/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
He leído estos días que los hospitales de Vall de Hebrón y del Mar en Barcelona están avanzando en sus investigaciones sobre una innovadora terapia para curar el cáncer de mama, llamada CAR-T, y todo conduce a pensar que sus trabajos avanzan a buen ritmo. Como ellos, hay otros muchos grupos científicos que en hospitales, universidades y laboratorios trabajan seriamente en terapias para otros muchos tipos de cáncer. Estos avances médico-científicos no suelen ser noticia en las redes sociales. Casi nadie habla de esto que sin duda constituye un éxito de gran trascendencia.
Por el contrario, en las mencionadas redes triunfan otro tipo de noticias de colectivos y personas que han alcanzado el éxito mediante el uso de mentiras, bulos, difamaciones o simplemente distorsiones de la verdad. Lanzar al aire una mentira cuando la adversidad amenaza tu futuro —sea personal, político o empresarial— es una táctica que produce buenos resultados. Son tácticas de dispersión de la información bien conocidas, pero que hasta hace pocos años solo practicaban grupos mafiosos o de delincuentes. Hoy las practican muchos estadistas, e incluso gobiernos. Cuando la mentira es más popular que la verdad, cuando lo más irrelevante se sitúa en el pedestal de la información, cuando el soborno y el chantaje producen más beneficios que el trabajo bien hecho, la sociedad entra en un estado de desgobierno. Porque, aunque las mentiras, las desinformaciones, los bulos y las calumnias no tengan como resultado que la gente se lo crea, la confusión que generan hace que nadie crea en nada; o, lo que es lo mismo, que la mentira se cotice igual o mejor que la verdad.
Recuerdo que cuando en mis años de universidad discutíamos sobre la implantación de los sistemas democráticos en el mundo durante las revoluciones del siglo XIX, evocábamos a Rousseau, en su texto sobre si puede errar la voluntad popular. Evidentemente, la gente no quiere autodestruirse: quiere obtener su bienestar, pensaban los ilustrados. Por esta razón, no se pueden equivocar; y ello puede que sea cierto, pero lo que ocurre hoy es que son legión aquellos que mediante trampas y mentiras consiguen engañar a la voluntad popular. La gente pierde la noción de quién es, de qué es lo mejor para ellos, y el resultado es el falseamiento de la auténtica voluntad popular.
Se dice que don Antonio Cánovas del Castillo —artífice de la restauración de la monarquía en 1875, con Alfonso XII como rey, y principal impulsor de la constitución de 1876, que estableció un sufragio censitario por el cual solo votaban en realidad los ricos— estaba convencido que con el sufragio universal, es decir, que vote todo el mundo mayor de edad, el sistema político se hundiría, ya que los pobres, una vez hubieran votado a los suyos, se incautarían de las propiedades de los ricos. ¡Pobre Cánovas! Si resucitara hoy y tuviera ocasión de tener una breve charla con Trump, se daría cuenta de cuan equivocado estaba. ¡Los pobres también votan a los millonarios! El argumento, si es que lo hay, es «si este ha sabido ganar tanto dinero, mejor él que no a uno que no sabe hacerlo», sin darse cuenta de que lo que hará un millonario normalmente será gobernar para favorecer todavía más sus ganancias y rentabilizar el capital empleado en la elección. Y es que en la lucha entre el razonamiento y el bulo, siempre gana el bulo, porque el razonamiento suele ser largo y complejo, y el bulo es simple y fácil de extender.

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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Quanta raó Joan !! estem en un món de manipulació total i els que intentem combatre-la o senzillament no ser-ne influenciats som els estranys !!