tan impregnado de lenguaje sexista que, según ha contado el propio escritor, la encargada «feminista» de la edición inglesa formuló más de mil objeciones editoriales al segundo libro.[19] Para los seguidores antifeministas de la serie, esta anécdota constituye una prueba más de que la «cultura occidental» ha sido secuestrada por lo políticamente correcto. El «experimento mental» mencionado anteriormente se vuelve aún más oscuro cuando se lo mira desde una perspectiva de género: la única mujer presente en la conversación —la presentadora— fue cosificada para formar parte del dilema moral, y solamente los dos oradores masculinos tenían capacidad de tomar una decisión.

Otro asunto caro al discurso sobre la saga de Los tres cuerpos entre los tecnonacionalistas son las relaciones internacionales chinas, a partir de la interpretación de la relación entre la Tierra y los trisolarianos como una metáfora de la de China y Estados Unidos. Un popular hilo de Zhihu sobre «por qué los humanos escogen a Cheng Xin como Portadora de la Espada» nos proporciona una catarata de ejemplos a este respecto.[20] Las respuestas más votadas —incluida una de la cuenta oficial de la Liga de la Juventud Comunista de China, que recibió más de ochenta mil votos— equiparan la Tierra a China y a Trisolaris a Estados Unidos. Los usuarios establecen paralelismos entre la teoría de la disuasión de Luo Ji y el pensamiento nuclear de Mao Tse-Tung, sugiriendo, sugiriendo que la subestimación de los humanos de Luo Ji y el apoyo a Cheng Xin es el resultado de la hegemonía cultural trisolariana y su estrategia de «evolución pacífica». En una respuesta con más de quince mil votos, un influencer escribe con sarcasmo sobre cómo los humanos se convencieron de que los trisolarianos eran el «faro de la civilización» y la «conciencia del Universo», en referencia a la tendencia de algunos liberales chinos de ver en los Estados Unidos eso mismo; el «faro de la civilización»;[21] y creían que el principio de que «la voluntad de los trisolarianos de destruirnos nunca morirá» (una paráfrasis del Mao que decía que «la voluntad de los imperialistas de destruirnos nunca morirá») era una mentira inventada por los dictadores para justificar su gobierno autoritario. La esencia de estos comentarios, que a veces pueden ser bastante entretenidos de leer, es que la nación nunca debe dar por sentada la paz; debe priorizar siempre el desarrollo de la fuerza militar y tiene que estar atenta al enemigo tecnológicamente superior y culturalmente hegemónico que trata de destruirla.

En otro lugar he caracterizado la orientación ideológica de los tecnonacionalistas gongye dang como autoritarismo realista.[22] Consiste ello en una oposición al cambio social y político progresista no basado, o menos basado, en el apego a valores «tradicionales» o religiosos que en una preocupación aparentemente pragmática por el desarrollo y la supervivencia en un mundo que se cree regido por la ley socialdarwinista. Este enfoque hace que ocurra a la vez que la retórica reaccionaria contra la justicia social concuerde con, y difiera de, la extrema derecha de otros lugares, allá donde sí blande recursos ideológicos como el tradicionalismo o el individualismo. Una similitud entre los nacionalistas de derecha chinos y los estadounidenses, aparte de los tropos mencionados con anterioridad, es su empleo de la imagen de amenaza externa para deslegitimar las luchas por la justicia social. Mientras que en China se ataca a las feministas y los y las activistas por los derechos humanos despreciándolos como víctimas de la influencia de los valores «occidentales», los conservadores estadounidenses conectan a sus «enemigos», como la teoría crítica de la raza, la llamada ideología de género o, más recientemente, el wokismo con el comunismo y la revolución cultural, invocando a conveniencia la imagen perdurable de la amenaza china.


El universo discursivo de Los tres cuerpos en perspectiva global

Esto me conduce al último punto que quiero tratar. Aunque la lectura de la serie y las discusiones en torno a ella arrojan luz sobre cómo cierta imaginación política toma forma en la cultura popular china, no deben confundirse con la representación exclusiva de una «visión china del mundo». Después de todo, el neorrealismo es una teoría de las relaciones internacionales originada en Estados Unidos, y tiene mucho en común con la cosmosociología del mundo de Los tres cuerpos. Las críticas a la trilogía y a otras obras de Liu por su socialdarwinismo y su misoginia no son infrecuentes en los debates locales, como mencioné al principio. Además, la deslegitimación de las luchas por la justicia social, percibidas como un ataque a la masculinidad (blanca) es una característica global de los discursos reaccionarios contemporáneos.

Los lectores de Los tres cuerpos que consideran que la mayor amenaza para la supervivencia de la civilización es la feminización de la sociedad encontrarán puntos de vista afines en figuras de ultraderecha como Jordan Peterson, quien argumenta que el orden es símbolica y «míticamente masculino» y que el caos está «asociado a lo femenino».[23] O en Marc Jongen, preocupado por el olvido, en Alemania, de «la importancia del ejército, la policía y las virtudes guerreras» debido a la paz y la seguridad de la posguerra;[24] inquietud que concuerda con la interpretación de Los tres cuerpos que a sus lectores militaristas más les gusta invocar, como parábola de cómo dar por sentada la paz en una sociedad feminizada conduce a la autodestrucción. En un capítulo poco conocido de El fin de la historia y el último hombre, Francis Fukuyama, uno de los más conocidos defensores del liberalismo, manifiesta su preocupación por el destino de la democracia en un mundo del «último hombre», que se haya vuelto «demasiado» próspero y pacífico y en el que el deseo de grandeza de la gente no encuentre mecanismos de realización. Curiosamente, en un artículo académico sobre la trilogía de Los tres cuerpos, el jurista Chen Qi utiliza la terminología de Fukuyama para interpretar la sociedad feminizada de la era de Cheng Xin como una sociedad de «últimos hombres», en la que la gente cree que ha encontrado «valores universales» y su moralismo da como resultado la eliminación de la civilización humana o el «fin de la historia».[25] Chen toma, pues, la idea del último hombre para convertir la tesis triunfalista original del universalismo liberal en una crítica de la misma, acudiendo a los recursos narrativos de Los tres cuerpos. Estos vínculos y apropiaciones transnacionales y translingüísticos en torno a la problemática y la retórica reaccionaria constituyen un campo fructífero de futuras exploraciones.


[1] Véanse, por ejemplo, Xu (2019) y Cicero by the Sea (2022).

[2] Liu (2016).

[3] Para una comparación detallada de la cosmosociología de Liu y la teoría de las relaciones internacionales de Kenneth Waltz, véase Dyson (2019).

[4] James (2022), p. 358.

[5] Liu (2016).

[6] Ibídem.

[7] Liu (2017).

[8] Ibídem.

[9] Para una introducción meticulosa al discurso gongye dang, véase Lu y Wu (2018).

[10] Zhang (2020).

[11] Cammaerts (2022).

[12] Taotao Studies History (2020).

[13] Meiri Yijian (2022).

[14] Thorleifsson (2019), Åkerlund (2023).

[15] Cit. en Chen (2016).

[16] Wang (2007).

[17] Fan (2019).

[18] Kaul (2021), p. 1624.

[19] The Paper (2015).

[20] Zhihu (2020).

[21] Lin (2021).

[22] Zhang (2020).

[23] Mishra (2018).

[24] Müller (2016).

[25] Chen (2016).


Referencias

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Chenchen Zhang es profesora asistente de relaciones internacionales en la Universidad de Durham (Reino Unido). Previamente trabajó en la Universidad de la Reina de Belfast, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Copenhague. Es coeditora de Geopolitics, copresentadora del podcast Shisha y miembro del consejo editorial de la revista Made in China.


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