El runrún interior

El runrún interior (136)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre el reconocimiento español de Palestina o una observación de Cesare Pavese.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (135)

Miércoles, 22/5/2024. Juan Vader: «Realmente creo que si Milei estaba en Black Mirror se cogía al chancho solo por gusto».

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Pedro Sánchez anuncia el reconocimiento diplomático de Palestina para el próximo día 28, junto con Noruega e Irlanda. Dos países bien majos con los que coincidir en una decisión valiente e histórica. Tiocfaidh ár lá!

Como dice Carlos Canino, la coincidencia hispanonoruega goza de especial simbolismo, porque evoca de cierta forma la Conferencia de Madrid y los Acuerdos de Oslo. Y alguno crítica que es un gesto meramente simbólico, pero, sobre esto, comenta certeramente Guillermo Zapata: «A mi no me parece que el reconocimiento de Palestina sea simbólico, pero si así fuera, una izquierda que desprecia lo simbólico es una izquierda que desprecia la forma misma en la que la humanidad construye su identidad».

Jónatham Moriche hace una advertencia importante: «Hoy es día de orgullo y celebración, pero no podemos ignorar que Netanyahu y toda la estela planetaria de fascistas que le secunda van a devolver el golpe con todos los medios a su disposición, que son muchos. Desde ya hay que organizarse en defensa activa de esta buena decisión. Una parte de esa tarea corresponderá a los servicios de inteligencia y seguridad del Estado, pero otra tenemos que asumirla directamente cuantos participamos de la esfera pública. Cada podcast, cada think tank y cada usuario progresista de redes sociales debe ahora prepararse para ello».

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Cesare Pavese: «Las cosas se descubren a través de los recuerdos que de ellas se tienen. Recordar una cosa significa verla, solamente ahora, por primera vez».

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Gijón tomado por los militares, porque este año se celebra aquí el Día de las Fuerzas Armadas. Yo estoy en León, pero veo en las redes sociales las imágenes que va compartiendo la gente de los soldados haciendo footing por el Muro o paseando a la cabra de la Legión. Algunos cantan: «Vale más un legionario que toda la morería». Qué espanto. Y qué ridículo. Se imagina uno a sus amigos de Cimavilla despertándose, poniéndose el tabardo encima del chándal sobado con agujeros de colilla que usen de pijama, bajando al perro a cagar a la playa y teniendo que esperar a que pasen trescientos hermanos de la tormenta entrenándose duro para la eventualidad de desalojar a un par de cabreros de Perejil. El Gijón de Foro. Para encima, pasado mañana vienen Abascal y Buxadé a dar un mitin. Así que, entre unas cosas y otras, está Gijón como cuando Homer Simpson se hace cargo de las basuras de Springfield y empieza a concentrar allí la porquería del país entero.

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Es célebre la anécdota de los tanques portugueses parándose en los semáforos en rojo durante la revolución de los claveles. Yo leo ahora una parecida, pero de Alemania: Karl Radek recordaba a un funcionario socialdemócrata que, en los días de noviembre de 1918, cuando los trabajadores berlineses querían asaltar el edificio del Reichstag, se encaramó a una farola y empezó a gritar todo lo alto que pudo «¡atención, camaradas, no pisen el césped!».

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Alba C. Pardo, mi católica deslenguada preferida: «El mainfulnes ese, ¿qué equivale, a un paseo por el campo pero para subnormales, o cómo?».

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En el Reino Unido, se da por hecha la más clamorosa derrota tory que recuerdan los siglos, así que, como veo señalar a un tuitero anónimo, en cinco años los británicos van a haber tenido cinco primeros ministros: Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y el laborista Keir Starmer. Para que luego diga la prensa española de derechas que tenemos un Gobierno inestable.

Una encuesta de hoy, por ejemplo, da 480 escaños a los laboristas, por 70 de los conservadores, y es de las generosas: otras reducen a la mitad el número de escaños tories, y llevan más allá de los quinientos los escaños laboristas. El sistema británico, con su the winner takes all, es así. El temor es que este rodillo laborista acabe siendo como los 202 escaños españoles de Felipe González en 1982: la paradoja de una victoria tan avasalladora como continuista, porque la conciencia de su irrealidad traduzca el afán de preservarla en quietud y timoratería, cuando no directamente en ser los nuevos tories, e incluso más tories que los tories. El apocado Starmer es un García-Page londinense. Veremos a ver.


Jueves, 23/5/2024. Moriche: «Nada de lo que dice Milei tiene el más remoto sentido, salvo como manual del jugador de un juego de mesa RPG tipo Dungeons & Dragons o El Imperio Cobra —que es exactamente como está operando socialmente».

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¿Por qué los historiadores deberían leer novelas? Así lo argumentaba Carlo Ginzburg: «Porque la cosa fundamental en la historia es la imaginación moral, y en las novelas está la posibilidad de multiplicar las vidas, de ser el príncipe Andréi de Guerra y paz o el asesino de la vieja usurera de Crimen y castigo. […] Muchos historiadores, por su parte, tienden a imaginar a los otros como si fueran iguales a ellos, es decir, personas aburridísimas».

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Murió Maricuela. 105 años de miliciana. Se van apagando, cual luciérnagas exhaustas, los últimos fulgores de una generación de hombres de acero y mujeres de mármol, que no rehuyó el deber de ser cartucho de dinamita y fusil naranjero el día que la Muerte quiso ser vida y ser Reich, y durar un milenio. Que su nombre jamás se borre de la historia.

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Von der Leyen buscará el apoyo de la extrema derecha para seguir al frente de la Comisión Europea. La cabra, el monte, etcétera, etcétera.


Viernes, 24/5/2024. Felipe González en El hormiguero. Qué decadencia patética la de este hombre. Porque no me van a decir que no es patético que, con ochenta y dos tacos de almanaque, le dé tanta rabia que no haya estatuas suyas por ahí, ni le hagan reverencias de papa emérito, que corra a pegar voces blandiendo una constitución al programa de unas hormigas de peluche. Digo de él lo mismo que hace un par de meses sobre Joaquín Leguina: ¿no tienes edad, Felipe, para que te la sude todo muchísimo o te importe muy secundariamente, y dedicarte a escamujar bonsáis, a pulimentar diamantes o lo que sea? Me dirán que soy edadista, pero, si lo soy, no lo soy despreciando la edad, sino en cierta manera envidiándola. Supongo que la política sea un vicio tremendo. Hoy que estoy en Zaragoza me ha hablado alguien que lo vio de Javier Lambán —que tiene cáncer— yendo al parlamento aragonés con la bolsa de suero o de lo que fuera debajo del sobaco, a perorar allí con un hilillo de voz. Qué cosa. Sí: qué vicio.

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Israel anuncia que, en represalia por el reconocimiento del Estado palestino por España, prohibirá al consulado español en Jerusalén atender a palestinos. Un ejemplo resplandeciente de violencia vicaria: atizar más a los palestinos para vengarse de Sánchez.

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Escena esperpéntica en Gijón: encalla en la playa de San Lorenzo una tanqueta, durante unas maniobras de exhibición. Tienen que ir varios soldados a desencallarla y tardan un rato. Hijos del trueno, nietos del relámpago, bisnietos del diluvio, destructores de mundos, cimitarras de Dios, su solo nombre hace castañetear los dientes de los infieles, pero como todos los héroes, tienen un talón de Aquiles: ¡los pocinos de San Lorenzo!

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Dice Manuel J. Becerra que «en la fascinación de algunos «derechólogos» por su objeto de estudio aparece el fenómeno de terminar compartiendo y adhiriendo el marco de ideas que deberían comprender con científica prudencia». Yo tengo una opinión tal vez impopular sobre esto: la fascinación hay que tenerla. A la hora de enfrentarnos a esta gente, tenemos que ser capaces de dejarnos embriagar por su sentido de lo bello, lo heroico, lo sublime, a fin de comprenderlo; amarrados eso sí, como Ulises, a un mástil que impida que esas sirenas nos pierdan. Como me dice, suscribiéndolo, el tuitero Javier von Count, «hay que abordarlo con la misma visión que un oncólogo. Te puede fascinar la voracidad del cáncer, su capacidad de corromper y coaptar organismos, y su velocidad de crecimiento, pero solo para combatirlo más eficazmente».

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Certero comentario de Karl Schlögel en Ucrania, encrucijada de culturas: «No es posible honrar a los héroes de la resistencia [antifascista] de entonces si nos mostramos indiferentes ante los héroes de hoy. […] Resulta fácil ponerse del lado correcto cuando los acontecimientos pertenecen a la generación anterior, pero es mucho más difícil y arriesgado decir de qué lado está uno en el presente».

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Iván de la Nuez: «Tanta demanda de relato acaba generando una oferta anecdótica».


Sábado, 25/5/2024. Moriche: «Es el momento más quebrado de la historia moderna, o de la historia en general. No queda ni una sola baldosa pegada al suelo, los puntos cardinales se mueven azarosamente, todo es escombro, maleza, ruido incomprensible, mapas que ya no sirven. Nadie sabe qué mundo saldrá de aquí».

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Pablo Iglesias en el canal de YouTube del infame coronel Pedro Baños, un conspiranoico putinista, invitado habitual del programa de Iker Jiménez. Un trabajador de los astilleros gijoneses me contó una vez que, en una ocasión, vio desde la grúa cómo un operario que trabajaba abajo pinzaba un cable sin querer con el martillo hidráulico y fue electrocutándose y carbonizánse poco a poco, sin poder quitar las manos del aparato, hasta convertirse en un guiñapo ceniciento en el suelo. Lo de Iglesias es un poco así. Y en el fondo, un poco lo mismo que lo de González en El hormiguero, solo que a otra escala. A veces la historia se repite primero como farsa en prime time y luego como farsa de televisión local a las tres de la mañana.

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Leo un interesantísimo artículo de José Luis Rodríguez en Corriente Cálida. Se pregunta el autor: «¿Qué es una alianza?». Y comienza por caracterizar las alianzas reaccionarias exitosas de nuestro tiempo; siempre una confederación «heterogénea, rebosante de presiones y contradicciones siempre al límite del descalabro, pero que no se lamenta por su precaria unidad, sino que hace alarde de su potente eclecticismo; con constantes acusaciones cruzadas y desprecio de las tácticas ajenas, pero también con capacidad para cribar qué operaciones funcionan y cuáles no; que avanza de manera irregular y con una estrafalaria articulación en el mejor de los casos, pero que es capaz de sumar a la causa de sus miembros activos las inclinaciones reaccionarias de una enorme masa pasiva e incluso de los propios enemigos». Nosotros, la izquierda, no somos capaces de armar alianzas así: en nuestro campo —escribe Rodríguez— vivimos obsesionados por recalcar «con especial énfasis la rotundidad de nuestros valores (que con frecuencia no hablan de nuestro mundo), la ambición de nuestras estrategias (incapaces de someterse a la prueba de la realidad) o las líneas rojas que nunca sobrepasaremos (en parte porque nadie al otro lado cree que merezca la pena perder ni un segundo en tentarnos para ello)». ¿Cómo armar una alianza progresista que «no desemboque en una deposición de las armas ni en un simple confiarse a los designios de entidades políticas inconmensurables», y tenga siempre claro que «cuando algo sale bien no suele salir bien justo como uno se lo imaginaba»? He ahí un asunto en el que pensar a fondo.

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Hay siestas (acabo de echar una) de las que uno se despierta descansado y exhausto a la vez. Qué cosa.

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Leído en Twitter: «Toda la vida diciendo «si tanto te gusta el comunismo, vete a Cuba» y ahora les dices «si tanto te gusta el neoliberalismo, vete a Argentina» y se enfadan».

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Tuitea Ernesto Díaz: «Estaba pensando hasta qué punto el hecho de que los gorriones, además de su proverbial oportunismo con el papeo, sean de plumaje discreto y un piar que no es canto les sirvió para no ser particularmente perseguidos en las zonas urbanas. Pensaderas de tarde de sábado». Somos tan hermosos como los pensamientos de nuestros momentos de distracción. Ernesto, cuando se distrae, piensa en la sutileza astuta del trino de los gorriones. Tiene uno amigos que valen un potosí.

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Leo que los diarios de Andrés Trapiello ya abarcan 24 tomos. Ya hay que ser vanidoso, virgen santísima.


Domingo, 26/5/2024. Claman Israel y sus aliados contra el lema «desde el río hasta el mar, Palestina vencerá», que ha tenido significados muy distintos a lo largo de su historia, pero del que denuncian que su literalidad significa el exterminio de los israelíes. Bueno, si vamos a tomarnos los lemas a lo literal, hagámoslo con todos. Uno de los más emblemáticos de Israel es «un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo». Puesto que en la tierra en cuestión ha habido pueblo siempre, solo se puede interpretar que querían hacerlo desaparecer.


Lunes, 27/5/2024. Israel perpetra un holocausto literal en Rafah; un ataque contra un campo de refugiados que quema viva a la gente en sus tiendas. Circulan imágenes pavorosas de niños calcinados u desmembrados. Holocausto significa etimológicamente «sacrificio con quema de la víctima». Estos niños carbonizados tienen que ser para nosotros lo que aquella «golfilla de pelo rojo» del pasaje más emocionante de Chesterton. Todo lo que ha provocado su carbonización debe perecer.

«¿Cuál es el mensaje que lanza Israel junto con las bombas que queman niños vivos en las tiendas de Rafah? Que el único lugar mínimamente seguro de Gaza son las milicias de Hamas. El genocidio israelí, con la complicidad occidental, crea a Hamas todos los días entre los escombros», escribe certeramente Santiago Alba Rico.

El peligro está en esto que escribe Xan López: «El nivel mínimo de aislamiento que merece y necesita Israel, si no hay un cambio radical en su política, es el de Corea del Norte. Conseguir eso requiere un esfuerzo político difícil de imaginar, no va a llegar simplemente por la fuerza moral de nuestras denuncias. Para empezar requiere desarrollar las fuerzas propias, que siempre tiene algo de peligroso, y aceptar alianzas con gente que seguramente nos caiga regular. Más que eso, yo lo que veo a mi alrededor es más una pulsión de automarginación y martirio, sinceramente».

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Nuestras derechas: mileístas en lo económico, putinistas en lo moral, netanyahistas en lo vesánico.

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Ser adulto es tratar de hallar el número exacto de cafés diarios que te permita no estar ni deprimido ni ansioso, sino sobrellevablemente estresado.

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Una polémica en torno a una sucia maniobra de El Salto, desprestigiando con malas artes más propias de OKDiario a un alto cargo de Sumar a partir de conjeturas y medias verdades, en lo que claramente tiene pinta de operación de campaña de Podemos, me hace pensar en una cosa: conviene no olvidar nunca que la izquierda es también un nicho de mercado, y un mercado ella misma. Se vive, se puede vivir, de ella, y no solo vía carguito: hay maneras privadas de exprimir ese nicho. Todo él, por cierto. El lado socialdemócrata, el hoxhista y todo lo que hay en medio. Se vive de la izquierda montando una editorial, un periódico, una librería, una banda de música, un podcast, una cuenta Twitter blue, siendo columnista, diseñando y vendiendo sudaderas del Guernica y camisetas de Palestina, creando un canal de YouTube sobre maoísmo. También hay mecanismos de colaboración público-privada; vasos comunicantes y coyundas entre lo institucional y lo privado. Siempre lo hay. Yo te rasco a ti y tú me rascas a mí y todos ganamos. Y todas esas empresas, pequeñas, grandes, medianas o unipersonales solerán ser buenrolleras, solerán esforzarse por no ser negreras al uso, pero, llevadas a un determinado nivel de presión, casi todas acabarán siendo mezquinas e incluso despiadadas, porque al final hay que pagar las facturas. Y porque todos tenemos altos principios de abnegación y hermosos sueños de justicia social, pero el día a día es el día a día y es, eso: pagar facturas, y poner garbanzos encima de la mesa de tu familia, y aficiones y trenes de vida y vicios cuyo cinturón cuesta apretarse, y cuanto más adulto es uno, más vertiginoso se hace el día a día, más rápido pasa el mes, más responsabilidades se tienen, más caras son las cosas, más de vuelta está de todo, y si los otros no son Simeón el Estilita, santos impecables del desierto, por qué lo va a ser uno, y uno mismo sabe que se está aburguesando, pero no puede pararse a revertirlo, porque esa vorágine de la rutina lo arrastra, y a veces la manera de calmar esa conciencia inquieta es investirse de folclore, y comprarse la sudadera del Guernica, y ser el más rabioso en Twitter.


Martes, 28/5/2024. Denis de Orihuela, en Twitter: «Que el ministro de Exteriores de Israel se llame Israel Katz es como si el ministro de Exteriores español se llamase España Dimitrescu». Pues sí.

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En Ramala ondean banderas españolas, irlandesas y noruegas en agradecimiento al reconocimiento diplomático de Palestina. Qué paradójico orgullo ver ondear una bandera que detesto. Cuánto importa a veces el contexto.

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De pronto me paro a pensar en un curioso cruce de caminos. Iker Jiménez hacía un entrañable programa de misterios y marcianos y ahora propaga bulos neonazis. Santiago Segura hacía hediondas películas de humor sórdido, con hasta una violación explícita, y ahora pelis familiares. Y la cosa es que no se puede decir que estén en las antípodas.

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El diario israelí Haaretz alerta de que el ministro fundamentalista Ben-Gvir está convirtiendo a la policía israelí en su milicia privada. Ayer se publicaba también que el Ejército israelí está perdiendo el control de grupos de soldados que se convierten en milicias autónomas que no aceptan órdenes. El Estado israelí se deshilacha. A veces, de una guerra de exterminio no sale vivo ni el que la pierde, ni el que la gana.

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El degenerado de Abascal se reúne con Netanyahu. Se reúnen en Jerusalén, porque, si Netanyahu viniera a España, tendrían que detenerlo y juzgarlo por crímenes de guerra. Como dice Mauro Entrialgo, «un día nos vamos a la cama con la imagen de un niño decapitado y al otro con Abascal felicitando a su asesino». Xan López apunta que mucha gente puso de su parte para que este señor hoy no sea vicepresidente del Gobierno, y que no está mal recordarlo.

El runrún interior (137)


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleNueva Sociedad, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT y Público; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).


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