Mirar al retrovisor

Carles Puigdemont: tocata y fuga

Un artículo de Joan Santacana sobre los últimos acontecimientos en Cataluña.

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

Escribió el hoy denostado Karl Marx que la historia ocurre primero como tragedia y despues como farsa, pero, como también escribió Pierre Vilar, «afortunadamente, la historia no se repite nunca». Algo de esto se puede aplicar al viaje de retorno del expresidente catalán a Barcelona el día 8 de agosto de este tórrido verano de 2024. Lluís Companys, presidente también de la Generalitat, se levantó el 6 de octubre de 1934 contra un gobierno liderado por la derecha, en un auténtico golpe de Estado contra la República, proclamando el Estado Catalán dentro de la República federal española, y fue juzgado y encarcelado; pero el 1 de marzo de 1936, despues de la victoria del Frente Popular, regresó de la cárcel y entró en Barcelona en coche descubierto, en un viaje de retorno triunfal, aclamado hasta llegar al balcón de la Generalitat. El otro presidente también proclamó la independencia y se exilió, pero el 8 de agosto, al cabo de siete años, regresó de Waterloo. La diferencia es que no había ganado las elecciones, no entró en coche descubierto, salió de escondidas, emulando a los magos, y cuando escribo estas líneas todavía no se sabe dónde reaparecerá. La tragedia y la farsa.

Lo cierto es que el expresidente regresó, tal como había anunciado; pero también había anunciado que iría al Parlament, a sabiendas de que sería probablemente detenido. Quería demostrar que en España las amnistías no amnistían, según dijo. Y ciertamente, bajo el emblemático Arco de Triunfo, hizo su discurso (¿pactado?), pero, después, ya no hizo lo que prometió. Quería convertir la sesión parlamentaria en el decorado de su obra teatral, escrita desde Waterloo, siendo él el actor principal. Y en gran parte, así fue. A sus seguidores probablemente les plazca el desprestigio de la policía catalana, de las instituciones y de la imagen pública del país.

Hay que analizar con detalle todos los actos de la obra, incluso los no escritos por él. En efecto, hace años, como hizo Companys, proclamó la independencia, pero mientras que a Companys le detuvo un cañonazo del Ejército al Palau de la Generalitat y le costó la cárcel, él desproclamó la independencia que había proclamado casi un minuto despues y huyó. Y hay que recordarle que embarcó a un país entero a un viaje para el que decía estar preparado, con todas las consecuencias, pero que detrás de la fachada no había nada. También afirmaba que tenía detrás suyo a la Europa democrática, cuando en realidad no tenía a nadie. Condujo a la Generalitat que gobernaba hacia un camino sin salida y, cual loco o visionario, lo empotró contra el muro que le había preparado Rajoy. Esto fue el 10 de octubre de 2017. Despues de casi siete años, vuelve prometiendo hacer lo mismo.

Y es que el pacto programático entre PSC y ERC lo ha alterado; estaba acostumbrado a que ERC le siguiera siempre e incluso al viaje al precipicio, pero esta vez falló. Objeta a este pacto que el PSOE no cumplirá, pero él pactó con este mismo PSOE su propia amnistía. Objeta que el bloque independentista lo ha quebrado ERC, pero él lo quebró antes por razones tácticas, cuando pretendió hacer caer el Gobierno catalán. Ahora afirma que lo pactado «son menudencias»; unas menudencias que hacen chirriar las bisagras del Estado.

En todo caso, el problema no es este señor. Es necesario afrontar como Unión Europea el problema de las reivindicaciones nacionalistas en el interior de los Estados miembros, pero los principales países del continente no tienen ningún problema importante de este tipo: solo lo tiene Bélgica, que arrastra el conflicto entre flamencos y valones desde su creación como Estado tapón entre los alemanes y Francia en 1830. Cierto es que hubo problemas similares en la Europa del Este (Yugoslavia y Checoslovaquia), pero se trataba de Estados creados en el período de entreguerras, despues de la primera guerra mundial, por lo que ahora han vuelto a su situación normal. Por esta razón, cuando se fue articulando el aparato jurídico de la Unión Europea, no se contempló jamás la posibilidad de una secesión en el seno de un Estado miembro. Y también por esta razón, solo Bélgica —una parte de Bélgica— podía dar refugio a Puigdemont. Se fue a Waterloo, allí donde Napoleón el Grande fue derrotado. Pero el final de la opereta tragicómica, con su tocata y fuga, todavía no está escrito.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.


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4 comments on “Carles Puigdemont: tocata y fuga

  1. Salvador Soler

    Exposición sintética con argumentación realista y expresión excelente. Joan Santacana eres un sabio necesario para la sociedad actual.

  2. Miguel de la Guardia

    Gracias, Joan, por esta lúcida reflexión. Es cierto que las tentaciones nacionalistas no parecen aprender nada de la historia y Yugoslavia es el ejemplo. Lo lamentable es que este personajillo local
    sea el que dicta las leyes y la política en este país a otro tipo sin escrúpulos ni decencia y que aparentemente esto no provoque una fuerte contestación a nivel de los partidos que los sustentan ni a nivel electoral. Malos tiempos para la ética y el sentido común!!

  3. Guillermo Quintas Alonso

    Como siempre, tu página es una enseñanza para todos. ¿Habrá aún alguien que confíe en este personaje?

  4. Agustín Villalba

    Puigdemont lo único que hizo fue el ridículo en Europa (véase la prensa francesa). Pérez-Reverte lo dijo todo con 3 palabras en un twit el día de su aparición en Barcelona: «Mortadelo y Puigdemont».

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