/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Sí: la OTAN me recuerda la denominada Liga de Delos, y ustedes comprenderán por qué. Con este nombre se conoce a una alianza político-militar que aglutinó en el siglo V antes de nuestra era a un conjunto heterogéneo de ciudades-Estado griegas de la región actual del Ática, las islas del Egeo y las costas de Asia Menor, en la actual Turquía. Nació a raíz de que algunas ciudades de la costa —como por ejemplo Mileto, que tenía un régimen democrático— desafiaran al Imperio persa de Ciro el Grande en su afán de dominarlas, y hallaran la comprensión de otras ciudades como Atenas. El ejército de Ciro aplastó la revuelta e inició una gran demostración militar de fuerza, invadiendo las islas y la península helénica. Pero, sorprendentemente, la gran flota persa fue derrotada en Maratón por la reducida escuadra ateniense el 12 de septiembre del 490 antes de nuestra era. Entonces el hijo de Ciro, Jerjes I, decidió arrasar las ciudades rebeldes, entre ellas Atenas. Pero las polis formaron una alianza para resistir la invasión. Heródoto narraría brillantemente la heroica intervención de los espartanos en la defensa del famoso paso de las Termópilas y la de los atenienses y demás aliados en la batalla naval de Salamina, en septiembre de 480.
Aquella alianza de ciudades, enfrentada a un imperio enorme que, a ojos de los helenos, era despótico y cruel se mantuvo para prevenir futuras invasiones, y sus miembros acordaron que podían contribuir con dinero, pagando la manutención de ejércitos y flotas o bien movilizando ellos sus propias tropas y naves, que quedaban a disposición del conjunto. Se estableció la cifra de 460 talentos como el coste anual de mantenimiento de la defensa. Samos, Naxos, Tasos, Quíos y Lesbos decidieron contribuir con naves de guerra; otras polis aportaban dinero. El nombre de la liga provenía del santuario de Delos, en las Cícladas, donde se hallaba el templo de Apolo, que era en donde se depositaba el dinero y que ejercía de banco, ya que ninguna polis hubiera osado desafiar la autoridad moral del lugar. Todas las polis integrantes eran iguales en el proceso de toma de decisiones: cada una tenía un voto, independientemente de su tamaño y poder. Pero rápidamente Atenas tomó el liderazgo, asumiendo la dirección militar y trasladando el tesoro de la Alianza de Delos a la ciudad.
Al principio, mientras la amenaza de invasión permaneció vigente, se preservó la unidad, pero cuando el peligro disminuyó, se hizo cada vez más evidente que Atenas no solo era la potencia hegemónica, sino que se imponía a los demás miembros. Comenzaron las deserciones, las coacciones y los chantajes, hasta que la hostilidad entre las polis se hizo demasiado evidente y estallaron guerras que acabaron con la alianza. Había nacido como un pacto defensivo y terminó siendo un instrumento del imperialismo ateniense. Y por eso acabó mal.
Salvando las distancias entre un trirreme y un acorazado, lo que ocurrió con Delos se parece bastante a lo que sucede en la era Trump con la Alianza Atlática. Ciertamente, puede que la OTAN naciera como una alianza defensiva, pero pocos ciudadanos dudan hoy de su actual finalidad.

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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