Escuchar y no callar

Justicia (Virtudes políticas, 4)

Miguel de la Guardia prosigue su serie sobre virtudes políticas ocupándose de una que no compete solo al poder judicial.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Justicia es una palabra polisémica en el ámbito de la política. La justicia y su administración es la prerrogativa del poder judicial y a ella deberían someterse todos los ciudadanos sin excepción, sin injerencias de los poderes políticos ni sumisión a quienes propiciaron el nombramiento de jueces y magistrados. Justicia es también el resultado de dar a cada uno lo que le corresponda y esto está más en el entorno de la filosofía que en el del derecho. Pero aquí me gustaría hablar de la cualidad de los gobernantes y los representantes políticos de procurar en su actividad que se cumplan no solo las leyes en vigor, sino los principios filosóficos que parten de considerar la igualdad de todos los ciudadanos en cuanto a su dignidad, derechos y obligaciones.

Con frecuencia, el acceso al poder político implica, para algunos mediocres, la sensación de pertenecer a una casta superior; y eso da al traste con la humildad del servidor público, que debe acompañar siempre a quien ha sido elegido o nombrado discrecionalmente como servidor público. Quizás por esa razón no soporto la soberbia de los políticos que se aferran a sus cargos, desde los que —olvidando que no los alcanzaron por méritos propios, sino por el voto de sus conciudadanos o el favor de sus afines— miran a los demás con suficiencia. Harían bien en recordar que dar a cada uno lo suyo incluye también a su persona, que no es, ni por asomo, mejor ni peor que ningún otro ciudadano, ni más merece.

Independientemente de la ideología de los partidos a los que pertenezca un político —sea socialdemócrata, comunista, anarquista, liberal, conservador o progresista, e incluso nacionalista—, la justicia debería ser un principio básico de la acción política. La protección de la propiedad privada y de la iniciativa económica debería compensarse con una política fiscal que dé en aplicar sistemas de equilibrio que permitan a cada cual contribuir en función de sus posibilidades; y las políticas sociales deberían asegurar la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos. También sería conveniente, en mi opinión, evitar las subvenciones injustificadas, que convierten a las personas activas en pasivos votantes cautivos y se alejan de la justicia. En cuanto al nacionalismo, la idea de distinguir entre propios y extraños convierte a esta ideología en algo profundamente injusto y, a mi entender, en las antípodas del progresismo. En este concepto incluyo tanto a los nacionalistas autonómicos como a los españolistas, que parecen olvidar que es la condición humana, y no el lugar o la fecha de nacimiento, lo que confiere dignidad a las personas.

En la acción política, la justicia debe ser un principio orientador basado en la igualdad de los ciudadanos y el carácter distributivo que debe asociarse a lo público, y que tiene como función evitar las desigualdades. Mal podría denominarse «progresista» un gobierno que no reduzca las desigualdades. El equilibrio entre derechos individuales y deberes hacia la colectividad no es tarea fácil y no basta con la elaboración de leyes justas. Es importante que se apliquen con respeto a la común dignidad y la igualdad de oportunidades. Por esta razón, pienso que son igualmente injustos los gobiernos ultraliberales, que convienen a quienes más tienen, y los regímenes comunistas, que favorecen discriminadamente a los miembros del partido único, aunque se denomine «de los trabajadores».

La justicia social se asienta fuertemente en la economía y no es de extrañar que los países más justos sean aquellos en los que existe una amplia clase media y la desigualdad social es menor. Así pues, reclamemos de los representantes públicos una actuación justa en favor de todos los miembros de la sociedad.


Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021. 


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