/ una reseña de Carlos Alcorta /
Cualquier lector que sostenga entre sus manos el volumen que recoge esta antología poética y eche un vistazo a su contenido se dará cuenta de inmediato de la imponente labor que ha realizado Jordi Doce, el responsable último de la edición, no solo porque recoge amplias muestras de los libros encuadrados en el arco temporal prescrito ―ampliado hasta 2016, pues recoge poemas del libro Los no acompañados, entre ellos «Avión de papel», que da título al conjunto―, sino porque traducir la poesía de Armitage, exuberante en la prosodia, rica en referencias culturales y geográficas, con unos registros vinculados de manera expresa socialmente a la comunidad en la que han sido concebidos, compleja en su simbología, ha tenido que ser una labor asfixiante, aunque, y viendo los excelentes resultados, igualmente gozosa. Además, no debemos olvidar que este estilo poético no se prodiga apenas en nuestro país ―no debemos confundirlo ni con el llamado «realismo sucio» ni con las secuelas de la generación Beat―, lo que supone un riesgo editorial que los lectores no debemos pasar por alto. Gracias a ello tenemos en nuestras manos la obra de uno de los poetas en lengua inglesa más valorados en la actualidad.
Simon Armitage nació en Inglaterra, concretamente en West Yorkshire, en 1963. Si hubiera nacido en España pertenecería, por edad, a lo que los críticos han denominado «generación de los ochenta». En Gran Bretaña surgió por aquella época la llamada New Generation Poets, un lanzamiento publicitario de intención similar al que aquí tuvieron los Nueve novísimos en los años setenta, aunque de características poéticas muy distintas. Como veremos, su poesía comparte algunas características con la corriente de la poesía de la experiencia, que dominó gran parte de nuestra poesía durante las décadas de los ochenta y mediados de los noventa, porque, como escribe Doce, Armitage «Pertenece, en fin, a una tradición muy inglesa del poeta de circunstancias, que conversa de tú a tú con el lector y para quien no hay aspecto de la realidad, por bajo o humilde que sea, que no pueda poetizarse». Una tradición, podríamos decir, autóctona, aunque, a tenor de estas recientes declaraciones del propio poeta, probablemente no estará de acuerdo: «Y en cuanto a una posible tradición inglesa, yo preferiría hablar de afinidades relativas a una lengua común, no a un territorio concreto. En ese sentido, me siento particularmente cerca de poetas estadounidenses como Frank O’Hara o Elizabeth Bishop». Esa tradición bebe de fuentes tan dispares como los poetas Ted Hughes, Philip Larkin o Auden o la música pop, con Bowie o Brian Eno a la cabeza; y tiene escasas influencias de otras poéticas tanto europeas como del resto del mundo. Volvemos al indispensable prólogo de Jordi Doce, que define la poesía de Armitage como «irónica, urbana, ingeniosa», un fiel reflejo de su lugar de origen: «Armitage se centra en el aquí y ahora y narra con desparpajo, picaresca y las gotas justas de lirismo ―y hasta de melancolía― las peripecias de sus habitantes».
Armitage fue nombrado poeta laureado del Reino Unido en 2019, cargo que ostenta en la actualidad, pues la duración es por un periodo de diez años. Se licenció en geografía en la universidad de Portsmouth y, posteriormente, se especializó en analizar las causas de la violencia infantil en la Universidad de Manchester. Hasta el año 1994, estuvo trabajando como agente de libertad condicional en Gran Mánchester. En 1996 fue condecorado con el título de doctor honoris causa en Letras por la Universidad de Portsmouth. Más adelante dio clase de escritura creativa en la Universidad de Leeds, la Universidad de Iowa y la Universidad Metropolitana de Mánchester. En febrero de 2011 asumió el puesto de catedrático de poesía en la Universidad de Sheffield. Su primera entrega poética, Zoom, data de 1989; antes publicó varios folletos de edición limitada con editoriales de poesía pequeñas y locales. Entre ellos, se incluyen Human geography, The distance between stars, The walking horses, Around Robinson y Suitcase. A Zoom le siguieron, entre otros, Xanadu (1992), Kid (1992), Book of matches (1993), The Dead Sea poems (1995), CloudCuckooLand (1997), Killing time (1999), Selected poems (2001), Universal home doctor (2002), Travelling songs (2002), The shout: selected poems (2005), Tyrannosaurus Rex versus The Corduroy kid (2006), The not dead (2008), Out of the blue (2008), Seeing stars (2010), Stanza stones (2013) ―102 poemas pertenecientes a estos libros integran la presente antología, Avión de papel. Poemas escogidos 1989-2014―, The unaccompanied (2016), Sandettie Light Vessel Automatic (2019), Magnetic field: the Marsden poems (2020), A vertical art: Oxford lectures (2020), The owl & the nightingale (2021), Queenhood (2022), Tribute (2022), Never good with horses (2023). Varios de estos títulos han obtenido importantes reconocimientos.
¿Qué vamos a encontrarnos en un volumen tan extenso? Lo más lógico es que a medida que avancemos en la lectura seamos testigos de un proceso de crecimiento y remodelación estética propios de un periodo tan prolongado (más de veinticinco años) de tiempo. Sin embargo, el carácter «juguetón» de Armitage está presente desde sus primeros poemas. No quiere esto decir que su poesía no haya experimentado transformación alguna, porque eso es inevitable en una poesía tan apegada a la experiencia personal (ya no es aquel joven subversivo de sus primeros libros, ahora es poeta laureado, por eso el cinismo inicial ha devenido, en muchas ocasiones, en trágica irreverencia). «Siempre he escrito sobre acontecimientos de actualidad, sobre noticias, sobre cosas que pasan a mi alrededor», explica Armitage. Pero el juego, la ironía, la parodia han adquirido una mayor carga de profundidad en varios sentidos: el social, el político y el personal, porque, aunque el propio autor reniegue de la poesía del pensamiento, en los suyos las minuciosas descripciones acaban dejando en el lector un poso reflexivo de indudable calado.
Lo que distingue a la poesía de Armitage y lo que le hace tan atrayente para el lector español es el desparpajo, el humor negro con el que se enfrenta a situaciones impactantes, algo poco frecuente en la poesía española, quizá lastrada por un exagerado afán de inmanencia y trascendentalidad. Armitage degusta a grandes sorbos la vida que le ha tocado vivir; por eso encuentra en la cotidianidad motivos suficientes para cantarla. El milagro de la existencia se produce en cada momento y el poema no tiene más que esperar el instante adecuado para que nazca en la página: «La poesía ―afirma― es el arte de la concentración. Tienes que concentrarte cuando la escribes. Tienes que concentrarte cuando la lees. Por eso no es para todo el mundo. Mi experiencia con la poesía es que cuando estoy inmerso en un poema, el tiempo se ralentiza un poco. Y creo que todos necesitamos eso». Es, pues, necesario estar alerta ante cualquier alteración de la realidad para que se destape el frasco de las esencias y, en el caso de un poeta como él, tan prolífico («Todos los días tengo docenas de ideas muy buenas para poemas ―afirma―; mi cuaderno está lleno de ideas, ideas, ideas, pero las ideas no son los poemas. Me cuesta mucho trabajo terminar los poemas»), eso supone tener los ojos muy abiertos y estar en contacto directo y permanente con lo que sucede a su alrededor; un alrededor tan rico que desde lo local es capaz de ejemplificar el mundo.
El temprano contacto con la música ―los postpunk, sobre todo― y, posteriormente con la poesía (Ted Hugues, nacido en una comarca vecina, supuso un deslumbramiento) le proporcionó la forma de describir lo que veía acorde con su experiencia y así comenzó él mismo a escribir poemas y letras de canciones: Armitage es consciente de las diferencias formales entre una y otra, aunque, al ser la prosodia de sus poemas muy coloquial, piensa que lo que escribe está en una zona intermedia entre ambas. Gracias a esa permanente exploración de la realidad, el poeta logra explorarse a sí mismo, quizá siguiendo el ejemplo de algunos de sus poetas de referencia: Robert Lowell, Sylvia Plath, Elizabeth Bishop o Anne Sexton. Por eso sus poemas hablan del amor fallido, del arrepentimiento, de las oportunidades perdidas, de promesas y responsabilidades voluntariamente adquiridas, como vemos, por ejemplo, en el poema titulado «Acomodándonos», en el que una cortina de separación transforma la convivencia de una pareja en un infierno: «… me quedé pasmado y bastante dolido cuando una noche, al volver tambaleándome a casa, vi que había instalo una cortina traslúcida en mitad del hogar».
Temas como la soledad, la depresión, la alienación o el suicidio están descritos de forma cómplice; solidaria, podríamos decir. Quizá por eso llegan tan directamente al lector común, porque está hablando de problemas y conflictos como los suyos en un lenguaje similar al que ellos utilizan para describir esas emociones. Y es que, como él mismo afirma, «todos los poetas escribimos para ser leídos. Contamos historias y lo hacemos para que eso que contamos llegue a otros». Por eso, cuando uno lee sus poemas no puede evitar la sensación de que el poeta nos está hablando en voz alta, de que está confesando inquietudes y debilidades compartidas por la gente de su entorno. Esa es la clave de su éxito.
Selección de poemas
El chiste de la nevada
¿Te sabes el del tipo aquel de Heaton Mersey?
Mujer en casa, amante en Hyde, querida
en Newton-le-Willows y dos hijas preciosas
en el instituto de Werneth, en segundo. Bueno,
pues como iba con retraso y tenía un buen coche
no hizo caso a los avisos de tráfico y trató de salvar
las últimas seis millas de ventisca en el páramo,
y en cosa de minutos, dicen, quedó atrapado.
Se entretuvo pensando en la vida y en cosas así;
en lo que hace el perro cuando alcanza su cola,
y en la serpiente que se comió a sí misma.
Y contempló la nieve cubrir el parabrisas
y se sintió a gusto; y el whisky en la petaca
era cálido y suave, y aunque no tiene gracia
el chiste acaba más o menos así:
lo hallaron inclinado sobre el volante
con la palabra VOLVO grabada del revés
en la frente helada. Y más tarde, en el pub,
empezaron a discutir entre sorbos de ponche
sobre quién de ellos tenía más mérito.
¿El que confundió la antena con una rama de espino,
el que reconoció la silueta del coche
o el que dijo haber oído la bocina, gimiendo
suavemente como un despertador bajo el edredón?
Podéis dar la vuelta a la hoja y empezar…
«¿En cuál de estas películas no aparece
Dirk Bogarde? ¿A cuánto aluminio equivale
un quintal de bauxita?
¿Cuántos cuentos hay en El Decamerón?»
Estudios generales, bachillerato, pan comido, una maría
para cualquiera con un gramo de sentido común
o una calculadora
con la tecla de memoria.
Ventilado el examen, pero sin ganas
de volver atrás o comprobar mis respuestas, me dediqué a soñar
con pechos desnudos blancos como la leche, o más concretamente
con la virginidad.
Esa palabra; todo el mundo sentía la urgencia,
pero las chicas no querían saber nada del asunto:
esbeltas y frías como cócteles,
fuera del alcance, solo se soltaban
los moños y coletas para tíos mayores con chupas de cuero
y motocicletas y cascos de repuesto.
Una pizca de consuelo
fue la chica alta y larguirucha que iba de paquete
en la Honda nuevecita de su novio
y que, con el semáforo en ámbar,
puso los pies en el suelo y se levantó para estirar las piernas,
alzar la visera y apartarse el flequillo
y alisar sus tejanos ajustados.
Cuando él volvió a arrancar
ella se quedó ahí como una horquilla,
varada en el asfalto, las piernas abiertas,
y dicen las malas lenguas que él no se dio ni cuenta
hasta que despertó en la ambulancia
tras volcar en una curva cerrada a la izquierda.
Un sabor a miel. Ahora lo recuerdo.
de Librito de cerillas
Madre, toda distancia mayor que la envergadura de un cuerpo
requiere un segundo par de manos.
Vienes a ayudarme a medir ventanas, bastidores, puertas,
los acres de las paredes, las praderas de los suelos.
Tú en el punto cero, yo con el carrete de cinta métrica anotando
longitudes, comunicando metros y centímetros al campo base, y luego
subiendo las escaleras, dando de sí la cinta, desplegando los años
entre nosotros. Ancla. Cometa.
Camino por los cuartos vacíos como por el espacio, subo
la escalerilla hasta el desván, el límite, donde algo
ha de ceder;
dos pisos más abajo la punta de tus dedos sigue pellizcando
la centésima final de una pulgada… Me estiro
hacia una escotilla que se abre a un cielo interminable
donde caer o volar.
Espectáculo ambulante
Nos atrajeron a lo alto de la colina el ruido y la luz:
un resplandor plateado, extraterrestre
más allá de la cima; un sonido grave y profundo, cardiovascular,
en el pecho vacío de la colina.
Avanzamos lenta y pesadamente, cada paso refrenado
por el péndulo de nuestro niño nonato:
un contrapeso que colgaba del corazón de Susan.
Flechas fosforescentes clavadas en las vallas y los árboles
marcaban el camino, primero por calles con vistas al mar,
junto a ventanas adornadas con trozos de madera de playa comprada por correo
y carteles de Completo, luego tras un giro cerrado a la derecha
por una urbanización donde los vecinos se movían
entre verjas y setos, pasando pastillas y chivatos.
Nada para nosotros.
Por fin el camino se nivela.
Pero tan pronto ponemos un pie en el parque
las luces se apagan y la música se esfuma. Y por
puro azar es justo en este instante
cuando el universo –que lleva expandiéndose desde su nacimiento–
alcanza su límite y empieza a contraerse.

Simon Armitage
Impedimenta, 2024
416 páginas
24,95 €

Carlos Alcorta (Torrelavega [Cantabria], 1959) es poeta y crítico. Ha publicado, entre otros, los libros Condiciones de vida (1992), Cuestiones personales (1997), Compás de espera (2001), Trama (2003), Corriente subterránea (2003), Sutura (2007), Sol de resurrección (2009), Vistas y panoramas (2013) y la antología Ejes cardinales: poemas escogidos, 1997-2012 (2014). Ha sido galardonado con premios como el Ángel González o Hermanos Argensola, así como el accésit del premio Fray Luis de León o el del premio Ciudad de Salamanca. Ejerce la crítica literaria y artística en diferentes revistas, como Clarín, Arte y Parte, Turia, Paraíso o Vallejo&Co. Ha colaborado con textos para catálogos de artistas como Juan Manuel Puente, Marcelo Fuentes, Rafael Cidoncha o Chema Madoz. Actualmente es corresponsable de las actividades del Aula Poética José Luis Hidalgo y de las Veladas Poéticas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Mantiene un blog de traducción y crítica: carlosalcorta.wordpress.com.
Descubre más desde El Cuaderno
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Pingback: SIMON ARMITAGE. AVIÓN DE PAPEL. POEMAS ESCOGIDOS 1989-2014 | carlosalcorta