Estudios literarios

Leopoldo Alas ‘Clarín’ sigue doliendo en Oviedo

En diciembre de 2024 Oviedo nombró Hijo Adoptivo a Clarin con una ceremonia descuidada y una placa mal escrita. Ricardo Labra se lo cuenta por carta a Yvan Lissorgues y Jean-François Botrel.

/ carta de Ricardo Labra a los estudiosos clarinianos Yvan Lissorgues y Jean-François Botrel, 20 de noviembre de 2024 /

Mi queridos Yvan Lissorgues y Jean-François Botrel, se culmina para nosotros un año lleno de emociones y de encuentros clarinianos. Cómo no recordar nuestros gratos encuentros en tu Yásnaia Poliana toulousense, querido Yvan, así como el emotivo acto de vuestro nombramiento como Hijos Adoptivos de Asturias; encuentros precedidos por las inolvidables presentaciones en la Casa de la Buelga y en el RIDEA de vuestro libro Leopoldo Alas Clarín: la Regenta y el obispo, de cuyos días siempre quedará en mi memoria, querido Botrel, la lluviosa tarde en que subimos a la torre de la catedral y visitamos la tumba de fray Ramón Martínez Vigil. Pues bien, este año de forzada efeméride ha querido despedirse con otro acto clariniano, ya que ayer, 19 de noviembre, se llevó a cabo en el Ayuntamiento de Oviedo el nombramiento como Hijo Adoptivo de Leopoldo Alas Clarín.

La crónica de este acto debería estar plagada de pinceladas alegres y de emotivas notas de satisfacción, pero tratándose de Alas Clarín y de Oviedo no podían faltar las neblinosas sombras de Vetusta. Cuando una ciudad reconoce a alguien como su Hijo Adoptivo lo acoge con los brazos abiertos, con el fervor y la presencia de sus ciudadanos y de los representantes de su colectividad, y no con las puertas cerradas y la circunspección de un velatorio en el que solo faltaba el cartel de «El Ayuntamiento no recibe». En primer lugar, salvo la familia y nosotros (supongo que por la insistencia de Ana Cristina) no se invitó a ninguna personalidad académica o civil de la ciudad ni de Asturias (ni siquiera al rector de la Universidad de Oviedo, con el que casualmente coincidí cuando nos dirigíamos al Ayuntamiento, trasladándome su perplejidad), ni mucho menos se dejó paso a los ciudadanos y lectores del egregio escritor ovetense; tan solo se permitió la presencia de los portavoces de los grupos políticos de la Corporación, prohibiéndose el acceso a los concejales o a cualquier otro funcionario del Ayuntamiento. La Sala de Plenos estaba prácticamente vacía, había más perplejos periodistas que asistentes al solemne acto, periodistas a los que no habían informado los días precedentes para que pudieran difundir en sus medios el otorgamiento de tan esperada distinción. Pero no solo se comportaron así los organizadores con los ciudadanos —autoridades, escritores y periodistas, etcétera— sino, lo que resulta inexcusable, también con su familia, con la que apenas se pusieron en contacto; ello hizo que Leopoldo Tolivar Alas declinase asistir al mismo como señal de su desacuerdo, y que Ana Cristina se limitase a pronunciar unas sucintas y oportunas palabras de agradecimiento. Este tácito comportamiento por parte del gobierno municipal, en el que subyacía la inveterada preocupación de no despertar a los ovetenses, contrasta todavía más —en una Corporación tan amiga de fanfarrias y de gaiteros— si lo comparamos con otros actos de nombramiento de Hijos Adoptivos de la ciudad. Como me dijo Ana Cristina Tolivar Alas, bajo el torrencial aguacero que nos asedió hasta Uría, 34, no sin doloroso sarcasmo, «parece que estamos en el entierro de Santos Barinaga».

En el solemne acto no hubo ningún clarinista, nadie que amase y valorase la obra de Alas Clarín para realizar la laudatio correspondiente, que corrió a cargo del alcalde, Alfredo Canteli, quien leyó con torpeza unas notas biográficas expuestas con grueso trazo. Puedo aseguraros que me acordé de vosotros y también de la cadena de estudiosos y lectores que lograron poner a salvo la obra de Leopoldo Alas Clarín. ¡Qué tristeza!

El acto protocolario en el Ayuntamiento culminó con una lectura de algunos fragmentos de La Regenta, para dar paso a la inauguración de la placa conmemorativa en la calle Uría, 34. Por fin, Alas Clarín tiene una placa que recuerda dónde escribió La Regenta, pero también, por hacer las cosas precipitadas y no consultar con las personas adecuadas, con la siguiente leyenda: «En el solar que ocupa esta casa vivió y escribió “La Regenta”. En 1884, Leopoldo Alas Clarín». Y, como rápidamente señaló Leopoldo Tolivar Alas: «Clarín no vivió en un solar, sino en la casa edificada sobre el mismo solar de la actual», además de poner una fecha de redacción de La Regenta demasiado restrictiva. La redacción, por lo que se percibe también en sus enrevesados signos de puntuación, debió de resultar complicada para los encargados de componer tan sucinta leyenda, que a tenor del resultado no dieron con la adecuada: «En el solar que ocupa este edificio se encontraba la casa en la que vivió Leopoldo Alas Clarín y escribió “La Regenta” (1883-1885)».*

En resumen, un acto de exaltación y de reconocimiento de Alas Clarín que formalmente resuelve la damnatio memoriae, pero que de facto la perpetúa.

Espero que estéis bien y que paséis estas fiestas amorosamente con todos los vuestros.

Desde aquí os recordamos y os deseamos todo lo mejor y más bueno.

Abrazo más que fuerte,

RL


* La placa de la calle Uría, 34, constatada y hecha pública su disparatada redacción, fue solapadamente reemplazada por otra con la siguiente leyenda: «En la antigua vivienda ubicada en este lugar vivió y escribió “La Regenta”, en 1884, Leopoldo Alas “Clarín”». Y si bien,su redacción es más atinada, conlleva el error de la fecha de composición de La Regenta, que abarca los años de 1883 a 1885, como señala Yvan Lissorgues en Clarín, en sus palabras (1852-1901): «A principios de mayo [de 1885], a alta hora de la noche, cae en la hoja, tras la palabra sapo, el punto final de La Regenta». En fin, así son las cosas, contra la estolidez poco se puede hacer.


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